La dignidad se impone al miedo

He leído decir hiperbólicamente en redes: "soy de derecha, pero ni aunque me corten la mano voto por la china", y "si nos jodemos, nos jodemos con dignidad".

El vendaval de preferencias electorales que viene cosechando Pedro Castillo, pese a lo maximalista de sus propuestas y el temor que ha despertado en algunos sectores, significa que la gran mayoría asume bizarramente cualquier riesgo antes que votar por Keiko Fujimori.

He leído decir hiperbólicamente en redes: “soy de derecha, pero ni aunque me corten la mano voto por la china”, y “si nos jodemos, nos jodemos con dignidad”. Lo cual parece indicar que, en los tiempos que vivimos, no todos piensan con el bolsillo y hacen acopio de esa intrépida reserva moral que aflora en los momentos más críticos de la nación, como sucedió en la gesta de la Independencia, la Guerra con Chile o los convulsionados años de la dictadura fujimontesinista.

Y razones no les falta para rechazar la candidatura de Keiko Sofía Fujimori, ya que, estando acusada a 30 años de cárcel por liderar una organización criminal, el sentido más elemental de lo ético no admite la vergüenza e indignidad de que 32 millones de peruanos estemos personificados ante la historia y el mundo entero por un personaje de esa calaña, y menos aún en el año del Bicentenario.

En ese noble sentimiento de inmolación, la gente siente que estamos ante una tenebrosa yakuza japonesa, ya que el marido, Mark Vito Villanela, también está acusado a 22 años por lavado de activos, el padre y ex dictador condenado a 25 años por asesinato y secuestro; para el hermano Kenji el fiscal ha pedido 12 años por tráfico de influencias; los tíos Víctor Aritomi, Juana y Rosa Fujimori prófugos en el país nipón, por haberse enriquecido ilícitamente con la ropa donada a los pobres del Perú en los infaustos años 90. Eso sin contar al tío Vladi, que no lleva el apellido, pero no hay duda que, pertenece a ese clan del crimen por mérito propio, como también los 207 condenados por la corrupción gangsteril de esa época.

Sin embargo, no es solo el antivoto el que beneficia largamente a Castillo, también es el sentimiento de rabia contra la clase política que ha gobernado el país en los últimos cuarenta años, donde, llegada la pandemia, muere el que no tiene plata para comer o comprar oxígeno a precios de asalto a mano armada. Lo cual explica el aparatoso fracaso del terruqueo que la indignación ha convertido en boomerang contra la poderosa maquinaria de demolición de la derecha política, mediática y económica, devolviéndoselo en preferencias a Castillo para aumentar el pavor de aquella. “Tu terruqueo es mi progreso”, es la ingeniosa frase difundida en facebook y whatsapp que mejor resume lo dicho.   

También son preferencias de esperanza a que la gente se aferra con legítimo derecho, al sentirlo igual a ellos hasta en el humilde pero enérgico hablar. Esperanzas de cambio que la veintena de candidatos de la primera vuelta no lograron inspirar por lo demagógico y artificial de sus palabras, y que ahora más del 40% de electores desea, pese al pánico financiero que la derecha bruta y achorada viene tratando de implementar con la subida especulativa del dólar y la millonaria inversión publicitaria para asustar con el fantasma del comunismo, que suele usarse en estas circunstancias desde inicios del Siglo XX para conjurar cualquier atisbo de cambio o reforma social. No olvidemos que los supremacistas blancos también tildaban de comunista a Joe Biden durante la última campaña electoral en los Estados Unidos y aterrorizaban a sus votantes diciéndoles que se trataba de un violador de niños y que era parte del llamado Nuevo Orden Mundial que buscaba exterminar a la población.

Mayor razón para citar aquí lo dicho recientemente por el prestigioso politólogo norteamericano de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky, con el mejor sentido del humor: “Hablar de comunismo es un chiste, porque no va a haber en el Perú”; a ver si entienden los que se dejan llevar por el risible fantasma. Lo único que ha logrado la derecha con esto es movilizar la inteligencia y creatividad popular, que espontáneamente viene revirtiendo en todas sus líneas el contenido malicioso de millonarias portadas, letreros, y machacones videos, convirtiéndolos virtualmente en fuertes mensajes de protesta, como ese que dice: “Con la plata invertida en este letrero se pudo haber comprado oxígeno y salvar muchas vidas”.

De mantenerse las preferencias electorales, y por esas curiosidades de la historia, estaríamos recibiendo el Bicentenario de la Independencia con un presidente originario de Cajamarca, la misma ciudad en que cayó el Imperio Incaico, y quien habría derrotado estrepitosamente en esta lid electoral a la hija del exdictador que impuso la Constitución y el modelo económico que ahora él se propone cambiar.

Si bien esta posibilidad parece inexorable, impone también al candidato la imperiosa obligación y desafío de contar con un equipo de gobierno dotado de la solvencia de gestión necesaria, que asuma la trascendente responsabilidad de promover los cambios que la voluntad popular e institucionalidad permitan, entre ellos el referéndum por una Asamblea Constituyente; sin dejar de atender con eficiencia las apremiantes medidas que la salud y la crisis económica demandan en esta hora trágica de la patria.

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