El Festival International du Film Grolandais de Toulouse inauguró este lunes su 15.ª edición en el American Cosmograph. Entre el homenaje a Noël Godin, la defensa del cine independiente y una programación que reivindica a los márgenes, el FIFIGROT volvió a convertir su apertura en una declaración de principios.
Quince años después de aquella primera edición que, en principio, debía ser única, el FIFIGROT sigue aquí. Y, fiel a su espíritu, no parece tener ninguna intención de madurar demasiado.
La 15.ª edición del Festival International du Film Grolandais de Toulouse, que se celebra del 14 al 20 de septiembre, quedó inaugurada este lunes 14 de septiembre a las 18:30 en el American Cosmograph. La ceremonia precedió a la proyección de Voilà c’est fini, primer largometraje en solitario de Gustave Kervern, presentado en presencia del director, aunque llegó tarde por no poder pasar su tren por culpa de un incendio cerca de las vías.
La primera intervención de la tarde corrió a cargo de Gérard Trouilhet, una de las figuras de la organización y de la programación del festival.
«Cuando empezamos la aventura hace quince años, tenía que ser una sola edición. Y finalmente la mayonesa cuajó y aquí estamos, todavía».
Una frase que resume la trayectoria de un festival que nació como una aventura puntual y que, quince años después, se ha convertido en una cita consolidada de la vida cultural de Toulouse.
Pero el FIFIGROT nunca ha sido solamente cine. Trouilhet recordó durante la inauguración que junto al programa cinematográfico están:
«la fiesta en el Gro’Village, las exposiciones, los conciertos, los encuentros literarios, los juegos completamente idiotas, etc., etc., etc.».
El festival vuelve este año a extenderse por diferentes salas y espacios de Toulouse, con el American Cosmograph, el ABC, la Cinémathèque, Le Cratère, Pathé Wilson, Utopia y otros lugares asociados a la programación.
Un festival hecho de voluntarios, salas y complicidades
Trouilhet quiso poner también el foco en quienes hacen posible el festival lejos de los focos.
«El festival no puede tener lugar sin los voluntarios, todo el equipo que trabaja durante todo el año, más los voluntarios que vienen a recibir a la gente, ya sean invitados o público, durante el festival».
También dedicó unas palabras a las salas de cine que colaboran con el FIFIGROT:
«El festival tampoco podría tener lugar sin todos los socios que nos ayudan, en primer lugar los cines».
La programación de esta edición reúne numerosas películas en competición y secciones temáticas, además de actividades paralelas.
Serge Regourd: «Es un souffle d’air pur»
Uno de los momentos institucionales de la ceremonia estuvo protagonizado por Serge Regourd, representante de la Región Occitanie.
Regourd recordó su relación con el festival desde sus comienzos y explicó que incluso formó parte del jurado de la primera edición, cuando todavía no era electo.
«Estamos muy contentos de apoyar el festival Groland, que apoyamos desde el origen».
El representante regional insistió especialmente en la singularidad del FIFIGROT.
«Este festival es un festival muy singular. No es asimilable a los demás y no es intercambiable».
Para Regourd, esa especificidad tiene una importancia especial en el contexto político actual.
«Es un souffle d’air pur que es extremadamente saludable».
Pero también quiso subrayar que el FIFIGROT es, ante todo, un festival de cine.
«Es un verdadero festival de cine. No es simplemente una huella de Bologne».
Regourd reivindicó además su propia relación con el cine y aseguró que acudiría a numerosas sesiones durante la semana porque consideraba que la selección era particularmente rica.
Noël Godin, una ausencia muy presente
La celebración comenzó, sin embargo, bajo un signo de duelo.
El FIFIGROT quiso dedicar una parte importante de la inauguración a Noël Godin, fallecido recientemente y figura esencial de la historia del festival y de la cultura subversiva que lo rodea.
Gérard Trouilhet explicó por qué su figura resulta tan importante para el espíritu del FIFIGROT.
«La tarte à la crème de Noël Godin no es una bufonada, no es un homenaje al cine burlesco americano. Es un gesto político».
Y añadió:
«La subversión alegre es un arma más eficaz que la kalachnikov».
La llamada «tarte à la crème» de Godin fue presentada así como una forma de acción política basada en el humor, el absurdo y la provocación. Pero el homenaje no se limitó a esa dimensión.
Trouilhet recordó también a Godin como una auténtica «enciclopedia viviente» de los movimientos políticos de vanguardia y del cine.
«Creo que lo había visto todo, que lo conocía todo».
Y contó incluso una anécdota cinematográfica: Godin llegó a hablarle de una película prácticamente desconocida que finalmente resultó haber sido proyectada en 1972 en un festival de cine anarquista de Lausana.
«Solo Noël podía indicarnos sus joyas y guiarnos en nuestra cinefilia».
Benoît Delépine: «Fue el faro de nuestro pensamiento y de nuestra risa»
Después tomó la palabra Benoît Delépine, que conoció personalmente a Godin y que mantuvo con él una relación durante décadas.

Delépine recordó un momento particularmente difícil de su propia trayectoria profesional, cuando decidió viajar hasta Bruselas después de ver en las noticias una de las acciones de Godin.
«Me dije: es en su casa donde quiero ir».
Sin conocerlo personalmente, Godin y Sylvie lo acogieron durante una semana.
