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viernes, 3 de abril de 2026
“El ataque a la tierra es un ataque a nosotros mismos” Ciro Guerra, director colombiano. Seminci 2025

“El ataque a la tierra es un ataque a nosotros mismos” Ciro Guerra, director colombiano. Seminci 2025

Entrevista al cineasta colombiano en la 70ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), España
El abrazo de la serpiente, en Seminci
El abrazo de la serpiente, en Seminci

“El ataque a la tierra es un ataque a nosotros mismos” Ciro Guerra, director colombiano. Seminci 2025. Por David Sánchez.

Entrevista al cineasta colombiano en la 70ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), España

El cineasta colombiano Ciro Guerra es, sin duda, una de las voces más influyentes del cine latinoamericano contemporáneo. Su película El abrazo de la serpiente (2015) lo llevó a una nominación al Óscar, y abrió una conversación global sobre el colonialismo, la pérdida del conocimiento ancestral y la devastación ambiental. Casi una década después, la obra mantiene una vigencia estremecedora. En el marco de la 70ª edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) —que se celebra del 24 de octubre al 1 de noviembre de 2025—, Guerra reflexiona sobre la actualidad de su filme y sobre el poder del cine para repensar nuestra relación con el mundo.

Sección: Dos orillas, un eterno debate. Seminci
Sección: Dos orillas, un eterno debate. Seminci

Fundada en 1956, la Seminci es uno de los festivales más antiguos de Europa y un referente del cine de autor. En esta edición, su sección Dos Orillas: Un eterno debate – La controversia de Valladolid propone un diálogo entre las historias de España y América Latina. Presentar El abrazo de la serpiente en una ciudad tan cargada de historia como Valladolid, antiguo centro del poder imperial, tiene un peso simbólico que el propio director no pasa por alto.

Una lucha sin tiempo

Para Guerra, los temas que atraviesan su película siguen siendo tan urgentes como el día de su estreno. “La lucha que se describe en la película no es un asunto que pertenezca a un solo momento determinado”, explica. “Es una lucha sin tiempo, que atraviesa todas las épocas de la humanidad, y cuya urgencia y gravedad sólo puede agudizarse a medida que nos aproximamos a un punto de no retorno.”

Ese conflicto entre miradas —la del explorador occidental y la del chamán indígena— sigue, según él, abriendo nuevos caminos de reflexión. “Creo que los encuentros que narra la película propiciaron un cambio de mentalidad, una nueva forma de ver el mundo que hace un siglo era impensable y que hoy permite que por lo menos haya debates e intercambio de ideas sobre cómo mejorar nuestra relación con el mundo natural, y sobre sanar la herida colonial. La única esperanza es que no sea demasiado tarde.”

El mensaje de Karamakate, el chamán protagonista, resuena con fuerza en el presente. Guerra imagina que si pudiera mirar el mundo de hoy, “diría lo mismo que dicen hoy los cientos de pueblos originarios que siguen luchando y enfrentándose al arrasamiento del territorio y al etnocidio continuado en toda América”. Añade que ese mensaje “no es el de un solo individuo; es el de un conocimiento compartido y multicultural que desde siempre ha entendido que el ataque a la tierra es un ataque a nosotros mismos, un suicidio ciego guiado únicamente por la avaricia, y que puede ser detenido en cualquier momento. Lo único que se necesita es la voluntad y la valentía para hacerlo.”

Festival de Seminci, Valladolid (España)
Festival de Seminci, Valladolid (España)

Valladolid, el diálogo y las heridas compartidas

Esta es la primera vez que el director participa en la Seminci, un hecho que le produce satisfacción y agradecimiento. “Sé que es un festival con mucha historia, que ha sido generoso con el cine latinoamericano y con el colombiano en particular”, comenta. “Me alegra mucho que estos espacios de diálogo y convergencia logren sostenerse en el tiempo. Agradezco que hayan programado nuestra película y espero eventualmente poder visitar el Festival y la ciudad, que me parece fascinante.”

Sobre la proyección de El abrazo de la serpiente en Valladolid, una ciudad que encarna parte de la historia imperial española, Guerra reconoce el peso simbólico de esa coincidencia. “La verdad, he sentido que el público más reticente que he encontrado ante la película es el público español. Tiene sentido, es una historia que hurga en aspectos del pasado que no son los más agradables. Pero lo importante al explorar esta historia no es buscar venganza o culpables, los pueblos originarios lo tienen muy claro.”

El cineasta insiste en que su película no busca señalar, sino reconciliar. “No tenemos porqué heredar la violencia que ejercieron nuestros ancestros. La esperanza es que nos podamos reconocer en esa historia compartida y aprender de ella, no repetir los errores, poder mirar hacia un futuro que todos construimos conjuntamente, con cada una de nuestras acciones. Lo importante es lo que viene, el pasado ya fue, no podemos cambiarlo. El futuro sí está en nuestras manos.”

Nuevas miradas para un nuevo paradigma

A lo largo de su carrera, Guerra ha mantenido un compromiso con las historias y voces que suelen quedar al margen. Su cine, que también incluye la aclamada Pájaros de verano, ha contribuido a visibilizar territorios y comunidades olvidadas. “En un momento en el que el cine como lenguaje pareciera estarse agotando, donde la mayoría de lo que vemos es una regurgitación de lo que se hizo hace 4 décadas, creo que se vuelve necesario voltear la atención a aquellas voces que no han sido escuchadas”, afirma. “Es claro que como sociedad necesitamos un cambio de rumbo, un nuevo paradigma. El cine puede prestarnos nuevos ojos, una nueva forma de ver el mundo. Hay muchas formas de existir como humanos, la nuestra no es la única ni la mejor, esa es la búsqueda que más me interesa.”

Casi diez años después de El abrazo de la serpiente, el director observa con preocupación la velocidad con la que se producen y consumen imágenes. “Es un momento difícil para narrar, especialmente si te interesa la complejidad”, señala. “La imaginación ha sido temporalmente secuestrada por algoritmos, que encuentran en los discursos de odio su principal combustible. Es el momento del que más grite, del que sea capaz de decir la atrocidad, la mentira más grande sin sonrojarse. En ese contexto, el humilde acto de buscar la verdad y cómo expresarla, en medio del basural en que se ha convertido el discurso público, es un reto cada vez mayor.”

En Valladolid, las palabras y las imágenes de Ciro Guerra dialogan con la historia. El abrazo de la serpiente sigue siendo una película que interpela, que incomoda y que invita a sanar. Una obra que, desde la selva y el mito, recuerda que mirar hacia el pasado no es un acto de culpa, sino una oportunidad de comprensión y futuro.

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Colaborador de EL PERFIL
Crítico de cine, especializado en cine latinoamericano. Es miembro de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) y de l'Académie des Lumières, de la prensa internacional en Francia.