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La patria extranjera

Lo que hay debajo de la alfombra

En la última lista de convocados por Gareca hay 13 jugadores mayores de 30 años y solo dos con menos de 25 años.

Podemos confundirnos por los colores, pero no hemos visto una selección del fútbol peruano enfrentándose a Australia. Ha sido, en realidad, un conjunto de jugadores que representan el sueño de un país, un ideario nacional -de los pocos que aún pueden ser incuestionables- y que, al igual que la fundación de este país, empezó con un argentino. Porque el equipo que ha armado Ricardo Gareca tiene poco del fútbol peruano, ese que se disputa los fines de semana en estadios donde deambulan perros, faltan ambulancias y sobran ilusiones.

Ilusión: esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva. Del latín illusio, engaño. Pocos engaños tan felices como el de un equipo de futbolistas peruanos que nunca jugaron en el torneo nacional (exdescentralizado, apertura, clausura, ahora Liga 1), o que tuvieron un paso fugaz por el campeonato profesional (¿?), asentando su carrera en el extranjero, ese sueño dorado que aparece incluso antes de que lleguen a ser adultos.

Entre los primeros se cuentan a Carlos Zambrano, Renato Tapia y Gianluca Lapadula, y entre los que apenas han participado en el fútbol local figuran Alexander Callens, Luis Abram, Sergio Peña, André Carrillo y Santiago Ormeño. Ocho de la actual selección, sin contar a los dos nacionalizados (Gabriel Costa y Horario Calcaterra), o a los que fueron convocados anteriormente por Gareca, como Kluiverth Aguilar, Jean-Pierre Rhyner, Cristian Benavente y Paolo Guerrero.

No es de extrañar que los niños peruanos, esos que ahora llevan en su mayoría la camiseta nacional con un apellido originario de la región napolitana, y que quieren dedicarse al fútbol de manera profesional, sueñen con irse a Europa donde están los mejores clubes, a Estados Unidos, en donde existen jugosas becas deportivas universitarias, o a algún país árabe donde puedan ganar en petrodólares. Hay sueños de todos los gustos, pero todos con el común denominador de no hacer grande la patria de local.

Si bien esta situación puede parecer normal, ya que el mismo hecho ocurre con futbolistas de otros países (la mayoría de los seleccionados franceses han nacido o tienen padres oriundos de una nación africana), no sirve de paliativo cuando nos miramos en el espejo colgado en casa. Lo mismo pasa con el hecho de tener a la mayoría de los jugadores participando en ligas del extranjero (para el repechaje se contó con nueve, de 28 peruanos, que provienen de tres equipos limeños).

El problema está en que el buen nivel que tuvo la selección produce una ilusión: la de creer que existe la posibilidad de que un equipo, un solo equipo peruano, repita la única hazaña que parece importar: clasificar a un mundial.

gareca
Ricardo Gareca, DT de Perú.

Aspiramos a eso y tal vez a ganar una Copa América con ese mismo equipo. Ante los fracasos de los clubes, selecciones de otras categorías y de jugadores que no han logrado consolidarse pese a mostrar condiciones para este deporte, preferimos la crítica amarga, la burla pasajera y el acoso mediático, apelando al compromiso incondicional del hincha que sigue alentando a su equipo con la vincha tapándole la realidad: no tenemos más que un equipo competitivo, y en la última convocatoria hubo 13 jugadores mayores de 30 años y solo dos con menos de 25 años.

¿Se está trabajando para el futuro?

Parte de la explicación de esta crisis, tan manifiesta pero tan fácil de ignorar, del fútbol peruano podría estar en la interrupción de los procesos en las demás categorías de las selecciones nacionales. Gareca es el único técnico de la Federación Peruana de Fútbol que lleva escasos siete años con el buzo blanquirrojo; Gustavo Roverano, técnico de la sub-20, lleva cuatro meses, y Víctor Reyes está al mando de la sub-17 desde el 2020, un año menos que el tiempo que Ernesto Arakaki tiene al frente de la Unidad Técnica de Menores. El recordado Juan José Oré dejó la FPF en 2018, luego de 17 años con algunos de los pocos logros que ha tenido un equipo nacional.

Lo de los juveniles no es un problema menor, pero no es el único problema. A la desorganización de las divisiones infantiles hay que sumarle los torneos regionales defectuosos, la falta de estadios con instalaciones adecuadas (y campos de entrenamiento) y la nula competitividad de los equipos profesionales a nivel internacional; parte de una realidad que no se grita frente al televisor, que escasamente se aborda en los programas periodísticos deportivos, más cercanos al humor con las previas y memes, o al talk show con las mesas de comentaristas, pero carentes de análisis sobre la organización de ese deporte del que viven, por el que gritan hasta la afonía, pero al que no investigan a fondo.

Amar a la selección para explotarla comercialmente, desbordar de optimismo y aprovechar el clima social para desviar la atención de otros problemas sociales es tan contradictorio y común como contentarnos con que un peruano tenga éxito en el extranjero en algo en lo que aquí no se le puede dar oportunidad. Todo niño, juvenil y futbolista peruano dirá que su sueño es vestir la camiseta blanquirroja y jugar un mundial, pero para lograrlo es posible que primero deban irse lejos y cada vez a una edad más temprana.

De momento no se conocen casos de peruanos en el exterior que hayan preferido jugar por otras selecciones, pero cada tanto surgen nuevos nombres de chicos que podrían ser convocados por los países donde residen (sobre todo en Estados Unidos, España y otros países de Europa donde las colonias de migrantes peruanos son cada vez mayores). Se dice que se ama más a la patria cuando se está lejos de ella, pero bien le haría al fútbol peruano darle un poco más de aprecio a esos talentos que ahora mismo deben estar buscando su futuro con un mapa.

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