En pleno auge de los debates sobre territorio, violencia ambiental y tensiones rurales en México, un cineasta joven logró llevar una historia profundamente local hasta uno de los festivales más influyentes del mundo árabe. La Reserva, ópera prima del director mexicano Pablo Pérez Lombardini, compitió en el Doha Film Festival, en Catar (20–28 de noviembre), tras un proceso de creación de seis años y una filmación que obligó al equipo a caminar largas jornadas dentro de la selva. Se trató de una película austera, filmada con actores no profesionales, que retrató la resistencia de comunidades que defendían su tierra frente a la tala ilegal.
La presencia del filme en Doha no fue casualidad
El Doha Film Institute apoyó la posproducción del proyecto y posteriormente lo invitó a Qumra, un programa de desarrollo para películas en proceso. De ahí surgió la selección oficial. Lombardini lo resumió así: “Primero el Doha Film Institute nos dio fondos para la posproducción, luego nos invitaron a Qumra y, después de eso, se extendió la invitación al festival”. Para el director, la oportunidad confirmó que una historia mexicana podía viajar mucho más lejos de lo esperado.
A veces, lo local fue lo más universal
El cineasta llegó al Golfo con la duda de si un público árabe conectaría con una historia tan anclada a la realidad mexicana. La reacción lo sorprendió. Descubrió que “a veces las historias muy específicas son las que más resuenan, las que resultan más universales”, y aseguró que le “satisfizo mucho saber que podía conectar con gente de Medio Oriente también”.
Un origen doloroso: los ambientalistas asesinados
La película nació después de que Lombardini leyera un informe de Global Witness que documentaba asesinatos de defensores ambientales. México aparecía entre los países más peligrosos para ejercer esa labor. El director recordó que “en el rincón de México que indagues hay alguna actividad extractivista en la cual las poblaciones locales no son consultadas”, un diagnóstico que lo llevó a pensar que se trataba de un tema “fundamental de abordar desde el cine”.
Política y tierra: un problema que no se resolvió en un sexenio
Lombardini evitó respuestas simplistas sobre las expectativas de cambio político. Explicó que “la tenencia de la tierra es tan antigua y tan compleja que no la va a resolver nadie de la noche a la mañana”, y advirtió que cualquier avance debía partir de un principio básico: “respetar los espacios que proveen servicios ambientales: el agua, el aire, la biodiversidad”.

Actores no profesionales y una maestra clave
La interpretación naturalista de la protagonista fue ampliamente comentada en Catar. Lombardini atribuyó el logro al método de trabajo desarrollado junto con la maestra de actuación Tania Olhovich. Explicó que “jamás impusimos diálogos a los actores”, sino que se limitaron a clarificar los objetivos dramáticos para que “ellos enriquecieran la historia con elementos que integraban voluntariamente”. La apuesta dio como resultado una autenticidad que el público destacó.
Filmar en la selva: privilegio y agotamiento
La producción se realizó dentro de una reserva natural y exigió esfuerzos físicos poco comunes. El director admitió que “filmar dentro de la reserva implicaba caminar ocho horas cargando equipo, tratando de no afectar el ecosistema”, algo que él veía como un privilegio, aunque reconoció entre risas que “quienes cargaban el equipo a veces no lo veían igual”. El equipo pasó una semana aislado en plena selva, sin facilidades y bajo estrictos cuidados ambientales.

Una escuela pública que impulsó carreras
Formado en Letras Inglesas en la UNAM y en el Centro de Capacitación Cinematográfica, Lombardini subrayó el valor de estas instituciones. Señaló que “en muchos países estudiar cine cuesta una fortuna; en México tenemos escuelas cuasipúblicas donde uno recibe recursos extraordinarios para empezar”.
Un recorrido internacional que apenas inició
La Reserva se estrenó en Telluride, ganó los premios a Mejor Actriz, Mejor Director y Mejor Película en el Festival de Morelia, y continuó su recorrido en Toulouse. Sin embargo, Doha fue una experiencia especial para el director, quien valoró que “este festival no seleccione películas según qué tan famoso es el elenco”, y que priorice “la autenticidad y la voluntad de posicionarse sobre temas espinosos en esta región”.
Para Lombardini, la película confirmó que el cine mexicano aún tenía mucho que decir sobre la tierra, la violencia y la defensa del territorio. Y que, incluso lejos de casa, esas historias podían encontrar un eco inesperado.










