Hoy, 7 de marzo, la Iglesia católica celebra la festividad de Santa Perpetua y Santa Felicidad, dos mártires emblemáticas cuya historia resuena no solo en la tradición cristiana, sino también en la literatura latina.
Santa Perpetua y Santa Felicidad vivieron en una época de intensa persecución contra los cristianos, que se vio marcada por los edictos del emperador Septimio Severo en el siglo III. Originarias de Cartago, en lo que hoy es Túnez, Perpetua provenía de una familia acomodada y tenía un hijo lactante, mientras que Felicidad, su criada y amiga, se encontraba embarazada en el momento de su arresto. Estas circunstancias fueron esenciales en su martirio, que ha sido narrado con conmovedora detenimiento, convirtiéndolas en símbolos de la fe y el sacrificio.
Ambas mujeres fueron arrestadas tras un encuentro que Perpetua había convocado para celebrar un rito cristiano. Este acto de fe las llevó a ser capturadas junto con otros catecúmenos. Al ser llevadas ante el tribunal, el juez ofreció múltiples oportunidades para que renunciaran a su fe cristiana, pero las dos se mantuvieron firmes en sus creencias. El castigo para los hombres fue ser enviados a la arena con las bestias, mientras que las mujeres iban a ser sacrificadas de una forma aún más cruel: atadas a un toro furioso.
Sin embargo, debido a que Felicidad estaba en avanzado estado de gestación, la ley romana le impedía ser ejecutada antes de dar a luz. A través de la oración y el apoyo de sus compañeros, Felicidad logró dar a luz tres días antes de su previsto martirio. Finalmente, el destino de ambas fue sellado en el anfiteatro en un acto de fe y valentía. En este lugar, fueron corneadas por las bestias, pero no murió en el acto; el desenlace llegó cuando fueron decapitadas, y correspondió a Perpetua dirigir el golpe final contra su propio cuello, demostrando así una fortaleza inquebrantable. Este martirio ocurrió el 7 de marzo de 203 d.C.
El diario escrito por Perpetua durante su encarcelamiento es un invaluable testimonio literario, ya que se trata de uno de los pocos textos en latín por una mujer que ha perdurado en la historia. Este documento no solo narra su experiencia personal, sino que también refleja la espiritualidad y determinación de los cristianos de su tiempo.
En el santoral de hoy, también se han incluido varias otras conmemoraciones de santos y beatos, entre los que se encuentran:
- Santos Sátiro, Saturnino, Revocato y Secundino de Cartago
- San Eubulio
- Santos Basilio, Eugenio, Agatodoro, Elpidio, Eterio, Capitón y Efrén de Quersoneso
- San Pablo “Simple”
- San Gaudioso
- San Ardón Esmaragdo
- San Pablo de Prusa
- Beatos mártires Juan Larke, Juan Ireland y Germán Gardiner
- Santa Teresa Margarita Redi
- San Juan Bautista Nam Chong-sam
- Santos mártires Simeón Berneux, Justo Ranfer de Bretenières, Luis Beaulieu y Pedro Enrique Dorie
- Beato Leónidas Fëdorov
¿Qué es el santoral?
El santoral católico es una lista organizada de los santos y beatos reconocidos oficialmente por la Iglesia, que se celebra en días concretos del calendario litúrgico. Este conjunto de figuras sagradas incluye más de 7,000 personas cuyos ejemplos de vida y fe han dejado una huella significativa en la historia del cristianismo. Los registros de estos santos se encuentran en el Martirologio Romano, una obra fundamental para comprender la devoción y la historia de la Iglesia.
¿Por qué se celebra el día del santo?
La celebración de cada santo en su día específico tiene un profundo significado espiritual. Estas conmemoraciones no solo son momentos para recordar sus vidas, sino que también sirven para invocar su intercesión. Se cree que los santos, al haber vivido virtuosas y devotas vidas, pueden acercarse a Dios en el nombre de quienes los veneran, brindando esperanza y guía a los fieles en sus propias vidas espirituales.
¿Cómo se convierte alguien en santo?
El proceso de canonización, mediante el cual una persona es declarada santo, implica varias etapas. Generalmente comienza con una investigación exhaustiva de la vida del candidato, seguido de la verificación de sus virtudes y, en muchos casos, la autenticación de milagros atribuidos a su intercesión. Este proceso culmina con la aprobación final por parte del Papa, quien reconoce oficialmente al nuevo santo y establece su festividad en el calendario litúrgico.








