Después de 37 años al frente del Festival de Cine de Aguilar de Campoo, Jorge se despide, dejando atrás un legado que ha transformado no solo la proyección de películas, sino la vida cultural de toda una villa. “Hoy es diferente al resto de los 37 años”, reconoce. “No tener el equipo que ha estado trabajando maravillosamente estos años me hace pasar el relevo, pero me voy muy agradecido a toda la gente que estaba detrás del festival. Para mí, es media vida”.
Desde sus inicios, el festival ha crecido a fuego lento. “Nunca habríamos pensado que el festival podía llegar donde está ahora”, recuerda. “No hemos tenido prisa, aunque a nivel político era complejo. Siempre decíamos: tranquilo, tranquilo, vamos a tener paciencia, estamos construyendo”.
Un inicio humilde con grandes sueños
Jorge evoca con cariño los primeros años: “El primer año presenté el festival con Ana… no se me olvidará. Era un grupo de amigos, no había una exposición, solo varias películas que se proyectaron. Ya en la tercera edición vimos que podíamos hacer una semana de cine español”. Películas como Amanece que no es poco deslumbraron al público: “La gente salía muy, muy flipada”, recuerda.
Poco a poco, la apuesta del festival se centró en el cortometraje: “A partir de la quinta edición ya metimos el cortometraje y cada vez que desaparecía el largometraje, más potencia le dábamos al corto. Creíamos que ahí era donde más podíamos decir”.
El festival también ha sabido incorporar la dimensión internacional. “Queríamos que entrara lo internacional. Nos costó al principio, pero luego volvimos y ahora mismo el festival tiene una programación internacional fantástica”.
De VHS al streaming: la revolución tecnológica
El cambio tecnológico ha marcado profundamente la historia del festival. “Fíjate, en 37 años lo que hemos vivido: mandar las bases en papel con sobres, recibir los trabajos en VHS, luego pasar del 35mm al digital. Todo eso facilitaba nuestra labor. Imagina recibir 500 películas en VHS y mandarlas a los jurados. Ahora es digital y el equipo de selección puede estar en Estambul o París”, explica Jorge.
Este cambio, además, democratizó la participación: “Aunque han llegado más trabajos, también nos hemos encontrado con pequeñas joyas. Lo mejor es que algunos no tenían muchos recursos, pero ahí estaba la creatividad”.
Filosofía del festival: democratizar y reconocer
Uno de los cambios más importantes que impulsó Jorge fue la especialización en cortometraje y la creación de un modelo de pago por selección. “Nos parecía injusto que un cortometraje se llevase todos los premios y otros quedaran fuera. Lo mejor era democratizar el premio”, señala. “La filosofía del pago por selección que seguimos manteniendo era que todos los trabajos que entraban en la sección oficial cobraban un dinero, y luego la estatuilla era el reconocimiento. Era mucho más democrático”.
Además, el festival ha abierto puertas importantes a nivel internacional. “Estar en la selección oficial del festival permite a los cineastas cobrar 200 € y participar en festivales más grandes o en los Premios Goya. Es un salto internacional fantástico”.
Jorge recuerda con orgullo cómo el festival ha ganado prestigio: “Es poner Aguilar ya no solo en el nivel nacional, sino en el mundo. El festival está dentro de los mejores. Cuando se preselecciona para los Goya fue una noticia muy valorada”.
Aguilar de Campoo: un pueblo que se proyecta al mundo
Para Jorge, el festival no solo es cine, sino también poner en valor a Aguilar de Campoo. “Es como una criatura que crece. El festival crece cuando los cimientos son sólidos, sin prisa, escalón a escalón. Cada año avanzamos poquito y consolidamos”.
Y la repercusión es internacional: “Presentación y salen noticias de Aguilar de Campoo: el pueblo de las galletas tiene un festival de cine. Salen periódicos en Colombia, México, Irán, China… cuando ves un pueblo de 7.000 personas hablando en todo el mundo, es extraordinario”.
Más allá del cine, el festival se integra en la vida del pueblo: “Tenemos un concurso de ollas, colaboramos con la Fundación San Juan de Dios para dar visibilidad a personas migrantes, hay carnaval, artes de calle… Aguilar es un museo vivo”.
Jorge subraya el valor de la comunidad: “Quiero que la gente vea que los migrantes no vienen a quitar el trabajo, vienen a colaborar, a hacer sociedad. El festival integra a todos. Marruecos, China, Venezuela, Paraguay… todas las comunidades están representadas en nuestras actividades”.
Hacia los Óscar: un sueño internacional
Uno de los proyectos que Jorge ve como un posible futuro es que Aguilar de Campoo se convierta en un festival calificador para los Premios Óscar: “Hemos trabajado en este tema durante años. Sé que Aguilar podría ser un festival perfeccionador, que seleccione cortometrajes para los Óscar. Sería un reconocimiento internacional enorme y pondría a Aguilar en el mapa mundial del cine”.
La proyección internacional del festival no es una idea abstracta: “Ya hay tres o cuatro festivales en España que califican para los Óscar, y Aguilar cumple todas las condiciones. Si lo conseguimos, sería un salto gigante para cineastas, para el pueblo y para la cultura española en general”.

Grandes nombres que han pasado por Aguilar
A lo largo de estas décadas, el festival ha recibido a cineastas de renombre mundial y ha sido trampolín para muchos premios nacionales e internacionales. Jorge recuerda con orgullo: “Hemos tenido a Pedro Almodóvar, que pasó por aquí en varias ediciones; también actores como Alfredo Landa… y cineastas que ganaron premios Goya después de estar seleccionados en Aguilar. Esto demuestra la calidad y el nivel del festival”.
“El festival se ha convertido en un referente. Los grandes nombres vienen, los cortos que proyectamos llegan a festivales internacionales, y Aguilar ya no es un pueblo de 7.000 habitantes, es un lugar que respira cine”, concluye Jorge.
Ejemplo de cortometrajes hispanoamericanos de este año
Colombia
- Una vez en un cuerpo – María Cristina Pérez González
- 09/05/1982 – Jorge Caballero y Camilo Restrepo
- Lucía quema el puente – Marcia Roldán
- Salsa – Antonella Kerguelén
- Diamantes y caracoles (el experimento) – Paola Michaels
- Quebranto – Issabella Rozo
- Nido de Cocodrilo – Jazmín Rojas Forero
- Mi demonio – Rossana Montoya
- Ako y el oscuro mundo de Atar – Iván Acosta Rojas y Edison Yaya
- Pasta Negra – Jorge Thielen Armand
México
- Domingo familiar – Gerardo del Razo
República Dominicana
- The Hip Hops – Sandra Vivas
Mirando atrás con orgullo
“Ha sido un viaje de 37 años, y me voy con una pena, porque no hemos logrado todo lo que quisiéramos, como que la zona se convierta en un gran plató de cine”, admite. Pero también con satisfacción: “Aguilar tiene luz cinematográfica, paisajes maravillosos para rodar, desde el mar hasta la nieve, pasando por la Montaña Palentina. Es un lugar perfecto para cine y series, anuncios y creatividad audiovisual”.
Jorge deja claro que su legado no se limita a premios y proyecciones: “Lo más importante es que el festival ha puesto a Aguilar en el mapa, ha dado visibilidad a cineastas y comunidades, y ha convertido un pequeño pueblo en un referente cultural”.
Tras casi cuatro décadas, Jorge deja el festival, pero su huella permanece. “Ha sido media vida, y estoy muy agradecido a todos los que hicieron posible este sueño. Ahora toca mirar hacia adelante y confiar en que Aguilar siga creciendo, poco a poco, con paciencia y pasión”.










