La mejor campaña

"No es que sean desconfiados. Es que confían demasiado en las personas equivocadas"

Los medios se jactan de que el Perú tiene, históricamente, muy buenas campañas de vacunación. Pero este calificativo se lo merece una nueva campaña que ha surgido en los últimos años: la de desinformación.

Llevo varios días escuchando que, cuando las enfermeras se apersonan diligentemente a las puertas de las casas de los ancianos cuyos nombres figuran en el planillón de vacunación, estos gritan, se encolerizan, sueltan carajos y un delirante “A mí no me pondrán el chip”. Otros, con una desconfianza más prudente (o más taimada) solo dicen: “No, aún no sabemos, puede ser peor que el virus mismo”.

Y peor aún fue cuando escuché a un viejo conocido decir: “No sabemos qué tiene, nos puede hasta matar, no voy a vacunarme”, seguido de un: “¿Cuándo acabará esta pandemia? ¿Por qué durará tanto?”.

Y no es que sean desconfiados. Es que confían demasiado en las personas equivocadas. Confían demasiado en el mensaje de WhatsApp con mala redacción y pésima ortografía, en el video mal editado de Facebook y en los conductores de televisión cuya palabra debe ser tomada en serio por afirmar “Yo sé mucho del tema, créanme”.

O confiaron demasiado en Ernesto Bustamante, flamante integrante del equipo técnico en el área de salud de Keiko Fujimori, quien afirmó que las vacunas chinas de Sinopharm eran ‘agua destilada’ y que ‘podrían dar incluso más COVID’. Gracias a él tal vez haya peruanos con brazos intactos y pulmones fundidos.

O confiaron en el arquero sobreestimulado por las redes sociales, haciendo aspavientos frente a las cámaras mientras cacareaba que las mascarillas transformarían a los niños y que la pandemia es parte de un plan orquestado por un grupo de la élite que aspira a la dominación mundial (¡Claro! Ya había olvidado que el mundo es gobernado por el gremio de zapateros). ¿Se dieron cuenta de la falsa importancia que te da la televisión? ¿Cómo hubieran reaccionado si, en lugar de una pantalla, lo hubieran visto en la Plaza San Martín? De cualquier forma, hacía lo mismo que hacen las palomas sobre las estatuas.

O confiaron en los locutores de radio de provincias. Como limeños nos quejamos de la desinformación que aflora en los medios. Si conociéramos lo que ocurre en las radios del interior del país, ya hubiéramos desechado los medios y nos resignaríamos al desconocimiento de la realidad, que es preferible al mal conocimiento. “El Gobierno comunista no quiere apoyar al Dr. Manolo Fernández, ¡Gobierno genocida!”, exclaman locutores en Chincha mientras los hospitales colapsan, el oxígeno escasea y la ivermectina no hace nada. Para ellos, es preferible ser medicado por un veterinario. Sus razones tendrán.

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