Entre las especies en extinciĂłn descubiertas por el voto, hay dos que ganaron el gobierno y el Congreso mĂĄs de una vez, que dispone de lazos en el poder mediĂĄtico y grandes recursos econĂłmicos. En las elecciones del domingo 7 no han ganado en ninguna jurisdicciĂłn. Fuerza Popular y el Apra no se han caĂdo, se han desplomado.
Una marca distingue a esos dos grandes perdedores: la corrupciĂłn. El pueblo se ha percatado de que para esos partidos la polĂtica puede ser un buen negocio privado y un campo de maniobras criollas. El triunfo de Jorge Muñoz es el triunfo de un candidato ajeno a esas lacras de la polĂtica tradicional.
AcciĂłn Popular se ha salvado de la hecatombe partidaria. ÂżPor quĂ©? QuizĂĄ porque no fatigaba la prensa, la radio y la televisiĂłn con su presencia continua, y, sobre todo, porque no aparece en ningĂșn escĂĄndalo de coima, amarres con el Poder Judicial y con el narcotrĂĄfico.
Un hecho histĂłrico es que no solo el Apra y el fujimorismo se han venido abajo. Es todo el sistema partidario el que ha sido derrotado. El PPC, que ha elegido al alcalde de Surquillo, resulta el Ășltimo de los mohicanos. Ni Bedoya Reyes lo ha salvado del naufragio.
La otra gran perdedora, la izquierda, no es sepultada por la corrupciĂłn. Su ruina es la divisiĂłn, incluso en el conato de unidad que fue Juntos por el PerĂș. SĂ© que hubo pugnas y vetos basados en planes hegemonistas que miran al interior del frente, y no el vasto campo de la realidad nacional. Ahora, la polĂtica peruana es un escenario sin actores. Hay una crisis de representatividad que hunde sus raĂces en la ausencia de ideas, de doctrina, de vĂnculos con las bases y proyectos de futuro.
Cuatro o cinco años atrĂĄs, asistĂ a un debate organizado por AmnistĂa Internacional. En el centro de la agenda estaba el rol de los partidos polĂticos. “Si esto es asĂ”, dije, “serĂa mejor convocar una sesiĂłn de espiritismo, porque los partidos polĂticos del PerĂș estĂĄn muertos”.
Mi actitud no gustĂł a la distinguida concurrencia, pero el domingo siete ha confirmado la partida de defunciĂłn.









