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jueves, 21 de mayo de 2026
Ugo Bienvenu, el autor francés elegido por Unifrance entre los “10 to Watch” que conquistó Cannes, Annecy y los Oscar

Ugo Bienvenu, el autor francés elegido por Unifrance entre los “10 to Watch” que conquistó Cannes, Annecy y los Oscar

Del videoclip indie a los Oscar: Ugo Bienvenu revoluciona la animación europea con Arco, libertad creativa y sensibilidad íntima.
Ugo Bienvenu, uno de los 10 to Watch de Unifrance en Cannes 2026.
Ugo Bienvenu, uno de los 10 to Watch de Unifrance en Cannes 2026.

Ugo Bienvenu, el autor francés elegido por Unifrance entre los “10 to Watch” que conquistó Cannes, Annecy y los Oscar. Por David Sánchez.

A Ugo Bienvenu todavía le cuesta hablar de éxito. Lo hace con cierta distancia, como si todo lo ocurrido durante el último año le hubiera sucedido a otra persona. Y, sin embargo, el ilustrador, director y autor de cómic francés se ha convertido en una de las grandes revelaciones de la animación europea contemporánea. Su nombre aparece ya junto a festivales como Cannes y Annecy, a premios como los César y a una nominación al Oscar a mejor película de animación gracias a Arco, la película que terminó de colocarlo entre las voces más importantes del cine de animación actual.

La paradoja es que Bienvenu nunca pareció buscar ese lugar. Antes de llegar a Hollywood, su carrera se construyó en los márgenes: videoclips, ilustración, novelas gráficas y proyectos visuales difíciles de clasificar. Muchos comenzaron a descubrirlo con Fog, el videoclip realizado para el dúo electrónico Jabberwocky, una pieza melancólica y futurista que ya condensaba gran parte de su universo artístico: colores suaves, sensibilidad emocional y personajes atrapados entre la tecnología y la fragilidad humana.

Después llegarían sus cómics, especialmente System Preference, convertido en una referencia dentro de la nueva novela gráfica francesa, y una identidad visual reconocible que mezclaba ciencia ficción íntima, nostalgia y humanismo. Pero el gran salto llegó con Arco.

La película se convirtió rápidamente en uno de los fenómenos de la temporada. Ganó el Cristal al mejor largometraje en Annecy, pasó por Cannes y terminó entrando en la carrera de premios internacional hasta alcanzar la nominación al Oscar a mejor película de animación, compitiendo frente a producciones de grandes estudios estadounidenses.

El propio Bienvenu todavía habla de aquello con incredulidad.

“Fue completamente una sorpresa”, reconoce. “Yo no soy realmente del mundo del cine. No es algo que me fascinara especialmente. Ni siquiera sabía que algo así fuera posible”.

La frase ayuda a entender por qué su cine resulta tan distinto dentro de la animación contemporánea. Bienvenu no viene del recorrido industrial clásico. Su mirada procede más de la ilustración, del dibujo y de una relación casi artesanal con las imágenes.

Quizá precisamente por eso Unifrance lo incorporó este año a su programa “10 to Watch”, la selección anual dedicada a identificar a diez talentos franceses llamados a marcar el futuro del audiovisual europeo. Un reconocimiento que lo sitúa junto a algunas de las figuras emergentes más importantes del cine francés actual.

Pero detrás del reconocimiento internacional hay también una historia de agotamiento personal. Mientras Arco iniciaba su recorrido internacional y Hollywood comenzaba a absorberlo entre campañas, proyecciones y encuentros industriales, Bienvenu acababa de convertirse en padre por segunda vez.

“Mi hijo tenía seis meses cuando tuve que empezar la campaña de los Oscar”, explica. “Y fue muy duro dejar la casa. Sentía que no estaba en el lugar correcto”.

Lejos del glamour asociado a la temporada de premios, el director recuerda aquel periodo como una mezcla extraña entre euforia profesional y agotamiento emocional.

“Profesionalmente era increíble”, admite. “Pero personalmente fue muy duro”.

