Hoy, 27 de febrero de 2026, la Iglesia católica celebra en su santoral a San Baldomero, San Gabriel de la Virgen de los Dolores y a varios otros santos, cada uno con su propia historia de fe y sacrificio.
San Baldomero, venerado en la ciudad de Lyon, Francia, nació en el siglo VII y se destacó por su entrega a Dios desde joven. Su vida comenzó en un entorno humilde, dedicado al oficio de herrero y cerrajero, donde se ganaba la vida fabricando herramientas. A pesar de sus limitaciones económicas, San Baldomero nunca dudó en usar sus ganancias para ayudar a los más necesitados, mostrando un gran corazón solidario.
Su dedicación a la espiritualidad fue notable, dedicando su tiempo libre a la oración y a la profunda reflexión sobre las Sagradas Escrituras. Este compromiso con su fe no pasó desapercibido, y el abad del Monasterio de San Justo quedó impresionado con su estilo de vida austera, invitándolo a unirse a su comunidad monástica. Allí, San Baldomero continuó su labor como herrero, al mismo tiempo que sirvió a Dios en la vida religiosa.
Fue el obispo de Lyon quien lo ordenó subdiácono, elevando su posición en la Iglesia. Se le atribuyen numerosos milagros, y sus restos descansan en la Iglesia de San Galmier, donde es reverenciado como patrón de los herreros. San Baldomero es recordado no solo por su labor en la comunidad, sino también por su vida dedicada a Dios y a la caridad.
San Gabriel de la Virgen de los Dolores, también conmemorado hoy, nació en 1838 en Asís, en una familia acomodada, con el nombre de Francisco. La muerte de su hermana a causa del cólera lo llevó a entrar en una vida de renuncia y oración, siguiendo el camino de la austeridad de los pasionistas, y adoptó el nombre de Gabriel de la Dolorosa. Su historia es un reflejo de la profunda transformación personal que a menudo acompaña a los llamados divinos.
El camino de Gabriel, sin embargo, estuvo lleno de retos, empezando por su noviciado, donde enfrentó problemas de salud que complicaron su formación. Finalmente, sucumbió a la tuberculosis, perdiendo la vida prematuramente a los 24 años. Su breve pero intensa vida ha dejado una huella en la espiritualidad de la Iglesia, recordándonos la importancia del sacrificio y del compromiso con la fe.
Además de estos dos santos, se celebran otros nombres en el santoral de hoy:
- San Euno – Un compañero de martirio de San Julián, conocido por su firmeza en la fe.
- San Julián – Martirizado en el siglo III, conocido por su valentía a pesar de sus limitaciones físicas.
- San Besa – Otro santo que refleja la dedicación a la causa cristiana.
- Santa Honorina – Una santa cuya vida ejemplar inspira a muchos.
- San Procopio – Mártir venerado en Constantinopla, conocido por sus padecimientos por la fe.
- San Gregorio de Narek – Un santo erudito cuyas enseñanzas aún resuenan hoy.
- Beato Guillermo Richardson – Un beato que representa la devoción a la vida religiosa.
- Beata María de Jesús Deluil Martiny – Conocida por su obra en favor de la educación y el bienestar social.
- Beata Francisca Ana de los Dolores de María Cirer Carbonell – Relevante por su vida de conocimiento y dedicación.
¿Qué es el santoral?
El santoral católico es un registro que contiene los nombres de los santos y beatos reconocidos por la Iglesia, celebrando sus festividades en fechas específicas. Este inventario, que incluye casi 7,000 figuras, se basa en el Martirologio Romano, un documento que organiza y distribuye estos nombres a lo largo del año litúrgico.
¿Por qué se celebra el día del santo?
La celebración de los días de los santos tiene como objetivo honrar su vida y sus contribuciones a la fe cristiana. Estos días permiten a los fieles recordar las virtudes que cada santo encarna, inspirando a la comunidad a seguir sus ejemplos de fe, esperanza y amor al prójimo. La devoción hacia los santos también refuerza la conexión de los creyentes con su historia y tradiciones religiosas.
¿Cómo se convierte alguien en santo?
El proceso de canonización implica una serie de etapas rigurosas. En primer lugar, la persona debe haber vivido una vida de virtud heroica y haber realizado milagros atribuidos a su intercesión. Luego, debe ser investigada por la Congregación para las Causas de los Santos, que evalúa su vida y acciones. Una vez que se cumplen todos los requisitos, el Papa puede declarar a la persona santo, permitiendo su veneración pública.









