Este artículo es de hace 5 años

A la búsqueda de nuevos caminos

Los medios influyen en la opinión de los ciudadanos.
Guillermo Giacosa

Cuando observamos que los pueblos votan en contra de sus propios intereses no nos queda más remedio que enfrentar la realidad y admitir que hemos cometido muchos errores. Quizás el exceso de amor y confianza por nuestra propia especie o la convicción profunda de que todos tenemos no solo derechos, sino además capacidades que no necesitan envidiar las de ningún otro, nos ha llevado a ignorar que también podemos ser víctimas de un entorno que, en base a mentiras y deformaciones de la realidad, pueden torcer los impulsos que brotan naturalmente de nuestro interior.

Nuestra naturaleza gregaria es sensible a las opiniones ajenas y estas, en gran medida, son controladas y guiadas por medios de comunicación al servicio de los grandes poderes económicos. Incorporar un pensamiento ajeno suele ser más sencillo que elaborar un pensamiento propio. Siempre es más fácil comprar una casa hecha que construirla. Aunque cueste más caro y en ello, a la larga, nos vaya la vida.

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Hemos sumado a nuestra lucha, en estos últimos años, todas las reivindicaciones que nos parecen justas para el mejor desarrollo de nuestra especie. Nos ha faltado algo fundamental, saber cuál era el grado de evolución de la sociedad en general, para asimilar y digerir tantas y tan profundas diferencias. No es lo mismo diferir sobre la repartición de la riqueza, que establecer una discusión sobre temas de género o de identidad sexual. Lo primero, aunque vital para nuestra supervivencia, no agita los fantasmas horripilantes creados en torno las diferencias en conductas sexuales.

Los primeros son temas que se alojan en categorías´ cercanas a la supervivencia, pero los segundos son categorías asociadas a la supervivencia misma. Estos últimos son, además, temas imbuidos de tabúes que impiden una reflexión racionalmente serena. Identificar una lucha por la injusticia social, que es escandalosamente evidente, con una lucha por igualdades o derechos que, siendo justos, no son evidentes para una sociedad asfixiada por los prejuicios, es una pésima elección política. Y en esa línea, impulsada por principios nobles y justificables, pero, políticamente incorrectos por falta de madurez de la sociedad que debe decidir, hemos caído.

Ser coherentes, virtud maravillosa, puede ser, a veces, un error imperdonable cuando no respetamos los tiempos a los que marcha la sociedad en la que habitamos. Observar hoy como los medios dominantes utilizan ese pecado de excesiva honestidad, es una bofetada a nuestra inocencia y a nuestra inmadurez política, por valernos de la emoción, allí donde debería haber predominado la razón y el sentido común.

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No mezclar lo exclusivamente político con una herencia cultural que ignora el gris y solo ve el mundo en blanco y negro es un imperativo terminante. Se trata de hechos que operan en niveles distintos de nuestra conciencia y, por tanto, requieren tiempos distintos para ser resueltos. No invito a engañar a nadie, invito a respetar los tiempos que nuestra psiquis requiere para resolver sus contradicciones. Admito que pueden ser mayores de los deseados, pero la realidad, nos guste o no, es la única verdad atendible.

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Sobre la firma
Rosario, Argentina (1942). Ha trabajado más de 30 años en distintos medios de comunicación de Argentina y Perú. Ha sido asesor del director general de la Organización de las Naciones Unidas (UNESCO) en temas de juventud y ha asistido a proyectos en África, Europa y América Latina. Ha publicado los libros Jugar a vivir (2005) y Sábados en familia (2008). Recibió el Premio Peter Berenson de Amnistía Internacional por su defensa a los Derechos Humanos.
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