Hoy, 20 de agosto de 2026, el santoral católico rinde homenaje a San Bernardo de Claraval, una figura emblemática en la historia de la iglesia, junto a otros santos notables como San Samuel, San Máximo de Chinon, San Filiberto de Noirmoutier y los mártires Leovigildo y Cristóbal de Córdoba.
San Bernardo de Claraval, conocido en su nacimiento como Bernard de Fontaine, nació en 1090 en el seno de una familia noble en Francia. Ingresó a la recién fundada orden del Císter, donde, junto a treinta compañeros, decidió emprender un camino de renovación espiritual, dedicándose a la vida monástica estricta. En 1115, fundó el monasterio de Clairvaux, que se convirtió en un modelo de vida religiosa cisterciense y un importante centro de espiritualidad.
Bernardo fue un destacado líder espiritual y un influyente teólogo de su tiempo, cuyas enseñanzas marcaron una huella profunda en la iglesia. Es recordado por su fervor en la defensa de la ortodoxia cristiana, así como por sus escritos que, en muchos casos, buscan llevar a sus contemporáneos hacia una vivencia más profunda de la fe. Su denominación como “Doctor de la Iglesia” se le atribuye debido a la profundidad y claridad de sus escritos, donde enfatizó la importancia del amor y la devoción a Dios.
Otro de sus legados significativos fue su participación en la fundación y regulación de las órdenes militares, como la Orden del Temple, que tenía la misión de proteger a los peregrinos en su camino a Tierra Santa. En el Concilio de Troyes en 1128, logró la aprobación oficial de esta orden. Su vida, caracterizada por la búsqueda de la paz y la unidad, es un ejemplo claro de un liderazgo espiritual que trascendió fronteras, llevando su mensaje a diversas naciones de Europa antes de su muerte en 1153 cerca de Langres, Francia.
El 20 de agosto también se recuerda a San Samuel, un profeta fundamental en la historia bíblica. Desde su infancia, Samuel fue llamado por Dios y desempeñó un papel crucial como juez e intermediario divino. Fue quien ungió a Saúl como el primer rey de Israel, y posteriormente, tras la caída de este, a David, quien se convertiría en un personaje central en la narración bíblica y en la genealogía de Cristo.
- San Máximo de Chinon: Un santo cuyas enseñanzas han perdurado, aunque se conoce poco sobre su vida.
- San Filiberto de Noirmoutier: Fundador de monasterios y figura clave en la expansión de la vida monástica en Francia.
- Santos mártires Leovigildo y Cristóbal de Córdoba: Representan la valentía de muchos cristianos que dieron su vida por su fe.
- Beato Bernardo Tolomei: Cofundador de la orden de los Beatos de Monte Oliveto.
- Beatos Luis Francisco Le Brun y Gervasio Brunel: Famosos por sus virtudes y dedicación durante la persecución religiosa.
- Santa María de Mattias: Fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Adoración Perpetua.
- Beato Matías Cardona Meseguer: Un mártir conocido por su defensa de la fe.
- Beata María Climent Mateu: Conocida por su compromiso social y espiritual.
- Beato Ladislao Maczkowski: Su vida estuvo marcada por su lucha y su devoción.
¿Qué es el santoral?
El santoral católico es un compendio que agrupa las conmemoraciones de aquellos a quienes la Iglesia reconoce como santos o beatos. Esta tradición está sustentada en el Martirologio Romano, un registro oficial que lista y distribuye las festividades de casi 7,000 figuras a lo largo del calendario litúrgico. Cada fecha conmemora a aquellos que, por su vida ejemplar, han alcanzado el reconocimiento en el cielo y son considerados intercesores ante Dios.
¿Por qué se celebra el día del santo?
El día dedicado a un santo tiene como propósito honrar su memoria y resaltar su impacto en la vida de la Iglesia. Estos días permiten a los fieles recordar las virtudes, enseñanzas y sacrificios de los santos, invitándolos a seguir su ejemplo de fe y dedicación. Durante estas celebraciones, es común que se realicen misas, oraciones y reflexiones especiales que fomentan una conexión más profunda con la historia de la salvación y la vida cristiana.
¿Cómo se convierte alguien en santo?
El proceso de canonización es el camino a través del cual la Iglesia reconoce oficialmente a un fiel como santo. Comienza con una investigación que evalúa la vida, virtudes y, en muchos casos, los milagros asociados a la persona. Tras un análisis exhaustivo y tras la verificación de un milagro ocurrido por su intercesión, la persona puede ser beatificada y, eventualmente, canonizada. Este proceso puede tomar años o incluso siglos, dependiendo de las circunstancias y del contexto histórico de cada candidato.









