Este artículo es de hace 3 años

La censura como doctrina

Acción Popular, del ala de Manuel Merino, insinuó actitudes de censura desde los primeros días.

Tony Landa
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Las recientes renuncias en cadena de miembros del Instituto Nacional de Radio y Televisión del Perú (IRTP) avisaron la posible venidera de tiempos oscuros para las comunicaciones en el país en el recientemente derrocado gobierno de facto. Los motivos de estas salidas coincidieron en una sola cosa: censura.

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El efímero gobierno de facto de Manuel Merino de Lama insinuó este tipo de situaciones desde que el aún congresista de Acción Popular se instaló en el Palacio de Gobierno. Las múltiples aperturas a la posibilidad de censurar las noticias vinieron de nada más y nada menos que los rostros de su gobierno.

El primero en pedir una cobertura menos extensa de las históricas protestas contra Merino fue Ántero Flores-Aráoz, el expresidente del Consejo de Ministros. “Espero que ustedes (medios de comunicación) ayuden en el plan de no estar haciendo como si fuera la protesta mucho más grande de lo que es. Una cosa es informar y otra es exacerbar ánimos”, sostuvo el premier en Canal N.

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Pero lo dicho por Flores-Aráoz no llamó mucho la atención pese a que su pedido a la prensa sea digno de ser un guiño a la censura. Las revelaciones de Renzo Mazzei, quien ocupó hasta este domingo el cargo de Gerente de Prensa del Instituto Nacional de Radio y Televisión (IRTP), develaron por completo los intentos del entorno de Merino de tapar las protestas en su contra.

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“Recibí la llamada de un colaborador de confianza de dicha autoridad, que trabaja con él (Merino) desde el Congreso, para solicitarme que el canal dejara de informar sobre las protestas que en ese momento se transmitían en vivo por la señal del canal del Estado”, expresó Mazzei en una carta.

A Renzo Mazzei se sumaron nombres como los de Sonaly Tuesta, conductora del programa “Costumbres”; Eduardo Guzmán, presidente ejecutivo del IRTP; y Ricardo Bedoya, quien tenía a su cargo el programa “El placer de tus ojos”. Todos estos extrabajadores hicieron énfasis en la difícil situación del país y en la vulnerabilidad del derecho a la libertad de expresión.

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Un grupo de periodistas de TV Perú Noticias se manifestó en contra del intento de censura de parte del Gobierno a través de un comunicado. Ellos señalaron que “pretender imponer una censura sobre la transmisión es inútil”, pues la existencia de medios alternativos contrarrestaría la eventual toma del canal del Estado.

Ni siquiera se salvó una pareja de empresarios dueños de una imprenta en una galería del Centro de Lima. Ellos habían ofrecido la impresión gratuita de carteles en contra del régimen de Merino. Este mismo régimen haría que después ellos fuesen detenidos por la Policía Nacional del Perú (PNP) en su propio local y que después fuesen privados de comunicarse con sus familiares. 

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Pero para Merino no bastó tratar de engañar a los peruanos, sino que intentó hacerlo consigo mismo. Para él las protestas no representaban el clamor de su salida y su primer ministro, al cual no le contestaba el WhatsApp, también creía lo mismo. 

Cabe recordar que, su partido, cuyos valores tradicionales son presumidos en contrapeso a la actitud del congresista tumbesino, también ha visto manchada su imagen en el pasado por cometer actos que atentan contra los principios democráticos. Se practicó la censura como doctrina.

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Alguna vez, por ejemplo, el exministro Javier Alva Orlandini firmó la autorización de la quema de libros en el primer gobierno de Fernando Belaúnde, como se recordó en EL PERFIL. Lejos de prescindir del exfuncionario acciopopulista, el partido lo reivindicó y lo convirtió en presidente de la agrupación hasta cuarenta años después de lo sucedido.

Lo más probable es que la violación a la libertad de expresión durante este corto régimen de 5 días no quede impune. Es una era completamente distinta donde es seguro que todo salga a la luz. Sin embargo, puede que Merino de Lama piense completamente lo contrario. Tal como dijo el politólogo Vergara, el expresidente Merino se rodeó de gente que “no puede pronunciar la palabra Instagram”. 

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