Los cambios sustanciales y de escala planetaria emergen y se desenvuelven sin pausa hacia la configuración de un nuevo escenario. Es urgente ponerse a observar y pensar con calma para articular explicaciones. Una mirada desde fuera hacia dentro puede ser un buen camino para abordar los problemas de entornos limitados urgidos de derroteros fiables.
Los escenarios candentes de Ucrania planeada por los señores de la guerra, están ocurriendo fuera del plan y del libreto escrito. Rusia gana la guerra frente a la OTAN junta, los países más influyentes de Europa con Alemania, Francia e Italia a la cabeza, Gran Bretaña y los Estados Unidos de Norteamérica. No es poca cosa, teniendo en cuenta todo el arsenal utilizado, el asesoramiento destinado y los efectivos militares de alto rango enfrentados al fracaso.
La matanza indiscriminada y el asesinato de niños en Gaza, calificada por los organismos internacionales de genocidio, es una guerra sostenida y apoyada por una superpotencia. Desaprobada por la comunidad internacional y condenada por las conciencias más despiertas del planeta. Amarrada a una paz forzada donde el territorio es dividido entre lo que será el botín y lo que será el gueto de los que no quieren rendirse para vivir entre los escombros.
El acoso y el bloqueo de Venezuela hasta ahora es una intimidación mediante el poderoso portaaviones Gerald Ford en el Caribe y el acercamiento del Boeing RC-135 al aeropuerto de Guyana. ¿Es la persecución del narcotráfico lo que tanto les preocupa a los norteamericanos? No, sin duda. Es el mayor yacimiento de petróleo probado y de las riquezas naturales. Sumado a la defensa cerrada de la población y la disuasión de la presencia de submarinos rusos, la poderosa aviación y los misiles que no tienen parangón.
Surge una pregunta inquietante y silenciada por las élites globalistas centradas en las ganancias: ¿Qué ha ocurrido y qué sucede con aquella Europa que alguna vez fue faro intelectual? Ha enmudecido y se ha convertido en otro patio trasero que ya no cuenta en la mesa de negociaciones respecto de la paz en Ucrania y Gaza, menos cuando hay que inmiscuirse con la política global en crisis. No cuenta en el debate y las decisiones para darle rumbo al mundo. Ni acción, ni teoría, la ganancia y el lucro. Es cómo decaen las ideas y menguan las acciones. Corolario: Habermas ya no se lee.
Hay datos alarmantes, hay detonantes y causas cada vez más inocultables. Ya nadie duda que la imposición de aranceles irracionales a China e India y las sanciones a Rusia para someterlas no lograron sino el fracaso. Una vez más, la realidad y no las reglas son las que priman; el poder político y la correlación de fuerzas son las que configuran el poder que moldea el mundo.
La milenaria China mal entendida se ríe de las sanciones, Rusia conecta con India, China, Irán y el resto del mundo encuentra espacios para comerciar. Las sanciones son letra muerta y el declive industrial europeo por la falta de energía barata proveniente de Rusia es inocultable.
Teoría y acción que mueven el mundo provienen de las ciencias y las tecnologías convertidas en artefactos de diferente complejidad y magnitud. La inteligencia artificial presente y actuante en la vida diaria, en la industria, en la educación, en la política y la prensa crean escenarios nuevos cuyo conocimiento escapa a los cerebros que fueron ilustrados. Y la inmensa cantidad de datos que se acumulan debido a las aplicaciones atiborrando cerebros exigen mucho más. Exigen nuevas teorías de las que carecemos.
Las próximas elecciones serán un laboratorio que, mirado desde la ciencia política, la sociología, la historia, la psicología y la biología, para no abundar, permitirá bosquejar el mapa que nos espera. No serán los discursos de los políticos sino los movimientos sociales y la juventud los que sugerirán rumbos para nuestro incierto futuro.











