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“Cuándo desperté de la intubación, veía a gente morir diariamente”. ¿Y la vacuna? ¡Ay! siguió demorando

Mientras el Gobierno de Francisco Sagasti se enreda en trabas burocráticas, cientos mueren esperando la vacuna contra el coronavirus. La palabra del presidente está en juego.

“Cuándo desperté de la intubación, veía a gente morir diariamente. Es horrible”. “Me dicen que he llegado con neumonía”. “Ha llegado un límite en el que mi cuerpo ya no aguantó, no podía respirar, no podía agacharme, ni siquiera podía toser porque me dolía el pecho, la barriga. Era demasiado horrible porque arrojaba todo lo que comía”. Estos son tres testimonios de infectados, de los miles que existen, del virus de Wuhan, el coronavirus, la peste o, si quieren, el bicho maldito.

En el Callao, a pocos metros del local Criogas, del “Ángel del Oxigeno”, la fila de personas se desvanece a lo lejos, interminable. Desde un día anterior, hermanos, padres, madres, tíos aparecen con carpas y frazadas para hacer fila y, horas más tarde, llenar de oxígeno las bombas verdes que cargan con esperanzas. Algunos esperan madrugadas para llenar un balón de oxígeno que solamente les dura por tres horas.  

El Perú ya enfrenta una segunda ola de la COVID-19. Datos del Sistema Informático Nacional de Defunciones dan cuenta de exceso repentino de muertes. Con claridad, hay un rebrote en la mayoría de departamentos. En Huánuco, Pasco y Apurímac ya se superó el máximo de fallecimientos de la primera ola. El virus se convirtió en esa dieta que llevamos mal y, cuando la descuidamos, empieza el rebote con fuerza. 

Diariamente, a inicios del 2021, ya mueren, en promedio, 160 personas por casos confirmados de coronavirus, y se infectan 3000. El Perú es uno de los países más afectados por la pandemia de la COVID-19. El 2020 se fue, pero coludido con la peste se llevaron más de 30 000 compatriotas esperanzados en la llegada de vacuna anunciada en ese entonces por el expresidente Martín Vizcarra.

Francisco Sagasti, actual mandatario, anunció el 6 de enero que el primer lote de un millón de vacunas, de un total de 38 millones comprados a Sinopharm, llegaría antes de fin de mes. Hasta la fecha, a pocos días para terminar enero, la vacuna espera en un laboratorio chino con un rótulo estampado en sus cajas: “El peor enemigo de un peruano es otro peruano”. Enredos burocráticos en Perú y en China desvanecen el ápice de esperanza para combatir esta pandemia.

La Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid) aún tiene pendiente la autorización del ingreso de las vacunas al país. Según informaron representantes de la entidad, todavía no emitieron el permiso o registro condicional obligatorio porque están a la espera de que la empresa china Sinopharm envíe certificaciones y documentos del funcionamiento de su laboratorio en Pekín.

Dick Meek, de 89 años, y Shirley Meek, de 87, fueron una pareja inseparable desde la adolescencia y tenían 70 años de casados. Esperaron la vacuna Pfizer con la esperanza de seguir cumpliendo años juntos, al lado de sus hijos y nietos.  La pareja tenía programado recibir la primera dosis de la vacuna contra el coronavirus el 19 de enero, el día en que Dick cumpliría 90 años.

En 26 de diciembre presentaron síntomas de COVID-19, pero creían que era un simple resfriado. Cuando las molestias empezaron a aumentar, sospecharon del coronavirus, se hicieron la prueba y sus temores se hicieron realidad. Murieron el 16 de enero mientras se tomaban de la mano en un hospital de Ohio, Estados Unidos. Una de sus hijas dijo a un medio estadounidense: “Estuvieron así de cerca”. La pareja de octogenarios partió 3 días antes de recibir la vacuna. 

La usencia de la vacuna en el país representa dejar la puerta abierta al bicho maldito y desarmados en la lucha contra la muerte. Así como Dick Meek y Shirley Meek, a diario mueren entre 100 y 150 personas, entre ellos adultos mayores, esperando esa inyección de esperanza. Antes eran solo los ancianos, pero ahora los jóvenes también empiezan a interesarse en la vacuna porque esta segunda ola ya empezó a matarlos.

La empresa china Sinopharm aseguró que, en un plazo mínimo de 7 días, entregaría la información necesaria para que la Digemind la evalúe y empiecen a llegar las vacunas. El 27 enero se cumplen los días que prometió Sinopharm. Tras eso, Digemind tendrá que evaluar la documentación. La ministra de Relaciones Exteriores, Elizabeth Astete, afirmó que el millón de vacunas chinas estaban ya listas para su entrega al Perú. El presidente prometió que las vacunas llegarían antes del fin de mes. La palabra de Sagasti ya se puso en juego.

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