Delépine recordó aquella casa repleta de libros, películas y cintas, y la fascinación que le produjo descubrir el universo intelectual de Godin.
También recordó, con humor, cómo Godin le explicó que:
«todo se robaba».
El encuentro cambiaría la trayectoria de Delépine y su relación con el cine belga y con numerosos artistas y realizadores.
«Para nosotros, su muerte es más que importante. Ha sido el faro de nuestro pensamiento y de nuestra risa durante todos estos años».
Godin, explicó Delépine, fue mucho más que un personaje pintoresco. Fue un punto de referencia, una puerta de entrada a otros cineastas, otros movimientos y otras formas de hacer cultura.
El homenaje terminó, precisamente, con una invitación a seguir adelante.
«Basta con volver a pensar en él, en su manera de hablar, en su faconde, en sus objetivos, y también en su filosofía y sus convicciones para seguir adelante».
Quince años: la edad perfecta para no madurar
La segunda gran línea de la inauguración fue la propia edad del festival.
Quince años.
La presentación de esta edición convirtió esa cifra en una metáfora de todo aquello que el FIFIGROT quiere defender: la adolescencia, la contradicción, la provocación, la imaginación y la rebeldía.
«Quince años, quince años, la edad bendita del estupro pegado a las sábanas adolescentes».
A partir de ahí, el discurso recorría con humor y provocación las contradicciones de la adolescencia: las primeras emociones, las primeras manifestaciones, la experimentación, las horas de castigo, la necesidad de pertenecer y, al mismo tiempo, las ganas de romper con todo.
Pero la adolescencia no aparecía únicamente como una etapa vital.
Era también una posición política.
«Al menos los adolescentes buscan, experimentan».
Y más adelante:
«Son a menudo más informados, concernidos, implicados, angustiados también, pero sobre todo rebeldes, ecológicamente, socialmente, políticamente».
El discurso de apertura reivindicó incluso la capacidad de los jóvenes para utilizar palabras que incomodan.
«Dicen Gaza y hasta genocidio, calentamiento, fascismo y, sobre todo, dicen mierda cuando otros más envejecidos piensan en quién sabe qué».
La conclusión fue casi un manifiesto:
«Es haciendo tonterías como quizá se cambia el mundo».
Y también una invitación explícita:
«Seamos adolescentes, rebeldes, revoltosos».
Maxime Lachaud presenta una selección sin caminos marcados
La parte específicamente cinematográfica de la ceremonia correspondió a Maxime Lachaud, miembro del equipo de programación de largometrajes del FIFIGROT.
Lachaud puso el acento en la amplitud de la selección y en el trabajo realizado por el equipo de programación.
«La selección ha sido drástica».
La programación de este año mezcla películas consideradas auténticas joyas con obras raras, inéditas y restauradas.
«Hay tantas obras maestras que estamos muy contentos de volver a mostrar, a menudo en versiones restauradas, como inéditos y películas muy raras que veréis durante el festival».
Lachaud destacó también la presencia de películas en avant-première y de obras especialmente difíciles de encontrar.
Entre las propuestas de apertura estaba precisamente Voilà c’est fini, el primer largometraje en solitario de Gustave Kervern.
«Es realmente un regalo que nos hace Pyramid, el distribuidor, poder presentároslo».
La película, rodada en torno a Mauricio, combina una historia de amor con cuestiones relacionadas con las desigualdades sociales, el pasado colonial y el deseo de emancipación.
Siné, los márgenes y quienes rompen la correa
La edición número quince también incorpora una gran exposición dedicada al dibujante Siné, repartida por diferentes lugares del festival.
En paralelo, buena parte de la programación cinematográfica se centra en quienes se encuentran fuera de los caminos dominantes: «los que han roto su correa», «los que enseñan los dientes», los «gueux», los marginados y quienes construyen otros relatos.
La idea atraviesa también la segunda gran temática del festival, «La revanche des gueux», dedicada a los olvidados y a quienes permanecen fuera de los relatos dominantes.
El festival quiere así mirar hacia quienes permanecen en los márgenes y hacia las historias que normalmente no ocupan el centro.
«Ponemos en el centro a quienes están en los márgenes, allí donde se escriben no las apreciaciones y las correcciones, sino otras historias, otros relatos, otras posibilidades».
Una inauguración entre humor y política
La ceremonia terminó con una declaración de apertura que condensó el espíritu de toda la tarde.
«A la hora de las fronteras y de los espíritus que se cierran, hay que declarar abierta esta 15.ª edición».
Una edición que llega con la sombra de Noël Godin, pero también con la voluntad de continuar aquello que él representaba para el festival: la provocación, el humor como herramienta crítica, la cinefilia sin fronteras y la posibilidad de utilizar la risa para cuestionar aquello que parece intocable.
El homenaje terminó mirando hacia adelante.
A Noël Godin, pero también a quienes siguen haciendo películas, organizando festivales, programando obras difíciles, llenando salas y manteniendo vivo un espacio para las voces que se salen del camino.
«Continuemos siéndolo».
Adolescentes. Rebeldes. Revoltosos.
Y, sobre todo, espectadores dispuestos a entrar en las salas oscuras para descubrir aquello que probablemente no encontrarían en ningún otro lugar.
El FIFIGROT ya tiene quince años.
Y parece decidido a seguir sin comportarse como un festival adulto.










