El regreso de Dan Levy a la televisión llega marcado por una voluntad clara de ruptura. Tras el éxito global de Schitt’s Creek, el creador canadiense presenta Big Mistakes, una serie que se estrena mundialmente el 9 de abril de 2026 en Netflix y que se sitúa en un territorio híbrido entre la comedia familiar y el thriller criminal contemporáneo.
La premisa es tan sencilla como eficaz: dos hermanos completamente desbordados por sus propias decisiones terminan atrapados en el mundo del crimen organizado tras un error aparentemente menor. A partir de ahí, la historia se construye sobre una cadena de equivocaciones que, paradójicamente, les permiten avanzar.
Levy reconoció durante la rueda de prensa que el giro tonal respecto a su anterior trabajo responde a una necesidad personal más que a una estrategia calculada. Tras años dedicado a una comedia cálida, sintió la necesidad de explorar un registro distinto: “quería explorar algo completamente diferente y divertirme mucho haciéndolo”. Esa búsqueda le llevó a imaginar cómo reaccionaría alguien como él en un entorno criminal, una idea que rápidamente derivó en el núcleo de la serie.

El resultado no es un thriller convencional. El verdadero motor de Big Mistakes es la familia, entendida como un espacio de afecto, pero también de conflicto permanente. Levy insiste en que, más allá de la tensión narrativa, lo importante era construir personajes reconocibles, con dinámicas emocionales creíbles. En sus palabras, el objetivo era combinar “la tensión del mundo del crimen y la comedia sin sacrificar ninguno de los dos” .
Para lograr esa sensación de autenticidad, el equipo optó por una puesta en escena poco ortodoxa. Se rompe con las convenciones televisivas clásicas: las cámaras permanecen activas durante largos periodos, los actores improvisan y los diálogos se solapan. Levy explicó este enfoque como una forma de capturar la realidad: “tiramos por la borda muchos de los elementos convencionales de hacer televisión” .
En ese entramado destaca la figura de Laurie Metcalf, encargada de interpretar a la matriarca. Su incorporación al proyecto fue, según Levy, casi un golpe de suerte. El creador recuerda haber enviado el guion con cierta incertidumbre y recibir una respuesta positiva en cuestión de días: “grité en voz alta” . La actriz, por su parte, subrayó el carácter único del rodaje, describiéndolo como un proceso donde los intérpretes podían experimentar libremente dentro de cada escena.
La serie, compuesta por ocho episodios de 30 minutos, apuesta por un ritmo ágil y vertiginoso que no da tregua al espectador. Cada capítulo funciona como una pieza autónoma, pero al mismo tiempo contribuye a una narrativa mayor que, según Levy, apenas comienza al final de la temporada. “cuando terminamos la primera temporada, en realidad estamos empezando” .
Uno de los aspectos más complejos del proyecto ha sido mantener el equilibrio entre comedia y tensión. Levy defendió que el desafío consistía en no sacrificar ninguno de los dos registros. La serie debía ser divertida sin perder peligro, y tensa sin dejar de ser humana.
En este equilibrio juega un papel fundamental Taylor Ortega, que interpreta a Morgan. Su personaje combina sarcasmo y vulnerabilidad, dos elementos que, según la actriz, son inseparables: “necesitas una cosa para que la otra funcione” . La comicidad surge precisamente de las malas decisiones, de esa incapacidad para actuar de forma lógica incluso en situaciones límite.

Más allá de sus protagonistas, Big Mistakes se construye como un relato coral. Levy destacó la importancia del proceso de casting, señalando que los actores no solo interpretan los personajes, sino que los transforman. El reparto funciona como un organismo vivo, en constante evolución.
El tono general, lejos de buscar la comodidad del espectador, apuesta por la inestabilidad emocional. La propia Metcalf lo resumió como una experiencia marcada por cambios bruscos: “pasas de la comedia a una intensidad enorme… en cuestión de segundos” .
En un panorama televisivo donde muchas propuestas repiten fórmulas, Big Mistakes destaca por su voluntad de riesgo. Levy no busca replicar el éxito anterior, sino construir algo diferente, incluso incómodo.
Y en ese desplazamiento hacia lo imprevisible, encuentra su identidad: una serie donde el error no es una excepción, sino la norma.











