Angelitos de caso Odebrecht sin lógica y sin moral

Mentiras y flagrantes contradicciones entre los que saben que el dinero que gastaron o guardan salió de la Caja 2.

La historia de la ciencia, la tecnología y las humanidades son parte de los grandes cambios culturales, políticos y económicos. La ciencia y la filosofía surgen en Grecia hace seis mil años, junto con los cambios en la comunicación entre oriente y occidente e inmerso en las crisis sociales producidas en el mundo helénico. La matemática, la historia, la cosmología y todos los conocimientos eran uno, la ciencia y la filosofía eran una e indivisible.

Aquellos pensadores helénicos reflexionaron sobre la verdad, la justicia y la belleza, e inventaron conocimientos y valores que han servido de orientación y siguen incólumes como criterios para organizar nuestras vidas en sociedad. Quizá esta fue la razón de por qué nuestros grandes maestros, algunos hemos tenido, buscaron un sustento y un asidero en los clásicos. Y quizá por eso también propugnaron cursos de formación básica sólida como la matemática, la biología, la historia, la filosofía y la ética. Pero estamos atravesando momentos donde no solo la verdad está de capa caída sino la vergüenza. Se dicen tantas mentiras de proporciones y sin pestañar y lo dicen quienes “dictan cátedra” y son tenidos como referentes de nuestra vida peruana llena de enormes limitaciones no solo de bienes materiales sino de referencia ética y moral.

Una de las mayores invenciones de los griegos fue la lógica y en este campo específico el principio denominado “principio de no contradicción”. Dicho brevemente significa que una proposición no puede ser verdadera y ser falsa al mismo tiempo. Si alguien dice “no he recibido dinero de Odebrecht” luego andando los afanes de los días dice “he recibido dinero de Odebrecht”, con seguridad que miente, porque solo una de las expresiones debe ser verdadera. Los manuales de introducción al derecho dicen que de todas las faltas contra el razonamiento la contradicción es la más grande. De este modo los principios lógicos, orientan la vida civilizada y el entendimiento entre humanos. Abogados, jueces y políticos evitan inconsistencias y sobre todo en público.

Esta cuestión no es anticuada ni mucho menos, sobre todo para aquellos implicados con la cultura jurídica: el profesor Luigi Ferrajoli, el padre del garantismo, ha dedicado toda su vida al estudio del Derecho y en un hermoso como candente libro identifica las inconsistencias más notables en la obra del prominente Hans Kelsen. El título del libro lo dice todo: La Lógica del derecho: diez aporías en la obra de Hans Kelsen (2017). Su mérito es haber puesto de vuelta y media la obra del autor más influyentes entre los juristas. Pero algunos dirán que ya Kelsen fue superado, muchas veces sin haberlo estudiado. Par sostener la tesis de su aún poderosa influencia y vigencia les pido a los estudiantes -no a los doctores, embarcados en sus seminarios posdoctorales- recurrir a un indicador actual cuya medición y cuantificación es simple: Kelsen en uno de los autores más influyentes porque es uno de los más citados por el mundo académico del Derecho. No porque lo dice fulano o mengano. Pero, conviene recordar que en la época gloriosa de los griegos aparecieron los sofistas a quienes no les interesaba la verdad sino la persuasión a toda costa. ¿La historia se repite?

Otro argumento muy socorrido por los abogados de los implicados, cada vez más desesperados, es que la ética no tiene nada que ver con el Derecho. Como que caminaran “por cuerdas separadas”. Una cultura jurídica elemental, en pleno siglo XXI, permite sostener que algunos supuestos fundamentales que subyacen a los cuerpos legales son principios morales como aquel que dice que “la responsabilidad de probar la culpabilidad de los acusados recae sobre los fiscales”. Además, si ese argumento no fuera suficiente todos reconocen que el derecho tiene que ver también con la administración de justicia, es más, las obligaciones legales vinculantes implican moralidad. Derecho y moral se superponen o se solapan. Para terminar, basta recordar que la relevancia moral del concepto de dignidad humana es, como dice el profesor Ernesto Garzón Valdés, “una propiedad distintiva atribuido exclusivamente a todo ser humano viviente” (2011).

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