Dimitri Planchon llega al FIFIGROT (Festival International du Film Grolandais de Toulouse, Francia) para acompañar el segundo pase de Blaise, la película que codirige con Jean-Paul Guigue. Tras pasar por Cannes y Annecy, el realizador habla de una obra nacida de su experiencia en el cómic, transformada en animación y atravesada por la dificultad de comunicarse y el miedo a la mirada de los demás.
Hay algo en el espíritu del FIFIGROT que Dimitri Planchon reconoce inmediatamente como propio. Antes de presentar Blaise ante el público del festival, el director define esa conexión sin demasiadas vueltas: «Es todo un espíritu de humor, de cine en el que me reconozco mucho. Algo que es bastante libre, que no está dentro de las normas».
Esa libertad también atraviesa la forma en que construyó a sus personajes. Cuando se le pregunta qué tiene Blaise de él, Planchon amplía la respuesta al conjunto de la familia: «No está solo Blaise, es Blaise y sus padres, que son realmente tres caras de mí mismo. Son realmente extracciones de mí mismo».
La película habla, según explica, «de la dificultad de comunicarse, de la preocupación por la mirada de los demás». Y añade: «Es verdad que son personajes en los que me reconozco mucho».
Pero esa dimensión personal no significa que Blaise sea una película solemne. Al contrario: el humor incómodo ocupa un lugar central. Planchon reconoce que una de las claves consiste precisamente en hacer que el público se sienta incómodo. «Con el humor incómodo nos divertimos haciendo que el espectador se sienta bastante incómodo».
La dificultad está en no cruzar el punto a partir del cual desaparece el placer de ver la película. «Hay una especie de equilibrio que encontrar entre la incomodidad del espectador y, aun así, una especie de placer que le damos». No habla de límites concretos, sino de «los límites de lo soportable». Y lo resume así: «No hay que hacer que la película sea insoportable de ver».
La libertad de la escritura también forma parte de ese proceso. Planchon no recuerda haber establecido temas concretos que no pudieran aparecer en la película. «No me prohíbo cosas, me las prohíbo si a mí no me gustan, eso es todo».
El origen de Blaise está en la historieta, pero el paso a la animación resultó mucho más natural de lo que podría parecer. Planchon ya trabajaba con personajes que podía mover: pupilas, cejas, bocas, brazos. «Al final, ya estaba animando esos títeres en cada viñeta que colocaba en los decorados que había construido».
La película utiliza animación 2D digital. «Está hecho con After Effects, que es un viejo programa de 2D, y es animación 2D». Los personajes están construidos como títeres diferentes según su posición. «El títere en el que están de frente no es el mismo que el títere en el que están de perfil».
Para Planchon, la técnica no supone abandonar su estilo anterior. «La animación fue realmente una prolongación natural de mi estilo». De hecho, la experiencia terminó cambiando su relación con el cómic: «Desde que hago animación, desde hace unos diez años aproximadamente, prácticamente no he vuelto al cómic. De repente sentí que ahí era donde me gustaba estar».
Por eso evita definir Blaise simplemente como una adaptación: «Para mí, la animación no fue una cuestión de adaptación. Fue realmente la continuación de lo que quería hacer. Es mi nuevo lenguaje».
La película, además, nació en condiciones muy alejadas de una gran producción. «Era realmente una película de animación muy artesanal, de muy bajo presupuesto que hicimos así, en una habitación, con muy poca gente». La producción duró dos años y fue, según el director, «muy intensa».
Quizá por eso la trayectoria posterior de Blaise resultó tan inesperada. Planchon y su equipo pensaban en «una pequeña salida muy íntima, muy discreta». La selección en Cannes cambió ese horizonte y dio «una nueva vida a la película que no esperábamos».
Ahora, después de los festivales, Planchon ya empieza a escribir su siguiente proyecto. No será, en principio, una nueva entrega de Blaise. «Tengo un poco de ganas de dejarlo de lado durante un tiempo». El personaje ya ha pasado por el cómic, una serie y el cine. Ahora, el director quiere descubrir qué puede contar con ese lenguaje que encontró en la animación.










