Microsoft inició un proceso de cierre de al menos 15 sucursales y empresas conjuntas en China durante los últimos cinco años, según documentos corporativos publicados recientemente. Esta decisión responde a una estrategia para reducir su exposición en el mercado chino debido a desafíos crecientes relacionados con la geopolítica y regulaciones locales.
En 2023, Microsoft evaluó la posibilidad de abandonar el país asiático, informaron fuentes de la compañía a Reuters. Algunos ejecutivos argumentaron que los riesgos geopolíticos superaban el beneficio económico obtenido en la región. En 2024, China representó solo el 1,5% de los ingresos globales de la empresa de tecnología.
Relación histórica y desafíos recientes
El vínculo entre Microsoft y las autoridades chinas se remonta a los años noventa. Bill Gates visitó China en 1994 y fue recibido por el entonces presidente Jiang Zemin, quien recomendó al fundador de Microsoft estudiar la historia y la cultura del país. Desde entonces, la empresa fortaleció lazos con el Partido Comunista Chino e invirtió en asociaciones e incubadoras locales.
La compañía aceptó requisitos de censura que otros gigantes tecnológicos estadounidenses, como Google, rechazaron implantar. Steve Ballmer y Bill Gates, líderes de Microsoft en 2010, calificaron de exageradas las preocupaciones de Google sobre censura y ciberataques en China.
Sin embargo, las relaciones comenzaron a complicarse desde mediados de la década de 2010. Tras revelarse información sobre supuesta colaboración de empresas estadounidenses con Washington, aumentó la desconfianza del gobierno chino hacia las tecnologías extranjeras.
En 2017, China impulsó nuevas directrices para la adquisición de tecnología en organismos estatales. Según Microsoft, ninguno de sus sistemas operativos fue considerado compatible con los estándares de seguridad pública exigidos por el gobierno. Así, la empresa presentó Windows 10 China Government Edition, negociado por el CEO Satya Nadella con los funcionarios del Ministerio de Finanzas, aunque el producto tuvo limitada acogida, según Alain Crozier, exdirector general de Microsoft China.
Negocio en el sector privado y salida de talento
Pese a las restricciones y la pérdida de mercado estatal, la empresa mantuvo actividad en el sector privado. Microsoft consolidó una base de clientes entre empresas chinas con presencia internacional, como ByteDance y Shein, que utilizan su plataforma en la nube Azure para administrar datos y acceder a modelos de inteligencia artificial desarrollados en Occidente.
Funcionarios de la compañía informaron que Azure permite a clientes chinos operar bajo regulaciones extranjeras, utilizando herramientas de proveedores como OpenAI, que no funcionan directamente en China.
Sin embargo, la expansión de los servicios de inteligencia artificial y nube de Microsoft en China se vio limitada por recientes restricciones estadounidenses sobre exportación de tecnología avanzada. Estas medidas restringieron el acceso de los ingenieros chinos a chips y modelos de IA de última generación.
La política actual también afectó la retención de talento especializado. Microsoft contribuyó durante décadas a la formación de capital humano en el país a través de Microsoft Research China, base de importantes ejecutivos en firmas emergentes de inteligencia artificial como SenseTime y DeepSeek. Como respuesta a las limitaciones, la empresa instaló nuevos laboratorios en Vancouver, Singapur y Tokio.
En 2024, Microsoft ofreció oportunidades de traslado laboral a alrededor de 1.000 ingenieros de alto nivel hacia Estados Unidos y otros tres países occidentales, pero solo cerca de un tercio aceptó, de acuerdo con información citada por Reuters.
Pese a las complejidades del entorno, el exdirector Alain Crozier sostuvo que la relación con las autoridades chinas sigue siendo sólida en comparación con otras tecnológicas extranjeras: “Debido a la geopolítica… algunos días es un poco más difícil, pero nunca tuvimos una crisis”, afirmó.
La última encuesta de la Cámara de Comercio Estadounidense en China señaló que solo el 52% de los ejecutivos consideran al país una prioridad de inversión, frente al 62% registrado cinco años atrás.












