Hoy, 10 de marzo, la Iglesia católica celebra a varios santos en su santoral, destacando especialmente a Santa María Eugenia Milleret de Brou, una figura clave en la educación cristiana de niñas en el siglo XIX.
Nacida en 1817 en Metz, Francia, Santa María Eugenia fue parte de una familia acomodada. Desde joven, demostró una notable inclinación hacia el conocimiento y las artes, inspirada por el ambiente intelectual del Romanticismo. Esta curiosidad la llevó a trasladarse a París a los 15 años, en un momento difícil de su vida, marcado por la separación de sus padres y la trágica muerte de dos de sus hermanos. La pérdida no cesó, ya que poco después falleció su madre debido a una epidemia de cólera que azotaba la ciudad.
A los 19 años, tuvo un encuentro decisivo con el padre Combalot, quien reconoció su impulso espiritual y la designó para fundar una nueva congregación dedicada a la educación. Este encuentro fue fundamental para su vida, ya que la alentó a seguir su llamado religioso. En 1839, estableció la Congregación de las Hermanas de la Asunción, institución que se enfocaría en brindar una educación cristiana a las niñas, un objetivo relevante en un período en el que las oportunidades educativas para las mujeres eran limitadas. A lo largo de su vida, Eugenia se dedicó intensamente a la oración, el estudio, y la expansión de su obra, hasta su fallecimiento en 1898.
El reconocimiento de Santa María Eugenia en la historia religiosa es destacado: fue canonizada por el Papa Benedicto XVI en 2007, lo que ratifica su relevancia no sólo en la educación de las mujeres, sino también en el desarrollo de la vida religiosa contemporánea.
Otros santos del día
- Santos Cayo y Alejandro de Apamea: Conocidos por su fe inquebrantable, estos mártires fueron ejecutados por su negativa a renunciar a su religión durante la persecución de los cristianos en el Imperio Romano.
- San Víctor, mártir en África: Este mártir es recordado por su valor y su disposición a sufrir por su fe, junto a otros compañeros que compartieron su destino en África.
- San Macario de Jerusalén: Obispo de Jerusalén, fue una figura clave en la historia de la Iglesia, conocido por su dedicación y liderazgo en un período de tensión religiosa.
- San Simplicio de Roma: Papa durante los tiempos de la invasión bárbara, es reconocido por su esfuerzo por mantener la unidad de la Iglesia.
- San Droctove: Un santo menos conocido, que vivía una vida de ascetismo y se dedicó a la oración y el servicio a los demás.
- San Attalo: También un mártir, falleció en circunstancias difíciles por su fe inquebrantable en Cristo.
- San Juan Olgivie: Mártir escocés que defendió su fe a costa de su vida en un momento crítico para el cristianismo en Escocia.
- Beato Elías del Socorro (Mateo Elías) Nieves del Castillo: Reconocido por su ataque contra la injusticia social y su compromiso con los pobres y marginados.
¿Qué es el santoral?
El santoral es el conjunto de fiestas y memorias que la Iglesia católica asigna a los santos y beatos a lo largo del año. Este calendario incluye casi 7,000 figuras religiosas cuya vida y virtudes se celebran en un día específico. El Martirologio Romano es el documento que compila estas conmemoraciones y sirve como guía para las festividades religiosas, reflejando la riqueza de la tradición cristiana.
¿Por qué se celebra el día del santo?
La celebración del día del santo tiene como propósito recordar y venerar las virtudes y los sacrificios de hombres y mujeres que han vivido una vida ejemplar. A través de estos días de conmemoración, los fieles buscan inspiración en la vida de los santos, quienes a menudo sirvieron de modelos de fe y entrega. Estas festividades se consideran ocasiones de reflexión, renovación espiritual y fortalecimiento de la comunidad de creyentes, invitando a los fieles a imitar las virtudes que estos santos personifican.
¿Cómo se convierte alguien en santo?
El proceso de canonización es un camino formal que la Iglesia católica realiza para reconocer a una persona como santo. Este proceso incluye varias etapas, comenzando por la declaración de “Siervo de Dios”, que se otorga tras la muerte del candidato. Después se realizan investigaciones sobre su vida, virtudes y fama de santidad. Una vez completada esta fase, se puede considerar la “beatificación”. Finalmente, tras la verificación de milagros atribuidos a su intercesión, se procede a la canonización. Este riguroso proceso asegura que solo aquellos que vivieron de manera ejemplar y tuvieron un impacto significativo en la fe sean reconocidos como santos.








