Hoy, 25 de septiembre, se conmemora a San Cleofás en el santoral católico. Este santo es recordado por su papel como uno de los discípulos que tuvo un encuentro significativo con Jesús resucitado, un evento que se relata en el Evangelio de Lucas.
San Cleofás es conocido principalmente por su encuentro con Cristo en el camino a Emaús, un relato que se encuentra en Lucas 24:13-35. En esta historia, Cleofás y un compañero se encuentran desalentados tras la crucifixión de Jesús. Mientras caminan, Jesús se une a ellos, pero su identidad permanece oculta hasta que comparte un momento crucial durante la fracción del pan. Al reconocerlo, sus corazones arden de gozo, lo que simboliza el renacer de su fe. Este relato ha llevado a San Cleofás a ser considerado un modelo de cómo la Eucharistía es un punto de encuentro con lo divino.
Se menciona que Cleofás también pudo haber sido el esposo de Santa María de Cleofás, quien es citada en el Evangelio de Juan como una de las mujeres presentes durante la crucifixión de Cristo. La tradición sostiene que María de Cleofás pudo haber sido prima de la Virgen María, pues ambas provenían de una misma línea familiar. Esta conexión añade una dimensión interesante a la historia de Cleofás, ya que su vida se entrelaza con algunos de los momentos más profundos de la pasión de Cristo.
Pese a la falta de información detallada sobre su vida después de este encuentro, el legado de Cleofás se vivencia en el contexto de la enseñanza de Jesús tras su resurrección, invitando a los creyentes a profundizar en la experiencia del encuentro con lo sagrado a través de acciones cotidianas como la bendición del pan.
En la festividad de hoy, también se reconocen a otros santos relevantes del calendario católico, destacando:
- San Fermín de Amiens, un mártir que se considera crucial en la historia de la cristianización de Francia.
- Santos mártires Pablo y Tata, que junto a sus hijos Sabiniano, Máximo, Rufo y Eugenio, son testigos de la fe en condiciones adversas.
- San Solemne de Chartres, quien es recordado por su vida de devoción en la ciudad de Chartres.
- San Principio de Soissons, un insigne obispo que lideró la comunidad cristiana en su región.
- San Finbarro de Cloyne, conocido por su dedicación a la evangelización en Irlanda.
- San Aunacario o Anacario de Auxerre, que se destacó por su trabajo pastoral en Auxerre.
- San Ermenfrido de Cusance, quien es reconocido por su vida en el monasterio.
- San Sergio de Radonez, un gran santo de la tradición ortodoxa rusa.
- Beato Marcos Criado, así como a los beatos Juan-Pedro Bengoa Aranguren, Pablo María Leoz y Portillo, y Jesús Hita Miranda, quienes nos muestran ejemplos de fe en la vida contemporánea.
¿Qué es el santoral?
El santoral es el conjunto de nombres de santos y beatos que la Iglesia católica recuerda y venera en diferentes fechas a lo largo del año. Este calendario se basa en el Martirologio Romano, que clasifica e identifica a cerca de 7,000 figuras reconocidas por su vida ejemplar y su cercanía con lo divino. En él se reflejan épocas, tradiciones y enseñanzas cristianas que continúan influyendo en la espiritualidad de los fieles.
¿Por qué se celebra el día del santo?
La celebración del día de un santo tiene como propósito honrar y recordar la vida y enseñanzas de dicha figura. Estos días son también una oportunidad para que los creyentes reflexionen sobre las virtudes que los santos encarnaron, tratando de emular su devoción y fe. En el caso de San Cleofás, su encuentro con Jesús invita a los creyentes a una búsqueda activa de una relación espiritual más profunda a través de la liturgia eucarística.
¿Cómo se convierte alguien en santo?
El proceso de canonización, que lleva a una persona a ser reconocida como santo, implica varias etapas. Inicialmente, se investiga su vida para verificar sus virtudes, milagros atribuidos y su influencia espiritual. Después, la causa se presenta al Vaticano, donde se evalúa por parte de la Congregación para las Causas de los Santos. Para la canonización, es necesario comprobar al menos un milagro. Este es un reconocimiento formal de que la persona ha vivido una vida de virtudes heroicas y es digna de veneración pública.









