El presidente reelecto de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha celebrado su victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con un discurso en el que ha reivindicado el triunfo de la democracia frente al “negacionismo” y ha delineado las prioridades de su nuevo mandato: la regulación de las plataformas digitales, la educación tecnológica y protección de la sanidad y un papel activo del Gobierno federal en la seguridad pública.
Lula ha logrado un nuevo mandato tras imponerse con el 51,79% de los votos válidos (64,2 millones) frente al 48,21% (59,8 millones) del candidato ultraderechista –e hijo del expresidente Jair Bolsonaro– Flávio Bolsonaro. Con este resultado, el líder progresista protagoniza un hito histórico, al ser el primer candidato desde el retorno de la democracia en Brasil que logra revertir una desventaja tras quedar segundo en la primera vuelta para hacerse finalmente con la Presidencia.
En su primera comparecencia, acompañado de su vicepresidente, Geraldo Alckmin, Lula ha agradecido la masiva movilización ciudadana, con mención especial a los jóvenes, las mujeres y los ancianos. Alckmin, encargado de abrir el acto, ha expresado su “profundo respeto” por el mandatario, asegurando que “por segunda vez ha salvado la democracia brasileña”.
Durante su intervención, Lula ha endurecido el tono contra la desinformación y el papel de las grandes tecnológicas, advirtiendo de que el país ha tenido que enfrentarse a una “intromisión de fuera hacia dentro a través de plataformas digitales”. En este sentido, ha abogado firmemente por su regulación: “No es posible que no tengamos la convicción de que el delito en el mundo digital debe tratarse igual que el delito en la vida real (…) Esta elección ha sido una derrota del negacionismo, ha sido una derrota de la mentira”, ha asegurado el mandatario.
Asimismo, el dirigente ha criticado con dureza la postura de sus rivales políticos durante la campaña, confesando su “incomodidad” en los debates al enfrentarse al “representante genuino del milicianismo”, al que ha acusado de mentir reiteradamente y de carecer de “una pizca de humanismo”.
En cuanto a la gestión de su futuro gobierno, Lula ha anunciado un giro en la política de seguridad pública, un área tradicionalmente delegada a los gobiernos estatales. “Está demostrado que los estados no dan abasto. Vamos a intervenir para devolverles a las mujeres, a los hombres y a los trabajadores la tranquilidad que tanto necesitan. Al pueblo trabajador le brindaremos protección; a los delincuentes, la cárcel.”, ha sentenciado.
El presidente electo ha prometido también blindar el sistema público de salud (SUS, por sus siglas en portugués), evitar su privatización, y universalizar las ayudas económicas (‘pé-de-meia’) para evitar el abandono escolar en la enseñanza media y universitaria.
En el ámbito tecnológico, ha apostado por desarrollar una infraestructura propia: “No quiero depender de la inteligencia artificial china o estadounidense, quiero crear una brasileña”. Además, ha señalado que exigirá que parte de los grandes centros de datos (‘data centers’) impulsados por la energía renovable del país se dediquen a información nacional.
Frente a un Congreso de mayoría conservadora, Lula ha descartado gobernar desde la confrontación, recordando que trabajará basándose en la Constitución y tendiendo la mano al diálogo institucional. “Nadie está obligado a que le guste el presidente electo, pero ha sido elegido para gobernar para todos”, ha concluido.







