No todas las ciudades europeas forman parte del imaginario cultural global. Toulouse, en el sur de Francia, no es París ni Berlín, pero desde hace décadas se ha convertido en uno de los laboratorios más activos de creación escénica contemporánea. Allí, lejos de los grandes focos mediáticos, conviven la investigación teatral, la danza, el circo contemporáneo y la música en vivo. En ese contexto, el 10 de enero de 2026, el Théâtre de la Cité, principal centro dramático nacional de la región, acogió el estreno de una versión muy particular de LÀ, una obra de la compañía Baro d’evel, acompañada en esta ocasión por el Orchestre de Chambre de Toulouse.
Para un espectador hispanohablante poco familiarizado con el circuito europeo, conviene aclararlo desde el inicio: LÀ no es una obra de teatro “convencional”. No hay una historia lineal, ni personajes psicológicos, ni un texto que articule la acción. Lo que propone Baro d’evel es otra cosa: una experiencia escénica donde el cuerpo, el sonido, la música, el movimiento y la presencia animal se combinan para construir sentido más allá de las palabras.
Baro d’evel: una compañía fuera de las categorías
La compañía Baro d’evel, fundada y dirigida por Camille Decourtye y Blaï Mateu Trias, es hoy una de las formaciones más singulares del panorama escénico europeo. De origen franco-catalán, su trabajo se sitúa en un territorio híbrido donde confluyen el teatro físico, la danza, el circo contemporáneo, la música y las artes visuales. Esta mezcla no responde a una estrategia estética superficial, sino a una búsqueda constante de un lenguaje escénico total, capaz de hablar directamente a los sentidos.
Desde sus primeras creaciones, Baro d’evel ha desarrollado una estética fácilmente reconocible: el uso del blanco y negro, el movimiento intenso, la exposición del cuerpo en estado de vulnerabilidad y la presencia recurrente de animales en escena. Todo ello aparece también en Là, una obra creada originalmente en la década de 2010 y presentada desde entonces en distintos escenarios europeos, donde ha suscitado el interés de críticos especializados en artes vivas.
¿Qué es LÀ? El aquí y ahora como materia teatral
El título de la obra —Là, “ahí” o “allí” en francés— remite a una idea central: la presencia. Là se construye como un juego permanente en el presente, donde lo que importa no es lo que ocurre “antes” o “después”, sino lo que sucede aquí y ahora, frente al espectador.
En escena aparecen dos intérpretes, Camille Decourtye y Blaï Mateu Trias, acompañados por Gus, una corneja-urraca. El animal no actúa como un elemento decorativo, sino como un verdadero partenaire escénico. Su comportamiento imprevisible introduce una tensión constante entre control y caos, entre lo humano y lo animal, que ha sido destacada en varias críticas de funciones anteriores en Francia y Bélgica .
La escena, mayoritariamente blanca, se va transformando a través del movimiento, de las huellas físicas, de la respiración y de los sonidos. El espacio no se “representa”: se construye progresivamente, como si el mundo surgiera a partir del contacto entre los cuerpos.
La versión de Toulouse: cuando la música entra en escena
La función estrenada el 10 de enero de 2026 en el Théâtre de la Cité no fue una reposición más. A invitación del propio teatro, Baro d’evel creó una versión específica de Là en la que la música es interpretada en directo por el Orchestre de Chambre de Toulouse. Este elemento modifica de manera sustancial la experiencia escénica.
Las piezas musicales —obras de Bellini, Purcell y Arvo Pärt— no funcionan como acompañamiento, sino como una extensión emocional de lo que ocurre en escena. Las cuerdas dialogan con la respiración de los intérpretes, con sus gritos, silencios y desplazamientos. La música emerge y se repliega, como si también ella formara parte del cuerpo vivo de la obra.
Esta integración entre músicos y actores refuerza una idea central en el trabajo de Baro d’evel: la disolución de fronteras. No hay jerarquía entre disciplinas; todo está al mismo nivel de presencia.

Recepciones críticas en otras ciudades: poesía, riesgo y experiencia
Aunque la versión con orquesta se presentó por primera vez en Toulouse en 2026, Là ha sido vista anteriormente en otras ciudades europeas, y algunas de esas funciones sí generaron críticas publicadas.
En París, durante su paso por el Théâtre des Bouffes du Nord, varios críticos subrayaron el carácter profundamente poético de la pieza. Se habló de Là como un “poema escénico” en el que el sentido no se transmite por el discurso, sino por la acumulación de gestos, miradas y tensiones físicas. Una reseña destacó que la obra “no se comprende, se habita”, insistiendo en la experiencia sensorial que propone al espectador .
En Aix-en-Provence, se definió la obra como una “pintura en movimiento”, donde los cuerpos parecen dibujar el espacio como si se tratara de una superficie sensible. Allí se puso el acento en la capacidad de Baro d’evel para sostener la atención del público sin recurrir a una narración explícita, confiando en la fuerza del ritmo y la presencia física .
También se ha señalado de forma recurrente la función simbólica del animal en escena. En varias reseñas, la corneja aparece descrita como un recordatorio constante de lo indomesticable, de aquello que escapa al control humano y que, precisamente por eso, vuelve la escena más viva y más frágil .
Un teatro que renuncia a explicar para invitar a sentir
Uno de los rasgos más comentados de Là es su resistencia a la interpretación cerrada. La obra no ofrece claves claras ni mensajes explícitos. Esta decisión, que puede desconcertar a parte del público, ha sido defendida por la crítica como una apuesta política y estética: devolver al espectador un papel activo.
En este sentido, Là se inscribe en una corriente del teatro contemporáneo europeo que entiende la escena como un espacio de experiencia compartida, más que como un dispositivo de transmisión de significados prefabricados. El espectador no recibe respuestas, sino estímulos: sonidos, movimientos, imágenes que debe relacionar desde su propia sensibilidad.
El estreno en Toulouse: un punto de llegada y de partida
La presentación de Là en el Théâtre de la Cité el 10 de enero de 2026 puede leerse como un punto de llegada —por la madurez del lenguaje de Baro d’evel— y también como un punto de partida, al abrir nuevas posibilidades de diálogo entre el teatro físico y la música clásica en vivo.
En un momento en que muchas producciones escénicas apuestan por la tecnología o por la espectacularidad visual, Là propone lo contrario: una escena desnuda, atravesada por cuerpos reales, sonidos reales y un animal real, donde cada función es necesariamente distinta.
LÀ importa más allá de Europa
Para un público hispanohablante poco familiarizado con el circuito europeo, Là ofrece una puerta de entrada privilegiada a una forma de teatro que no busca representar el mundo, sino reconectarnos con la experiencia de estar presentes en él. La obra no exige conocimientos previos ni referencias culturales específicas; apela directamente a los sentidos, al tiempo compartido y a la fragilidad del instante.
El estreno de esta versión en Toulouse confirma que Baro d’evel sigue explorando, sin concesiones, un teatro que se sitúa en los márgenes de lo clasificable. Là no es una obra fácil ni complaciente, pero sí profundamente honesta: una invitación a detenerse, mirar y escuchar —ahí, justo ahí— donde todavía puede surgir algo común entre los cuerpos.













