Se fue con lágrimas en los ojos, una carta en la mano y un corazón herido

Iker Casillas Fernández ha colgado los guantes y a una edad que nadie pensaba por su excelente trayectoria.
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Iker Casillas se fue con lágrimas en los ojos una carta en la mano y un corazón herido - EL PERFIL

Es difícil abandonar lo que más amas. Es difícil hacerse a un lado y que tus sueños y mayores anhelos mueran poco a poco por situaciones improbables que depara el destino. Nadie podría entender ese dolor hasta no experimentarlo; sin embargo, un portero que se había convertido en “El Santo” que siempre rescataba a un Real Madrid o a una Selección Española, vivía esa experiencia a gran escala, que prácticamente lo dejaba en la lona, abatido y sin chances para poder levantarse.  Iker Casillas Fernández ha colgado los guantes y a una edad que nadie pensaba por su excelente trayectoria.

Todas las personas que lo admiraban y seguían desde que era solo un joven canterano pisando las canchas de la mítica “Casa Blanca”, observaban de lejos al caído guardameta con los ojos tristes y llorosos cuando tuvo que despedirse e irse por la puerta trasera del equipo que lo albergó durante 25 años. Este no era el tipo de partida que los grandes ídolos se merecen, muy aparte de los conflictos que se hayan presentado a lo largo de su historia. En una emotiva conferencia de prensa, el arquero originario de Móstoles, villa española ubicada en Madrid, anunció que se iba del Real Madrid. Con lágrimas en los ojos y una carta en la mano, terminaba el romance que tenía con el equipo al que le había dedicado su vida. Mucho se especulaba sobre las razones de la salida de Casillas, algunos decían que tenía que ver con la mala relación con el entrenador y otros por el bajo rendimiento que estaba presentando últimamente. Pero, fuese cual fuese el motivo, no era la manera ni la forma de dejar ir a alguien que fue parte del camino de regreso a la élite deportiva.

“Estas últimas líneas, se las quiero dedicar al madridismo. Gracias a vuestro apoyo incondicional. Por ayudarme a levantar cada copa, por estar ahí, por tenderme la mano y tirar de ella para levantarme. Independientemente de que haya sido buen o mal portero, espero que la gente se acuerde de mí por ser buena persona, con mis defectos y cualidades. Gracias, gracias, miles de gracias. Nunca os podré olvidar y allá donde vaya, seguiré gritando ¡Hala Madrid!”, fueron las últimas líneas de la carta del adiós al Real Madrid de “San Iker”. 

Pasaron cinco años desde aquel suceso y esta vez no solo se despide de un club, si no del deporte que lo vio nacer. A los 39 años, el héroe de las mil manos que se encargó de defender a capa y espada la red española, el arco madrileño y los tres palos del Oporto, ha dejado de ser partícipe del fútbol. Influyeron muchas cosas para que uno de los mejores arqueros de la historia del balompié hispánico se retire. Una de ellas y la principal, un infarto al corazón. 

Era un día cualquiera, en el cual se disponía a entrenar como siempre con sus compañeros del Oporto, parecía que todo estaba normal y que esa preparación sería como la de todos los días; sin embargo, no tuvo previsto que ese entrenamiento sería uno de los últimos en su carrera. Tuvo un infarto de miocardio e inmediatamente fue llevado al hospital para que pueda ser controlado. Si bien es cierto, este mal pudo haber sido demasiado perjudicial para su corazón y debido a este este acontecimiento, Iker tomó más precauciones y le puso un alto a su aventura futbolística. 

Este héroe ya no está, se ha ido, pero no de nuestros corazones, ni de nuestras memorias. Él vive y vivirá como una leyenda suprema que se hará presente cada vez que alguien discuta sobre quien es el mejor arquero que haya existido a lo largo de la historia del deporte rey.

“Hoy dejo atrás esos tres palos que me vieron crecer como portero, los que en cada momento me colocaron en mi sitio y me obligaron a mantener los pies en la tierra, esos tres palos a los que tanto debo y que seguro que echaré de menos. Y allí también os dejaré a vosotros, mis fieles aliados, allí colgaré los guantes”, palabras con las que concluyó su carta de retiro futbolístico.

Siempre recordaremos a Iker como el mítico portero que era capaz de saltar de un extremo del arco al otro sin importar lo que le podría suceder. Para los fans y para los que no lo son, se tendrá presente lo que ha logrado este futbolista a base de tropiezos, caídas y mucho esfuerzo para sobresalir a todo lo que se le antepuso en su camino.

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