Este artículo es de hace 4 años

El mundo post COVID 19: ¿Una era de transición?

Es probable que la pandemia sea el punto crítico de la modernidad.

Ho Jin Park
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Han pasado 9 meses desde el brote de la COVID 19. Cuando publiqué un artículo al respecto en un diario coreano, el 29 de abril, casi no había en Corea quien relacionara la COVID-19 con una transición civilizatoria, pero ahora hay muchos artículos sobre este tema. La mayoría de ellos predice una nueva era. Pero, si así fuera, antes de caracterizar la era “post corona” debemos definir la era previa.

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Un grupo de connotados intelectuales coreanos publicaron este año un libro titulado “Corona Sapiens”. Es difícil decir que las opiniones de todos ellos sean unánimes, pero, en general, prevén una era “post corona” y ven los males del capitalismo como elementos desencadenantes de ello. Es decir, piensan que la era capitalista neoliberal dará paso a una nueva era. Por mi parte, prefiero ver la crisis originada por esta pandemia como el fin de la modernidad, más que del capitalismo. 

Aunque fue Baudelaire quien utilizó por primera vez la palabra “modernidad”, es difícil establecer cuándo comenzó esta era, pues eso depende de cómo se define la modernidad. No obstante, tiene al menos dos siglos y medio y se basa en tres pilares: el primero es la invención y desarrollo de la ciencia natural y la tecnología, algo que no tiene precedentes en la historia de la humanidad; el segundo, es el establecimiento del humanismo, que pone al hombre como centro de todo; y, basándose en esos dos pilares, el tercero es la constitución de las ciencias sociales, conjugando aquel humanismo con los patrones de la ciencia natural y la tecnología. Se pensaba que esos tres pilares de la modernidad eran consustanciales, por ello la era anterior a su establecimiento se llamó “premoderna”. 

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Consideramos la modernidad como una era singular en la historia del homo sapiens que comenzó hace al menos 200,000 años. Han habido varios incidentes que desafiaron la modernidad. Sabemos que la gripe española de 1918, la Primera y Segunda Guerras Mundiales, la Gran Depresión, la amenaza de una guerra nuclear, la crisis climática, etc., han minado el sentimiento de superioridad de nuestra modernidad. Sin embargo, el desafío decisivo se produjo a finales del siglo XX. Un conjunto de filósofos franceses insurgió declarando el fin de la filosofía y “deconstruyendo” la filosofía post cartesiana, fundamento de la modernidad. Además, el colapso de la Unión Soviética en 1991 y la crisis financiera en 2008 mostraron los límites de la modernidad y de los discursos comunistas y capitalistas surgidos desde las ciencias sociales.

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En ausencia de una alternativa provista por las ciencias sociales luego se produjo el estallido del Brexit, la elección de Trump, en Corea mucha gente denunció la inequidad y la precariedad económica tras las cifras de bonanza económica, y en América Latina se intensificó la migración ilegal, particularmente hacia los Estados Unidos. Es en estas circunstancias que irrumpió el COVID 19. Su impacto es tan grande que la gente piensa que estaremos felices si regresamos a nuestra vida cotidiana tal como solía ser antes de la pandemia.

Nuestra modernidad se caracterizó por el notable desarrollo de la ciencia natural y la tecnología. Pero, incluso antes de la COVID 19, no funcionaban con éxito sus otros dos pilares: el humanismo y las ciencias sociales. De hecho, ya había una crisis de la modernidad antes de la pandemia. Esa crisis se mostró claramente en la película coreana “Parásitos”. Como vemos en ella, es difícil decir que la vida de un agente de seguridad de un apartamento coreano en 2019 o la de una empleada no regular que trabaja en un hipermercado sea mejor que la vida ‘premoderna’ de un vigilante nocturno en la dinastía de los borbones o la de una criada en el palacio de Versalles, en términos de derechos humanos, libertad, igualdad y redes de seguridad social; aunque los guardias de nuestro tiempo pueden ver la televisión en un estrecho cuarto, con un teléfono celular a la mano. 

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Pero, ahora la ciencia natural (y la tecnología), que fue el punto de partida de la modernidad y su línea Maginot, experimenta una crisis. Ciertamente, durante los 250 años de historia de la modernidad, la ciencia natural y la tecnología siempre han enfrentado crisis y desafíos, pero la humanidad estuvo básicamente preocupada por sus efectos secundarios, sin dudar de la posibilidad de controlar la naturaleza mediante ellas. Sin embargo, esta creencia se ve sacudida por la pandemia de la COVID 19. Es probable que la pandemia de la COVID 19 sea el punto crítico de la modernidad.

Sabemos que aún si la epidemiología no consiguiera una vacuna para la COVID 19, eso no significaría el fin de la ciencia natural; reconocer los límites de la ciencia natural y la tecnología no es algo que ponga fin a la modernidad. Sin embargo, la razón por la que la pandemia de la COVID 19 nos impacta en gran escala es porque las paredes de la presa gigante llamada modernidad ya se han agrietado. Es probable que el fracaso ante la COVID 19 sea una señal del fin de la modernidad.

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Soy un profesor coreano de estudios latinoamericanos en mi país. Cuando mis paisanos llegan al Perú, habiendo visitado Machu Picchu me preguntan: “¿Por qué los incas se perdieron poseyendo la asombrosa tecnología de cortar piedras tan sofisticadamente como si se hubiera hecho con láser? Las generaciones futuras, después de mil años, también pueden plantearse similares preguntas con respecto a nuestra era: “¿Por qué un hombre moría de obesidad, comiendo demasiado?”, o “¿por qué la gente cargaba todo el día un objeto del tamaño de su palma y lo miraba sin cesar?”

No estoy diciendo que los logros de la humanidad durante los últimos 250 años no sean notables. Sin embargo, el orgullo por la modernidad solo proviene de hombres con valores modernos. El antropólogo brasileño Eduardo Viveiros de Castro señala el narcisismo de la gente moderna. Nunca hemos recibido un mensaje de felicitación de seres distintos a nosotros, como perros, gallinas, vacas, extraterrestres o dioses, dejando notar que nuestra civilización moderna es maravillosa. Pensemos cómo se reflejaría nuestra modernidad en los ojos de la gente “premoderna”, con otra escala de valores; por ejemplo, Jesús, Confucio o Buda.

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Bruno Latour publicó en 1991 el libro titulado “Nunca hemos sido modernos”. De hecho, antes de Baudelaire, en el siglo V, los cristianos usaron por primera vez la palabra “modernus” para distinguirse de los romanos “paganus”. Las generaciones futuras, después de mil años, no llamarán a nuestra era “modernidad”. Entonces otros serán los “modernos”. ¿Cómo llamarán ellos a nuestra era? ¿”Edad oscura”, como nosotros llamamos a la Edad media?

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