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martes, 17 de febrero de 2026
Escribir caminando o “Una manija para abrir el poema de corazón oscuro”

Escribir caminando o “Una manija para abrir el poema de corazón oscuro”

Una conversación con Miguel Ángel Zapata, poeta, ensayista, traductor y crítico literario piurano
Miguel Ángel Zapata publica "Una manija para abrir el poema de corazón oscuro. Poesía selecta 1999/2024"
Miguel Ángel Zapata publica "Una manija para abrir el poema de corazón oscuro. Poesía selecta 1999/2024"

Escribir caminando o “Una manija para abrir el poema de corazón oscuro”. Por Andrea Cabel.

Miguel Ángel Zapata es un poeta, ensayista, traductor y crítico literario piurano. Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Universidad de California. Obtuvo un doctorado en Filosofía y Letras en Washington University, Saint Louis. Ha dictado cátedra en universidades de los Estados Unidos, España, Chile, Argentina y México. Es Premio Nacional Enrique Anderson Imbert (2023) otorgado por la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Es considerado uno de los poetas más importantes de su generación en Hispanoamérica. En poesía destacan sus libros: “Lumbre de la letra” (1997), “Escribir bajo el polvo” (2000), “Un pino me habla de la lluvia” (Lima, 2007), “Iguana” (Lima, 2006), “Los muslos sobre la grama” (Buenos Aires, 2005), “El cielo que me escribe” (Lima, 2005-México, 2002), “El florero amenaza con hablar” (2024), entre otros. Actualmente reside en Long Island, Nueva York, donde se desempeña como catedrático de literaturas hispánicas en la Universidad de Hofstra. 

Esta es una conversación sobre el libro “Una manija para abrir el poema de corazón oscuro. Poesía selecta 1999/2024” (Lima, 2025) publicado en la Colección Círculo de Poesía, Perú.

—Cuéntanos un poco sobre cómo nace la idea de publicar este volumen con tu poesía selecta de tres poemarios, a saber, “El florero amenaza con hablar”, “Un árbol cruza la ciudad”, y “El cielo que me escribe”.

—Círculo de Poesía de México inauguraba sus ediciones en el Perú, a cargo del poeta Harold Alva. Me pidieron un libro y les preparé una antología de mis poemas de 1999 a 2024. De esta manera incluí poemas selectos de mis dos últimos libros, “El florero amenaza con hablar” (2024), “Un árbol cruza la ciudad” (2019) y del ciclo “El cielo que me escribe” (2002) que comprende poemas de “Escribir bajo el polvo” y “Un pino me habla de la lluvia”. Esta antología se distribuye tanto en Perú como en México. 

—El libro que nos compete “Una manija para abrir el poema de corazón oscuro. Poesía selecta 1999/2024” contiene, desde mi lectura, una presencia trascendental de la música: aparecen menciones al blues, jazz, al sonido del chelo y del violonchelo, a las sinfonías de Ludwig, aparece también el cajón peruano o el mismo inicio de El florero amenaza …que comienza con dos poemas titulados como el famoso compositor “Arvo Pärt”. ¿Cuál es el lugar de la música en tu poesía y en tu vida? ¿Se podría decir que la música orquesta tu poética?

—La música encamina mis sentidos. Siempre ha sido así desde que era un niño. La música es parte de mi actuar y el aliento de mi poesía. Una vez dije que la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta de Mozart me había dado más que cien novelas. Lo que quise decir es que en una pieza musical (sea de Arvo Pärt, Elgar, Mozart, Barber o Beethoven) se concentran los sentimientos más sublimes del ser humano. Ahí está todo. Desde una lágrima hasta una sonrisa sin sentido. Me interesa todo tipo de música. Como sabes, toco el cajón peruano desde que era adolescente, y lo sigo tocando con pasión. Me encanta escuchar música cuando camino, lo cual hago todos los días. Ahí escojo de repente la música que es acorde con mi estado de ánimo en ese preciso momento. A saber, podría escoger una serie de valses o marineras de antaño peruanos, o algo de jazz o del rock más pesado que haya existido nunca. A veces camino con Black Sabbath o Grand Funk Railroad. En el campo de la música clásica mi instrumento favorito es el chelo. Es el instrumento que está más cerca al corazón, y soy fanático de todas las piezas para chelo. Las puedo escuchar durante horas sin cansarme. La música clásica me hace escribir sin remedio. Así como en la música hay variaciones, las hay también en la poesía. El poeta sin variaciones y que se cree absolutamente inteligente (y sobre todo “independiente”) nunca podrá escribir un gran poema. Cada poema que uno escribe es una variación musical de otros poetas, y así a través de los siglos. Escuchen a Blake, cantémoslo. Sin las variaciones de Dante no hubiéramos podido escribir nada, ni tampoco hubiese existido Borges o Vallejo. Cuando leo un gran poema de Horacio, por ejemplo, vuelvo a creer en el día a día y no en el incierto mañana. Y escribo sobre el sol que cambia el tono de mi ventana. Los poetas efectúan variaciones de otros autores, y muchas veces sin pretenderlo. Ahora mismo, mientras te respondo, estoy escuchando la Sinfonía concertante de Mozart (Andante).

Miguel Ángel Zapata: “Escribir poesía es matar el miedo y limpiar lágrimas de tristeza”
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—De otro lado, tus poemas aparecen en verso y en prosa poética. ¿Cuál es la mayor diferencia para ti cuando escribes en estos dos estilos? Personalmente, interpreto la prosa como el gesto de caminar. El yo poético que aparece en los tres poemarios que componen este volumen es uno que camina y que observa todo lo que está a su alrededor. Lo describe, lo vivifica, lo personifica. Las flores, las aves, los objetos tienen vida y personalidad para este yo poético-caminante ¿Es la prosa poética una forma de caminar en la hoja del papel? ¿Hay algún vínculo entre escribir y caminar para ti?

