En el marco del programa cultural Years of Culture Qatar–Argentina–Chile 2025, el Festival Internacional de Cine de Doha presentó una selección especial de siete cortometrajes provenientes de ambos países latinoamericanos. La sección “Hecho en Argentina y Chile – Programa de Cortometrajes” reunió obras que dialogan entre sí desde la diversidad, con cuatro producciones chilenas que evidencian la madurez de una cinematografía que lleva más de una década destacando en festivales internacionales.
Chile participa con Hacia el sol, lejos del centro (Pascal Viveros y Luciana Merino), Atardecer sobre América (Matías Rojas Valencia), El Canon (Martín Seeger) y el documental Baisanos (Andrés y Francisca Khamis Giacoman). Argentina, por su parte, está representada con La mirada del vidrio, Lima y Eco y reverberación. La presencia chilena —cuatro títulos entre siete— revela no solo volumen, sino también consistencia y variedad estilística.
Aunque la entrevista que dio origen a este artículo se realizó con Martín Seeger, director de El Canon, quien forma parte de un grupo diverso que incluye a Joaquín Echeverría, Pascal Viveros y la productora colombiana Françoise Nieto-Fong, quien acompaña el cortometraje chileno de Matías Rojas Valencia.
La reflexión central que se desprende del diálogo con Seeger es la maduración del cine chileno. Los cuatro cortos presentes en Doha abordan temáticas distintas —migración, memoria, identidad, exploraciones íntimas y políticas— pero comparten una coherencia en el manejo del lenguaje audiovisual. Es un cine que ha aprendido a combinar riesgo, precisión formal y profundidad temática.
En el caso de El Canon, su aproximación a la migración haitiana en Chile destaca por alejarse de los mecanismos dramáticos tradicionales. El cortometraje no apela al sentimentalismo directo, sino a una observación distanciada que revela la absurdidad cotidiana, las contradicciones institucionales y las tensiones soterradas. Ese enfoque dialoga con una tendencia más amplia del cine chileno contemporáneo: obras que eluden lo evidente para iluminar lo incómodo.
Hacia el sol, lejos del centro trabaja la intimidad con un pulso observacional con plano secuencia, mientras que Atardecer sobre América utiliza un lenguaje más atmosférico. Baisanos, por su parte, articula la memoria y la identidad del pueblo palestino desde un registro documental que complementa la voz autoral de los otros tres cortos chilenos. Esta diversidad confirma la potencia de una generación que, lejos de replicar fórmulas, se atreve a indagar nuevas formas.

Para Seeger, uno de los factores que explica este crecimiento es la expansión de las coproducciones y la consolidación de una cultura cinematográfica interna que exige cada vez más. Chile, pese a su tamaño, ha logrado instalarse en festivales de renombre no solo con largometrajes, sino también con cortos, formato donde se han desplegado voces emergentes y experimentales.
La presencia en Doha adquiere un matiz particular debido al contexto cultural del país anfitrión. La curaduría del programa busca tender puentes entre mundos lejanos, permitiendo que audiencias cataríes se acerquen a sensibilidades latinoamericanas. La recepción local, según relatan los participantes, ha sido marcada por la curiosidad: una búsqueda genuina por comprender dinámicas sociales y humanas ajenas a su cotidianidad.
Este cruce cultural permite revisar también cómo se proyecta Chile hacia el exterior. Los cuatro cortos no solo representan a un país, sino que muestran fragmentos de un universo amplio: migración, vínculos familiares, tensiones sociales y exploraciones formales. Qatar, al recibir estas obras, abre un espacio donde el cine chileno puede dialogar con una audiencia que observa desde códigos culturales muy distintos. Ese intercambio no debe entenderse como un acto unidireccional, sino como un encuentro donde ambas partes se interpelan.
Finalmente, la participación chilena en Doha confirma algo que en festivales internacionales se repite hace años: la cinematografía del país tiene una capacidad notable de adaptación, creatividad y riesgo. Las cuatro obras seleccionadas evidencian el alcance de un proceso que, lejos de agotarse, continúa expandiéndose.











