En el bullicioso stand de Colombia en el MIFA (Marché International du Film d’Animation), la sección industria del Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, encontramos a Diego Gaviria, director y productor de 3n+1, el 10 de junio de 2025.
Este festival, que se celebra del 8 al 14 de junio en Annecy, Francia, es el evento más importante del mundo en animación, atrayendo a miles de creadores, productores y distribuidores. El MIFA, del 10 al 13 de junio, es su corazón comercial, un espacio donde se cierran acuerdos, se presentan proyectos y se tejen redes que impulsan la industria global de la animación.
Ver a Gaviria en este escenario, representando a Colombia, es un testimonio del talento emergente del país.
Con una mezcla de orgullo y emoción, Gaviria describe su presencia en Annecy como “el sueño de toda la vida desde pequeño”. Su corto, seleccionado en la categoría Midnight Specials —reservada para obras experimentales y para mayores de 18 años—, fusiona fantasía y un toque oscuro que lo hace único. “A primera vista te da una sensación muy mágica, pero tiene su veneno”, explica, destacando los detalles que dotan al proyecto de una identidad particular. Este trabajo, que tomó una década en producirse, es la materialización de una visión que comenzó cuando Gaviria, a los 10 años, se enamoró de la animación 2D, inspirado por Hayao Miyazaki y el anime japonés. “Es como la consolidación del sueño del Diego de cuando tenía 10 años”, confiesa.
El corto refleja su pasión por la fantasía, un género que, según él, aprovecha el potencial ilimitado de la animación. “Considero que la animación, por naturaleza, es fantástica porque te permite hacer lo que sea. No tiene sentido hacer algo real”, afirma. Aunque sus gustos han evolucionado hacia historias más profundas y maduras, este proyecto se mantuvo fiel a esa “visión romántica” de su juventud, con un equilibrio entre magia y un trasfondo oscuro que lo alinea con festivales de género como Sitges y la propia Midnight Specials de Annecy.
El camino hasta Annecy estuvo lleno de retos. Gaviria, quien estudió en la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá pero se define como autodidacta, comenzó en la industria de la animación a los 18 años, trabajando en proyectos de estudios que, en su momento, eran referentes en Colombia. “Eso me permitió rodearme de gente muy talentosa que fueron, de cierta manera, tutores”, recuerda. Sin embargo, su aprendizaje fue principalmente autónomo, alimentado por retroalimentación constante y un proceso de prueba y error. Esta experiencia forjó su versatilidad, clave para un proyecto tan ambicioso como su corto.
Financiado inicialmente por el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC) de Colombia, el corto avanzó rápidamente durante tres años, alcanzando un 60-70% de su desarrollo. Pero cuando los recursos se agotaron, Gaviria asumió solo la producción. “Me tocó aprender a animar, me volví experto en fondos”, dice con una mezcla de humor y resignación. Aunque siempre fue hábil en composición, los últimos tres años lo convirtieron en “un animador experto sin querer”, obligado por la necesidad de completar el proyecto. Esta dedicación no estuvo exenta de sacrificios: “Me lesioné la mano” durante la frenética etapa final, admite.
El recorrido del corto por festivales comenzó con una apuesta arriesgada en el Festival de Sitges 2024, un referente mundial en cine de género fantástico y de terror. Gaviria envió el proyecto como work in progress, con claquetas sin terminar y “cero expectativas”. La selección los tomó por sorpresa: “No estábamos preparados, nos faltaba todavía mucho desarrollo”. Esto los obligó a acelerar la producción en tres meses intensos, una experiencia que describe como “una gota en un mar tan grande de proyectos” pero que le permitió entender “lo que realmente significa hacer cine de género”.
Luego vino Bogoshorts, el festival de cortometrajes de Bogotá, donde Gaviria se sentía “más seguro de quedar” por ser un evento local y porque “en el ámbito de la animación colombiana no somos tantos”. Sin embargo, la verdadera sorpresa fue Annecy. La espera por la confirmación fue un torbellino emocional: “Empezamos a ver que todo el mundo publicaba en redes sociales que habían quedado seleccionados: amigos, conocidos, gente de la industria, y yo, pues, ‘salgo rey’, no estaba el correo”. La tristeza dio paso a la euforia al día siguiente, cuando recibió la notificación de Midnight Specials, anunciada un mes después que otras categorías. “Toqué el infierno y el cielo en 24 horas”, resume.En el MIFA, Gaviria no solo presenta su corto, sino que consolida su estudio, 3n+1. “Estamos ahora aquí en MIFA, como cosechando un poco, sembrando más bien contactos, relaciones, aprovechando el ruido que genera estar en Annecy”, explica. La selección en el festival ya está abriendo puertas: “Es real que te da más recepción por parte de potenciales clientes”. Este impulso es crucial para un creador que lleva el apellido Gaviria, común en Colombia —“hay un expresidente, unas cuantas compañías famosas”—, pero que ha forjado su camino con un talento singular.
El stand de Colombia en el MIFA, donde Gaviria comparte su historia, es un reflejo del creciente impacto de la animación iberoamericana. Con un proyecto que combina pasión, sacrificio y una visión única, Gaviria no solo pone el nombre de su país en alto, sino que demuestra que los sueños de un niño de 10 años pueden conquistar los escenarios más importantes del mundo.










