Miércoles, 17 de Agosto de 2022
14.9 C
Lima
Miércoles, 17 de Agosto de 2022
14.9 C
Lima

Opinión

Paco Moreno
Paco Moreno
Director Periodístico de EL PERFIL. Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde tuvo como maestros a César Lévano, Juan Gargurevich, Manuel Jesús Orbegozo, Óscar Pacheco, Julio Estremadoyro, Ricardo Falla, Sonia Luz Carrillo, Carlos Eduardo Zavaleta, Zenón Depaz, Aurora Bravo y otros grandes. Publicó dos libros de periodismo literario, "Gente como uno" (2011) y "Rebelde sin pausa" (2016), uno de cuentos, "El otro amor de mamá" (2012), y una novela, "El jinete en la hora cero" (2021).

Gisela miente como Keiko

Gisela Valcárcel acaba de decir que Keiko se convirtió en primera dama a los 15 años. Esto es falso. Fue a los 19 años.

Gisela Valcárcel acaba de mentir para ayudar a Keiko Fujimori. Ha dicho, tal como se puede oír en este video, que la candidata presidencial se convirtió en primera dama cuando era niña, cuando tenía 15 años. Esto es falso.

 

Keiko Fujimori nació en Lima el 25 de mayo de 1975, de modo que, hace unos días festejó sus 46 años. Cuando tenía 19, en agosto de 1994, asumió, en remplazo de su madre Susana, el cargo de primera dama y cumplió, al lado de su padre, la función de acompañarlo en sus actos oficiales, manejar dos fundaciones y mostrarse en encuentros presidenciales. No era una niña. Era adulta.

Gisela debe enterarse que dos años antes de que Keiko reemplazara a su madre, el 5 de abril de 1992, su padre Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos habían concretado el golpe con tanques y secuestros, y convertido al gobierno que empezó en 1990 en una dictadura que la ciudadanía sacó del poder en el 2000. Hasta este año, Keiko fue la primera dama, de modo que sabía todo de primera mano.

En marzo de 1992, Susana Higuchi, su madre, denunció que las hermanas de su esposo Alberto, Juana y Rosa, eran parte de un grupo de inescrupulosos que se quedaban con las mejores prendas donadas por Japón para el país y que solo repartían las ropas de ínfima calidad.

Esta primera grave denuncia contra Fujimori le costó a Susana el divorcio, maltratos y, tal como lo denunció la propia Susana, torturas hasta en los sótanos del Servicio de Inteligencia del Ejército, escenario de otras crueldades como las que se narra en el libro “Muerte en el Pentagonito”.

Gisela conoce de estos hechos y ahora nos quiere hacer creer que Keiko es una santa. Las denuncias de su madre Susana eran públicas y de gran despliegue por un sector de la prensa; sin embargo, Keiko, regresó de Boston donde estudiaba administración para reemplazar a su madre y como primera dama no se perdía reuniones con presidentes como el argentino Carlos Saúl Menem. Incluso, como primera dama de la dictadura, bailó haciendo el trencito con Hugo Chávez.

César Hildebrandt sostiene que Alberto Fujimori hizo a Keiko a su imagen y semejanza y que la obligó a traicionar a su madre enferma y plegarse a su régimen.

En 1994, cuando Keiko se convierte en la primera dama más joven del Perú, el Grupo Colina ya había perpetrado los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos bajo las órdenes de Fujimori y Montesinos. El 18 de julio de 1992 había secuestrado, torturado, asesinado y desaparecido a nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, y, el 3 de noviembre de 1991, en Barrios Altos, había masacrado a 15 ciudadanos erróneamente vinculados a Sendero Luminoso entre ellos un niño de apenas 8 años. Ahora, Keiko, con 46 años, trata de volver a Palacio en su tercer intento.

Ella fue parte de la cúpula de una dictadura que robó y asesinó. Keiko se defiende tratando de hacer creer que fue primera dama porque Susana se lo pidió, que su madre no dijo la verdad sobre las torturas y que ella no sabía nada de lo que hacía Montesinos. Se presenta como una señora que ha cambiado con el tiempo, pero en realidad es la misma de siempre, con mayor experiencia. No engaña a nadie ni a Vargas Llosa. Si Vargas Llosa pide votar por ella es porque cuida sus intereses y la de su hijo Alvarito.

Gisela Valcárcel acaba de sumarse a la campaña de Keiko; pero no con buenas intenciones, sino engañando, tratando de victimizarla. Es una pena.

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

Más información

Sigue leyendo

También lee

Más noticias