La Berlinale es uno de los festivales de cine más importantes del mundo y también uno de los más diversos en sus miradas. Dentro de su programación, el Forum ocupa un espacio singular: es la sección dedicada a las formas libres, al cine que se permite explorar estructuras fragmentadas, narrativas abiertas y búsquedas formales que no responden a moldes tradicionales. No es un lugar de certezas, sino de exploración. Allí tendrá su estreno internacional en 2026 Piedras preciosas (Gemstones), la nueva película del cineasta colombiano Simón Vélez.
El nombre del director, compartido con el reconocido arquitecto de Manizales, suele generar confusión y anécdotas. Vélez cuenta que conoce “varios ‘Simón Vélez’, casi todos artistas”, y recuerda un encuentro particular: cuando era adolescente, fue presentado al arquitecto en una exposición en Medellín, le extendió la mano y le dijo “Mucho gusto Simón Vélez”, a lo que el otro respondió, con una sonrisa, “Mucho gusto Simón Vélez”. La coincidencia, lejos de incomodarlo, le resulta estimulante, al punto de imaginar “una convención de Simones Vélez”, como en Silvia Prieto, la película de Martín Rejtman que juega con la repetición de identidades.
La selección de Piedras preciosas en Berlín marca el inicio de su recorrido por festivales y llega cargada de sentido para el equipo. Para Vélez, ha sido “una noticia muy bonita”, especialmente porque se trata de “una película que ha sido muy mágica en todo su proceso, quizá por el poder de las piedras”. Berlín representa también un punto de visibilidad clave: la Berlinale es “enorme” y reúne a programadores de festivales de todo el mundo que ya han mostrado interés por la película, lo que hace pensar que “todo parece indicar que la peli tendrá un buen recorrido”.
La invitación llegó cuando el film aún estaba en proceso. Todavía faltaba cerrar el trabajo sonoro, una etapa que resultó decisiva. Vélez destaca la colaboración con Daniel Giraldo y Juanma López en el montaje y diseño sonoro, y reconoce que gracias a ellos “la película creció mucho hasta la versión que será proyectada en la Berlinale”. A ese impulso se sumó el estímulo de posproducción del FDC recibido en diciembre, una serie de noticias que el director describe como “muy sincronizadas”, luego de que la película atravesara “una temporada de silencios y estancamiento”. Como si fuera poco, la confirmación de Berlín llegó el día de su cumpleaños: “regalazo”.

Parte de la película transcurre en Francia, aunque el país no ocupa un lugar temático central. La decisión responde exclusivamente a la situación del protagonista. La película inicia allí porque Juan Lugo, quien interpreta a Machado, “se había mudado a vivir ahí”. Vélez es claro en señalar que no existe una relación personal ni artística con Francia, y que la historia podría haberse desarrollado en cualquier otro lugar: “Si Juan estaba viviendo en Japón, seguro la película se hacía en Tokio”. De hecho, insiste en que la película “no habla de Francia particularmente”.
Aunque Piedras preciosas presenta la experiencia de un personaje hispanoamericano en Europa, la migración no es el eje del relato. Lo que le interesa al director es otra cosa: “el fuera de lugar, el fuera de contexto, en todos los aspectos, tanto expresivos como simbólicos”. Es una inquietud que arrastra desde su acercamiento al surrealismo y que atraviesa toda la película. El protagonista es un forastero permanente, “no solo en Francia, sino también en los lugares que recorre en Medellín”, descontextualizado incluso en su propio territorio.
El título del film surge de un material previo y aparentemente inconexo. En 2017, Vélez rodó junto al fotógrafo Mauricio Reyes unas imágenes de piedras preciosas en una tienda de Bogotá “sin ningún propósito”. Durante años, esas imágenes permanecieron guardadas, sostenidas únicamente por la fascinación que le producían “sus colores, brillos y texturas”. En 2023, al decidir rodar un ejercicio actoral con Juan Lugo, entendió que era el momento de recuperarlas y utilizarlas “como excusa para desarrollar el relato de Piedras preciosas”. De allí surge la esmeralda como eje narrativo, un McGuffin que permite recorrer una película fragmentada que “por momentos parece flotar en su propia lógica”, pero que siempre regresa “a la tierra, a las piedras y su brillo”.
Pensando en lo que viene después del estreno, Vélez asume el desprendimiento como parte del proceso. Una vez presentada, dice, “la película ya no me pertenece, es del espectador”, y su mayor deseo es que “abra preguntas”. Mientras tanto, continúa activo en múltiples frentes: desarrolla proyectos como director y productor, coproduce la nueva película del cineasta portugués Paulo Carneiro y forma parte de COOCINE, una cooperativa de cine en Medellín que busca repensar colectivamente la exhibición, la formación y las formas de hacer cine.
En el Forum de la Berlinale, Piedras preciosas encuentra un espacio afín a su naturaleza: una película que se mueve entre brillos, desplazamientos y desajustes, y que hace del fuera de lugar no solo un tema, sino una forma de estar en el mundo.











