Hoy, 26 de febrero, la Iglesia católica conmemora a San Alejandro de Alejandría en su santoral. Este importante santo se distingue no solo por su labor pastoral, sino también por su firme defensa de la fe cristiana en tiempos de herejía.
San Alejandro de Alejandría nació en el siglo III, alrededor del año 250, y fue elegido como obispo de Alejandría, sucediendo a San Aquiles. Su vida se desarrolló en una época de mundial transformación religiosa, donde el cristianismo comenzaba a consolidar su presencia ante diversas controversias ideológicas. Durante su mandato, enfrentó la amenaza de la herejía arriana, promovida por su presbítero Arrio, quien proponía una visión distorsionada de la naturaleza de Cristo. Esta situación llevó a San Alejandro a involucrarse en elPrimer Concilio de Nicea en 325, donde, junto a otros trescientos dieciocho obispos, se condenó la arrianismo y se estableció el Credo Niceno, afirmando la divinidad de Jesucristo.
Como patriarca, San Alejandro no solo se preocupó por defender la ortodoxia cristiana, sino que también mostró un compromiso social palpable. Se dedicó a atender a los indigentes y promovió el ascetismo entre los anacoretas del desierto egipcio. Además, fue responsable de la construcción del templo de San Teonás, cuyo impacto perdura hasta nuestros días. Su legado no solo es religioso, sino también social y cultural, siendo recordado como un líder influyente que buscó la unión en medio de la adversidad. San Alejandro falleció alrededor del año 328, y su canonización se dio de forma inmediata debido a su notable trayectoria y su sacrificio por la fe.
Junto a San Alejandro, la festividad de este día también recuerda a otros santos significativos:
- San Faustiniano: No se conoce mucho sobre su vida, pero se le venera por su dedicación a la causa cristiana y su compromiso con la fe.
- San Porfirio: Obispo de Gaza y conocido por su bondad hacia los pobres. Nacido en Tesalónica, vivió como anacoreta antes de asumir su papel pastoral. Se le reconoce por su valentía al destruir templos paganos y falleció en el 421.
- San Agrícola: Aunque la información sobre él es escasa, se sabe que fue un mártir que dedicó su vida al servicio de Cristo.
- San Víctor, eremita: Conocido por su vida de austeridad y devoción, también es parte del legado de la tradición cristiana antigua.
- San Andrés de Florencia: Admirado por sus virtudes y contribuciones a la Iglesia en Florencia.
- Beato Roberto Drury: Un mártir cuya vida y obra son recordadas en la tradición católica.
- Santa Paula de San José de Calasanz Montal Fornés: Fundadora de una orden y conocida por su dedicación a la educación y el bienestar de los jóvenes.
- Beata Piedad de la Cruz Ortiz Real: Su vida es un testimonio de fe y dedicación al servicio de los demás.
¿Qué es el santoral?
El santoral católico es el conjunto de personas reconocidas oficialmente por la Iglesia como santos y beatos, organizados en un calendario litúrgico. Cada día del año está marcado por la conmemoración de diversas figuras, que varían en su perspectiva histórica y espiritual. El Martirologio Romano es el documento que enumera los nombres, ofreciendo una guía sobre la celebración de estos individuos y sus respectivas virtudes.
¿Por qué se celebra el día del santo?
La celebración de un santo específico en el santoral tiene como objetivo honrar su vida y obras. Este día permite a los fieles reflexionar sobre las virtudes que el santo encarnó y su impacto en la historia de la Iglesia. Las festividades suelen incluir misas, oraciones y actos de veneración que buscan inspirar a los creyentes a emular los ejemplos de fe y caridad presentados por estos personajes.
¿Cómo se convierte alguien en santo?
La canonización es el proceso mediante el cual la Iglesia reconoce formalmente a una persona como santa. Este proceso incluye la verificación de la vida del candidato, su fama de santidad y, en muchos casos, la verificación de milagros atribuidos a su intercesión. Los pasos incluyen la beatificación, que reconoce a la persona como beata, y finalmente la canonización, donde se le concede el título de santo, permitiendo su veneración universal en la Iglesia.