Durante su estancia en Estados Unidos descubrió además algo que terminó marcándolo profundamente: la fascinación que muchos cineastas de grandes estudios sentían por la libertad creativa de su película. Según cuenta, varios profesionales de Pixar y Disney le confesaron que les gustaría hacer películas similares, aunque el propio sistema industrial se lo impedía.

“Todos los comentarios que recibí, incluso de grandes estudios como Pixar o Disney, eran que les encantaría hacer películas así”, recuerda. “Pero que su sistema les impide hacer eso”.

La reflexión se convirtió casi en una declaración de principios sobre el lugar que ocupa hoy dentro de la animación internacional.

“Ellos tienen muchos más medios que nosotros”, continúa. “Pero esos medios les impiden hacer películas libres. Nosotros tenemos menos medios, pero hacemos películas que ellos querrían hacer”.

Ese espíritu independiente atraviesa también los nuevos proyectos de Bienvenu. En el Festival de Cannes regresó este año no solo como director de Arco, sino también como productor de Adieu monde cruel, dirigida por Félix de Givry, amigo cercano y colaborador creativo habitual.

“Siento que ahora sí quedó detrás de mí”, dice sobre Arco. “Cierra un capítulo y abre otro nuevo”.

La historia de Adieu monde cruel refleja además la manera en que Bienvenu entiende el cine: más como una aventura colectiva que como una industria.

“Mientras él producía la mía, yo producía la suya”, cuenta sobre Félix de Givry.

Ambos levantaron sus películas prácticamente al mismo tiempo, en medio de constantes dudas externas.

“Nos decían que no era así como se hacían las películas”, recuerda Bienvenu. “Que no era así como se contaban historias. Que no estaba bien”.

Sin embargo, el resultado terminó siendo extraordinario: dos años consecutivos en Cannes para una productora que apenas había realizado dos películas.

“Estamos felices de haber tomado riesgos”, afirma. “Tomamos muchísimos riesgos con las dos películas”.

Y añade una frase que resume perfectamente el estado emocional que atraviesa toda su carrera reciente:

“Ver que creer en nosotros mismos valía la pena… que no éramos simplemente idiotas o locos”.

En paralelo al cine, Bienvenu también ha reforzado su faceta como artista visual. Durante la campaña internacional de premios comenzó a llenar cuadernos con dibujos realizados en hoteles, aeropuertos y viajes constantes. Aquellos bocetos terminaron convirtiéndose en Futur Antérieur, la exposición presentada recientemente en la Galerie Martel de París.

“Durante la campaña empecé a hacer dibujos”, explica. “Llevaba siempre conmigo un gran cuaderno de bocetos y hacía dibujos que tenía ganas de hacer”.

La galería llevaba años proponiéndole realizar una exposición, pero él nunca encontraba el momento adecuado. Hasta entonces.

“No tenía nada que proponerles”, reconoce. “Y entonces empecé esta serie de dibujos y me preguntaron si quería continuarla para exponerla”.

Lo que más le interesaba de ese proceso era precisamente su carácter íntimo y espontáneo.

“Era simplemente felicidad y placer”, dice sobre aquellos dibujos.

Esa necesidad de volver a lo pequeño aparece constantemente en su discurso. Después de la magnitud que alcanzó Arco, Bienvenu parece buscar ahora una cierta calma.

“Tengo una idea para el futuro”, admite. “Pero ahora mismo todo esto es demasiado grande”.

El director insiste en que necesita regresar a proyectos más íntimos y personales.

“Las películas son algo muy grande, y creo que ahora necesito hacer cosas un poco más pequeñas. Necesito hacer cosas más íntimas”.

Y quizá ahí resida precisamente la singularidad de Ugo Bienvenu. Mientras buena parte de la industria audiovisual contemporánea persigue velocidad, expansión y franquicias infinitas, él sigue hablando de cine como algo profundamente humano: amistades, dibujos, fragilidad, riesgo y libertad creativa. Precisamente por eso se ha convertido en una de las voces imprescindibles de la nueva animación europea.

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Colaborador de EL PERFIL
Crítico de cine, especializado en cine latinoamericano. Es miembro de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) y de l'Académie des Lumières, de la prensa internacional en Francia.