Encontrar pozos en el jardín es una situación habitual para muchos dueños de perros. Aunque puede resultar molesto, especialistas aseguran que este comportamiento tiene bases instintivas y responde a necesidades físicas y emocionales del animal, más que a un acto de desobediencia.
Según expertos veterinarios citados por el portal oficial de Purina, cavar forma parte del comportamiento natural de los perros y se relaciona con la búsqueda de liberar energía acumulada o gestionar emociones como el estrés y la ansiedad. Este impulso tiene un origen ancestral, heredado de los lobos, que solían excavar para protegerse del clima o guardar su alimento.
Los veterinarios consultados por el mencionado portal explican que muchos perros recurren a la tierra cuando su entorno no les ofrece suficientes estímulos. En esos casos, el jardín se convierte en un espacio donde pueden canalizar su aburrimiento o curiosidad. Las razones más frecuentes son la falta de ejercicio, los cambios en la rutina diaria o la necesidad de sentirse seguros en su territorio.

Los especialistas también mencionan causas vinculadas al instinto de caza. Algunas razas, especialmente las terrier, tienden a excavar por su inclinación genética a rastrear olores y buscar pequeños animales bajo la superficie. En climas cálidos, los perros pueden cavar para encontrar un área más fresca donde descansar, mientras que otros lo hacen para esconder juguetes o huesos, comportándose del mismo modo que sus antepasados lo hacían con la comida.
El sitio también advierte que este hábito no debe interpretarse como una conducta problemática si ocurre de forma ocasional. Sin embargo, cuando los pozos son frecuentes o profundos, puede ser señal de ansiedad, exceso de energía o falta de actividad física. Detectar las causas exactas ayuda a corregir el problema sin recurrir al castigo, ya que los regaños o reprimendas suelen aumentar el estrés del animal.
Entre las recomendaciones para disminuir este comportamiento, los expertos sugieren identificar y eliminar las posibles fuentes de ansiedad. Asegurar que el perro realice suficiente ejercicio diario, adaptado a su edad y nivel de energía, ayuda a reducir los impulsos de cavar. También se aconseja incorporar juguetes interactivos o actividades que estimulen su mente, como juegos de búsqueda o de olfato.

Otra estrategia útil consiste en habilitar una zona específica del patio donde el perro pueda cavar sin generar daños. De esta manera, se canaliza su necesidad natural en un entorno controlado. La constancia y la paciencia son esenciales, ya que cada animal tiene su propio ritmo de adaptación.
Los especialistas coinciden en que comprender la conducta del perro es clave para mejorar su bienestar y fortalecer el vínculo con su dueño. Cavar, en la mayoría de los casos, es solo una forma de expresión y exploración. Con atención, acompañamiento y una rutina equilibrada, los animales pueden mantener este instinto sin afectar la armonía del hogar.













