Hoy, 1 de agosto, la Iglesia católica celebra la festividad de San Alfonso María de Ligorio, un emblemático teólogo y obispo, cuya dedicación a la evangelización y su legado escrito continúan inspirando a fieles en la actualidad.
San Alfonso nació en 1696 en una familia noble en Nápoles, Italia. Desde joven mostró un elevado intelecto, completando sus estudios en derecho civil y canónico a la temprana edad de 16 años. A pesar de su destreza como abogado y las oportunidades laborales prometedoras que se le presentaban, Alfonso decidió cambiar el rumbo de su vida al optar por un camino religioso. Esta decisión lo llevó a ser ordenado sacerdote en 1726.
Con una ferviente pasión por las almas, San Alfonso se convirtió en un defensor de la formación cristiana. Fundó la Congregación del Santísimo Redentor en 1732, institución dedicada a evangelizar a aquellos que carecían de educación religiosa. A través de sus predicaciones, buscaba extender la enseñanza del amor de Dios y la práctica de la moral cristiana. Su labor no estuvo exenta de dificultades, enfrentándose a numerosos desacuerdos y obstáculos, que no lograron desalentarlo.
En 1762, Alfonso fue nombrado obispo de Sant’Agata dei Goti, donde ejerció su ministerio con dedicación. Sin embargo, la salud le pasó factura y tuvo que renunciar a su cargo 15 años después, debido a problemas de salud que lo llevaron a retirarse a Nocera de’ Pagani, donde continuó dedicándose a la oración y la escritura. Sus obras, enfocadas principalmente en la teología moral, han tenido un impacto duradero, posicionándolo como uno de los principales referentes en esta área durante el siglo XVIII.
Finalmente, San Alfonso María de Ligorio fue canonizado en 1839 y fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1871, un reconocimiento a la profundidad y relevancia de sus enseñanzas. Es considerado el patrono de los abogados católicos, los moralistas y los confesores. Su festividad no solo es un homenaje a su vida, sino también un recordatorio de la influencia que puede tener una vida dedicada al servicio y la enseñanza de la fe.
Además de San Alfonso, el santoral de hoy incluye a otros santos, como:
- San Secundino
- San Félix de Girona
- San Eusebio, obispo de Vercelli
- San Exsuperio
- San Severo de Aquitania
- Santos Friardo y Secundino
- San Jonato
- San Ethelwoldo
- Siete santos hermanos mártires de Antioquía
- Beato Emerico de Quart
- Beato Juan Bufalari
- Beato Pedro Favre
- Beato Tomás Welbourne
- Santos Domingo Nguyen Van Hanh (Dieu) y Bernardo Vu Van Due
- San Pedro Julián Eymard
- Beato Bienvenido (José) de Miguel Arahal
- Beato Alexis Sobaszek
- Beatas María Estrella del Santísimo Sacramento (Adelhaidis) Mardosewicz y sus diez compañeras
¿Qué es el santoral?
El santoral católico es un calendario que registra las festividades de los santos y beatos reconocidos por la Iglesia. Cada día del año está dedicado a una o varias figuras santas, quienes han sido veneradas por su vida ejemplar y su cercanía con Dios. El Martirologio Romano es el documento que organiza este listado, incluyendo casi 7,000 santos y beatos a lo largo de la historia de la Iglesia.
¿Por qué se celebra el día del santo?
La celebración del día del santo es una tradición que permite a los fieles recordar y honrar a aquellos que han llevado una vida ejemplar, a menudo como modelos de virtud cristiana. Estas festividades no solo conmemoran a personas específicas, sino que invitan a la comunidad a reflexionar sobre los valores que promovieron, reforzando la espiritualidad y la identidad de la fe católica.
¿Cómo se convierte alguien en santo?
El proceso de canonización es un procedimiento riguroso que evalúa la vida y las virtudes de un candidato a santo. Comienza con una investigación que analiza sus hábitos de vida, enseñanzas y testimonios de milagros atribuidos a su intercesión. Tras su fallecimiento, se requiere que hayan sido reconocidos por la Iglesia y, una vez completados los pasos necesarios, el papa puede canonizar a la persona, dándole el reconocimiento oficial como santo.
El camino hacia la santidad es un proceso que se da en un contexto de devoción y búsqueda de la vida cristiana, un compromiso que sigue vigente en la práctica contemporánea de la fe.








