Hoy, 13 de septiembre de 2026, la Iglesia católica conmemora a San Juan Crisóstomo, figura emblemática y reverenciada en el ámbito religioso, destacándose por su elocuencia y profunda dedicación a la fe cristiana.
San Juan Crisóstomo, originario de Antioquía (actual Siria), nació en el año 349 en una familia que reflejaba la dualidad cultural del Imperio Romano: su padre, un militar de alto rango, y su madre, ferviente cristiana. Desde joven, mostró un interés sobresaliente por la filosofía y la teología, formándose con los renombrados maestros Andragatio, Libanio y Diodoro de Tarso, lo que lo llevó a convertirse en un destacado teólogo y orador. Su apodo, Crisóstomo, que significa “boca de oro”, refleja su excepcional habilidad para la retórica y la predicación.
Durante su juventud, Crisóstomo optó por una vida de retiro, pasando seis años en la soledad del desierto. Esta experiencia eremítica fortaleció su espiritualidad y lo preparó para una vida de servicio en la iglesia. Al regresar a la sociedad, comenzó a denunciar las prácticas corruptas que veía en la corte bizantina y en el clero, desafiando tanto al poder secular como al eclesiástico. Esta valentía le valió múltiples enemistades y, finalmente, el destierro por orden del emperador Arcadio, tras lo cual fue exiliado en Comana Pontica, donde falleció en 407.
A pesar de su trágico final, la obra escrita de San Juan Crisóstomo sobrevive. Sus homilías y escritos teológicos ofrecen una perspectiva crítica sobre los problemas morales de su tiempo y abogan por la gloria de Dios en todas las circunstancias de la vida. Fue canonizado por el Papa Pío V en 1568 y es considerado uno de los cuatro Padres de la Iglesia de Oriente, reconocido como patrón de los predicadores y una figura esencial en la historia de la teología cristiana.
La festividad de San Juan Crisóstomo fue trasladada del 26 de septiembre al 13 de septiembre en actualizaciones recientes del calendario litúrgico romano, permitiendo a los fieles recordar su legado en este día señalado.
El santoral de hoy incluye también otras memorias de santos y beatos, que enriquecen la tradición religiosa y la historia de la Iglesia. A continuación, se presentan los nombres de los demás santos conmemorados:
- San Julián de Ancira
- San Litorio de Tours
- San Emiliano de Valence
- San Marcelino de Cartago
- San Maurilio de Angers
- San Amado de Sens
- San Venerio de Tiro Maggiore
- San Amado de Sion
- Beata María de Jesús López de Rivas
- Beato Claudio Dumonet
- Beato Aurelio María (Bienvenido) Villalón Acebrón
- Dedicación a las basílicas sobre el monte Calvario y el Sepulcro del Señor en Jerusalén
¿Qué es el santoral?
El santoral es un registro que compila los días en los que la Iglesia católica celebra la memoria de los santos y beatos. Estas celebraciones son fundamentales para honrar las vidas de aquellos que se consideran ejemplos de virtud y dedicación a la fe. El Martirologio Romano es el documento primordial que establece el calendario de los casi 7,000 santos y beatos reconocidos, asegurando que el legado y las enseñanzas de estas figuras continúen vivos en la comunidad de creyentes.
¿Por qué se celebra el día del santo?
La celebración de los días de los santos tiene un profundo significado dentro de la tradición católica. Estas festividades no solo conmemoran las virtudes y contribuciones de los santos, sino que también sirven para inspirar a los fieles a seguir su ejemplo en la vida cotidiana. Celebrar un santo en su día específico les permite a los creyentes reflexionar sobre su legado y buscar su intercesión ante Dios.
¿Cómo se convierte alguien en santo?
El proceso de canonización, a través del cual una persona es declarada santo, implica varias etapas rigurosas. Inicialmente, se requiere un candidato que haya vivido una vida de virtud heroica y haya sido venerado popularmente. A continuación, se lleva a cabo una exhaustiva investigación sobre la vida, las obras y la fama de santidad del candidato. Finalmente, es necesario que se le atribuyan milagros reconocidos, lo que culmina en la proclamación formal por parte del Papa. Esta cuidadosa evaluación asegura que la santidad de la persona esté respaldada por evidencias fehacientes.









