En la costa atlántica francesa, muy cerca de la frontera con España, Biarritz es una ciudad acostumbrada a los cruces: de lenguas, de culturas y de miradas. Conocida durante décadas por el surf y su historia cosmopolita, cada mes de enero suma otra identidad: la de capital europea del cine documental gracias al FIPADOC, un festival que en su edición 2026 vuelve a reunir a cineastas, artistas y públicos de todo el mundo.
Durante nueve días, más de 150 documentales de 35 países toman salas históricas de la ciudad y convierten al cine de no ficción en una herramienta para entender el presente. Guerras, migraciones, música, danza, justicia social y memoria colectiva atraviesan una programación que apuesta tanto por grandes autores como por nuevas voces.
El festival abre con una fuerte impronta internacional. Entre los nombres más reconocidos aparece Orlando von Einsiedel, director británico ganador del Oscar, que presenta Le Cycle de l’amour, una historia real que cruza continentes y demuestra cómo el documental puede tener la fuerza narrativa del cine de ficción sin perder su anclaje en lo real. Junto a él, cineastas como Mehrdad Oskouei exploran el exilio, la violencia y la creación artística como forma de resistencia, temas profundamente resonantes para las sociedades latinoamericanas.
El cine francés, por su parte, ocupa un lugar central con obras que miran de frente a los conflictos sociales contemporáneos. Desde la justicia y la violencia de género hasta el mundo del trabajo, la educación o la salud pública, las películas seleccionadas confirman una tradición de documental comprometido que dialoga de manera natural con el cine social producido en América Latina.
Uno de los territorios más vibrantes del FIPADOC 2026 es el de la música y la danza, donde el cuerpo y el sonido se convierten en memoria viva. Allí emerge con fuerza la figura de Jorge Donn, bailarín argentino que marcó la historia del Ballet del Siglo XX junto a Maurice Béjart. El documental Don, le danseur du XXe siècle no solo recupera su legado artístico, sino que devuelve al centro de la escena a un creador latinoamericano que dejó una huella profunda en la cultura europea.
La música popular, las herencias familiares y la transmisión cultural también ocupan un lugar destacado, con películas que exploran desde el flamenco hasta los ritmos africanos y sus diálogos con el presente. En este cruce de tradiciones, el FIPADOC vuelve a mostrar cómo el documental puede ser un espacio de preservación y reinvención cultural.
El compromiso político atraviesa buena parte de la programación. En la sección dedicada al impacto social, cineastas reconocidos internacionalmente abordan temas como la libertad de información, los derechos humanos y el poder global. Es un cine que investiga, cuestiona y propone, en sintonía con una larga tradición documental latinoamericana que entiende la cámara como una herramienta de intervención en la realidad.
Pero el festival no se limita a las formas clásicas del género. En Biarritz también hay lugar para el futuro del documental: experiencias inmersivas, realidad virtual y narrativas interactivas que buscan nuevas maneras de involucrar al espectador. Estas propuestas amplían el campo del cine documental y muestran hacia dónde se dirige el lenguaje audiovisual en los próximos años.
Así, aunque se celebra en una ciudad europea, el FIPADOC no es un festival distante para el público latinoamericano. Por el contrario, es un espacio donde las historias del sur, las trayectorias latinoamericanas y las problemáticas compartidas encuentran eco y visibilidad. En Biarritz, el documental funciona como un puente: entre continentes, entre generaciones y entre realidades que, aunque geográficamente lejanas, dialogan desde una experiencia humana común.












