La ópera romántica italiana vivió una de sus expresiones más intensas en la reciente reposición de Lucia di Lammermoor, presentada en la Opéra national du Capitole de Toulouse, ciudad del sur de Francia con una larga tradición lírica. La obra de Gaetano Donizetti, estrenada en 1835 en Nápoles, sigue siendo uno de los pilares del repertorio operístico mundial, y su regreso a este escenario francés combinó historia, virtuosismo vocal y un emotivo homenaje a una figura legendaria del canto europeo.

Antes de levantarse el telón, el director del teatro, Christophe Ghristi, dedicó la función al célebre bajo-barítono belga José Van Dam, una de las grandes voces del siglo XX. El homenaje recordó no solo su trayectoria escénica, sino también su papel como maestro de nuevas generaciones de cantantes. Ghristi evocó su colaboración con directores míticos como Herbert von Karajan, su histórica creación del papel protagonista de Saint-François d’Assise de Olivier Messiaen y su legado pedagógico en la Chapelle Musicale de Bruselas. Incluso señaló el vínculo directo con la producción actual, ya que el tenor Valentin Thill, quien interpreta a Arturo, fue alumno suyo. La dedicatoria convirtió la velada en una celebración de la transmisión artística dentro del mundo de la ópera.
El propio Ghristi subrayó también la importancia de Lucia di Lammermoor dentro de la programación del teatro. Explicó que una temporada operística debe ser diversa y contrastante, y señaló que esta obra representa uno de los grandes hitos del bel canto italiano. La partitura, afirmó, reúne algunos de los momentos más famosos del repertorio: la célebre escena de la locura, el sexteto del segundo acto y la muerte de Edgardo, pasajes donde la música y el drama alcanzan una intensidad excepcional. En ellos, la técnica vocal se convierte en herramienta expresiva para retratar pasiones extremas, traiciones familiares y destinos trágicos.
La producción presentada en Toulouse tiene además un valor histórico propio. Se trata de la puesta en escena concebida por Nicolas Joël, con escenografía de Ezio Frigerio, vestuario de Franca Squarciapino y luces de Vinicio Cheli, un equipo creativo que marcó época en la escena operística europea. Esta Lucia ha recorrido escenarios internacionales, incluyendo el Metropolitan Opera de Nueva York, y su regreso al Capitole fue anunciado como una de sus últimas reposiciones, lo que le otorgó un carácter especial de despedida.
Basada en la novela The Bride of Lammermoor del escritor escocés Walter Scott, la ópera narra una historia ambientada en la Escocia del siglo XVII, donde rivalidades políticas y familiares condenan a los protagonistas. Lucia Ashton se ve obligada a casarse por conveniencia mientras permanece fiel a su amor por Edgardo, enemigo de su familia. La manipulación, la violencia y la presión social conducen a la joven a la locura y al asesinato de su esposo, desencadenando un desenlace trágico que culmina con el suicidio de su amante.
Más allá del argumento, la obra destaca por su tratamiento musical del drama. Donizetti transforma el conflicto emocional en una arquitectura sonora que combina lirismo, tensión y virtuosismo vocal. La famosa escena de la locura, concebida originalmente para ser acompañada por armónica de cristal —instrumento de sonido etéreo inventado por Benjamin Franklin—, constituye uno de los momentos más impactantes de la historia de la ópera. Allí, la protagonista canta en un estado de delirio que mezcla amor, memoria y muerte, creando un retrato psicológico adelantado a su tiempo.
El reparto de esta producción reunió a destacados intérpretes del circuito internacional. La soprano australiana Jessica Pratt, una de las grandes especialistas actuales del bel canto, asumió el papel principal alternándose con la joven italiana Giuliana Gianfaldoni. Entre los tenores figuraron Pene Pati, Bror Magnus Tødenes y el experimentado Ramón Vargas, junto al bajo Michele Pertusi y el barítono Lionel Lhote. Tras la retirada por motivos de salud del director previsto, José Miguel Pérez-Sierra, la dirección musical fue asumida por el maestro italiano Fabrizio Maria Carminati, al frente del Orchestre national du Capitole y su coro.
La representación demostró que Lucia di Lammermoor sigue ocupando un lugar central en el repertorio operístico. La obra, situada entre la herencia de Rossini y el dramatismo posterior de Verdi, sintetiza la esencia del romanticismo musical italiano. Casi dos siglos después de su estreno, continúa emocionando por su capacidad de unir virtuosismo vocal, intensidad teatral y profundidad humana.
En Toulouse, esa vigencia se vio reforzada por el homenaje a José Van Dam, recordando que la ópera no solo vive de las partituras, sino también de los artistas que las transmiten. La función se convirtió así en una experiencia doble: un encuentro con uno de los grandes títulos del bel canto y un acto de memoria dedicado a una de las voces que marcaron la historia del género.












