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La anemia mata

El Plan Multisectorial para combatir la anemia (Decreto Supremo No 068-2018-PCM), aprobado el 3 de julio del año pasado, declara de prioridad nacional la lucha contra este mal en niñas y niños menores de 3 años. Y, en esa línea, son muchos los profesionales, funcionarios y trabajadores estatales que se han comprometido con esta política pública. Pero ¿qué falta para ver resultados palpables? Por: María Ynés Aragonez

María Ynés Aragonez
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Cuando uno visita las comunidades rurales y aisladas en la Costa, Sierra y Selva del Perú –sin distinciones de cultura, raza o religión–, se encuentra con perfiles comunes: niños de baja estatura, peso notoriamente inadecuado y niveles de compresión matemática y lectora deficientes para la edad, embarazo adolescente, violencia y otros males que campean al ritmo de las brechas de desigualdad.

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Sí, ese es el Perú profundo, un país que muchas veces, en pleno siglo XXI, vive desconectado de los beneficios de la electricidad y que no cuenta con acceso al agua segura; una población que, en la práctica, no tiene derecho a una alimentación adecuada, con proteínas y hierro.

De acuerdo con la ENDES, en el año 2018, en todo el país, el promedio de la prevalencia de la anemia en niñas y niños de 6 a 35 meses de edad fue 43,5%. Y en los últimos cinco años, solo disminuyó en 2,9 puntos porcentuales. El 50,9% de las niñas y niños de 6 a 35 meses del área rural tiene anemia.

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El mismo drama se repite en las zonas marginales de las zonas urbanas. En Lima Metropolitana, la cifra alcanza al 35.5%. Y, pese a las grandes brechas, también afecta a los niños del quintil superior de mayores ingresos; sí, el 27,2% de los hogares más ricos del país tienen niños anémicos.

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Puno es la región más afectada por la anemia, con un trágico 67,7%. Esto sucede allí donde las truchas del lago Titicaca y de las piscigranjas se guardan para los turistas y donde no se les da huevos a los niños pequeños porque se cree que, si los comen, dejarán de hablar. Sucede allí donde algunas sectas fanáticas y grupos sectarios usan discursos contra los micronutrientes y el hierro que entrega el Estado, con frases temerarias como “Esos productos los entrega la CIA” y “Si los consumen, no van a poder tener hijos”.

En las últimas semanas, presenciamos un enfrentamiento en redes sociales y medios limeños que causa risa por la ridiculez de algunos de sus contrincantes. El polémico expresidente Alan García y un séquito aprofujimorista muestran “cifras” y aseguran que en el gobierno 2006-2011 sí se luchó efectivamente contra la anemia. Y acusan a las autoridades actuales de no hacerlo.

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En respuesta, funcionarios del gobierno de Martín Vizcarra los enfrentan con más cifras y estadísticas. La realidad aquí es que miles de niños pierden oportunidades de desarrollo físico e intelectual por culpa de la anemia y, por ende, a futuro, estarán condenados a la pobreza.

El Plan Multisectorial para combatir la anemia (Decreto Supremo No 068-2018-PCM), aprobado el 3 de julio del año pasado, declara de prioridad nacional la lucha contra este mal en niñas y niños menores de 3 años. Y, en esa línea, son muchos los profesionales, funcionarios y trabajadores estatales que se han comprometido con esta política pública. Pero ¿qué falta para ver resultados palpables?

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Lo real es que esta enfermedad silenciosa atenta contra el futuro. No se trata de cifras y enfrentamientos mediáticos, sino de acciones de corto, mediano y largo plazos, porque la anemia no se ataca en dos semanas; la lucha es constante y de largo aliento.

Tampoco basta con repartir hierro y enriquecer los alimentos con hierro. El Plan habla de un enfoque multisectorial que pasa por dotar de agua segura a los hogares para evitar las infecciones (diarreicas y respiratorias), enfrentar la parasitosis y atender a las madres gestantes con programas integrales.

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La comunidad tiene un papel importante. El seguimiento a las políticas públicas es vital para garantizar transparencia y eficacia; una alianza con la academia también es urgente para establecer estrategias de acompañamiento a las poblaciones afectadas, y desarrollar una campaña de comunicación social que trascienda el enfrentamiento público en los medios masivos. Y que tape la boca a los políticos que pontifican en esta materia sin recordar sus propios fracasos.

Empecemos por enseñar a comer sangrecita en todas sus presentaciones. Si las carnes rojas no están al alcance, la suplementación con gotas, jarabes, galletas y micronutrientes es urgente. Sólo así lograremos cambiar el futuro; la verdadera guerra contra la anemia se desarrolla en las casas. Esto sí es guerra.

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