Escribir y caminar, en mi caso, son actividades compatibles. Me encanta caminar de preferencia solo. Uno observa detenidamente y la realidad te golpea en la cara y no hay nada que puedas hacer sino transfigurarla. Cuando visito una ciudad nueva me gusta atravesarla de palmo a palmo, y descubrir lo desconocido que escoden las calles y los árboles viejos. Las miradas de las personas siempre son distintas en cada ciudad. En cada mirada está el mundo de cada ser humano.  Miro, veo lo que deseo ver, no siempre lo que en apariencia miro. En el caso del verso y el poema en prosa, el poema te pide cómo tienes que tratarlo. Hay poemas que se sienten mejor en verso. Me piden que los corte, para que las palabras caigan hacia el vacío de la verticalidad. Hay otros, en cambio, como los poemas en prosa que son como jugar un partido de tenis: campo abierto, giros inesperados, imágenes que te sobrecogen y que necesitan de más espacio para decir lo que quieres decir. Te sientes más libre de compartir los terrenos insondables del ensayo breve, epístolas, el verso, los sueños surreales de la existencia. Todo esto y más cabe en un buen poema en prosa. No todos los poetas pueden escribir poemas en prosa, como no todos podemos escribir novelas.  Me siento en mi salsa con el poema en prosa. Escribir y caminar o caminar escribiendo son actividades que me proponen siempre un reto, pero lo curioso es que nunca lo siento como un reto, sino como una necesidad. 

—Sin duda en los tres poemarios que, como pilares, sostienen este volumen, aparecen pintores, pinturas, y paisajes como eje transversal que conecta tu poética a través de los años. La pintura parece ser como la música en tu universo poético: un espacio obligado de detenimiento para el análisis de tu trabajo. En caso no aludas directamente a pintores en tus versos, pintas espacios, pintas escenas con tus versos. ¿Cuáles son los pintores que más han influido en tu poética? ¿Por qué? 

“La pintura parece ser como la música en tu universo poético”, dices, y tienes toda la razón.  La pintura, como la música siempre han estado presentes desde mis primeros poemas. Siendo un pintor frustrado tengo a la pintura como a una buena compañera. De adolescente estudié pintura más o menos tres años, y mi padre Sixto me alentó en mis primeros intentos en el arduo trabajo de pintar. El me compraba las témperas y las acuarelas, el papel piedra lisa especial, la paleta, y los pinceles en la Casa Fénix del centro de Lima. Me llenaba de felicidad ver a mi padre caminando conmigo por el centro de Lima especialmente para comprar los materiales de mis pinturas. Después él mismo llevaba mis acuarelas para enmarcarlas en una vidriería cerca de mi casa. La pintura es tan vasta pero aun así tengo mis pintores favoritos, especialmente los que me han paralizado al ver sus maravillosos cuadros. Y por supuesto, algunas de ellas me han hecho escribir varios poemas.  Puedo nombrarte algunos pintores así como me vienen a la mente, sin orden cronológico,  aquellos que llevo en mi memoria, y que a veces voy a visitarlos a los museos que están cerca o lejos de casa: Edward Munch (El grito, la danza de la vida, la angustia), Egon Schiele (el deseo, el cuerpo y sus fisuras), Vermeer (mujeres, luz y ventanas), Rembrandt (tonos luz, el filósofo meditando), Van Gogh (el alma en un campo abierto de girasoles), Artemisa Gentileschi (Lucrecia), Tilsa Tsuchiya (La mujer de las islas), Francisco Toledo (Árbol de Oaxaca), Víctor Humareda (Queirolo), William Blake (los ángeles suceden), y Georgia O'Keeffe (las flores del desierto), entre otros. Cuando una pintura te paraliza tienes que escribir el poema una y otra vez. 

—Hablando sobre paisajes, hay un elemento en tu poesía que se reitera y que se recrea de un modo personalísimo: no solo las aves sino las ventanas. En un verso señalas, por ejemplo “esta ventana alumbrará mi soledad” (110) Esa misma ventana ha sido construida para evitar la soledad del yo poético, al menos, según lo señala ese poema titulado “La ventana”. ¿Qué implica “construir” ventanas en tu poesía? ¿Qué significa mirarlas desde tu poética? ¿Cómo se vincula con el gesto (el ritual, el arte) de escribir? 

“Voy a construir una ventana en medio de la calle para no sentirme solo” dicen los primeros versos de mi poema “La ventana”. Lo que te comento ahora no es una crítica personal sobre mi propio poema, sino una visión de lo podría ser el significado de aquella ventana que sabe alumbrar la soledad de los seres humanos. Todos buscamos una ventana en la vida, una salida a la tortura de enfrentarse a la dificultad, pero también una bienvenida a la felicidad. Un día te sientes más solo que nadie, y en el momento de escribir el poema, sentí la necesidad de salir a la calle corriendo para no verme alumbrado por la sombra. Entonces pensé que sí sería posible levantar una ventana en medio de la calle para que todos la vieran y así nadie se sintiera completamente solo. La soledad puede ser una experiencia positiva como también la aparente derrota de algún sueño incumplido. La poesía es un arma que lucha contra la soledad que nos ha impuesto la sociedad. La construcción de la ventana representa también la supervivencia de la poesía en el mundo. La ventana es el poema truncado por algún bloque de hielo en el camino, pero es también huir del rayo de la sombra.  

—Sobre la poesía has escrito que es “una toalla para limpiar lágrimas de tristeza” pero “también una espina para los ojos” (43). ¿Qué significa para ti, que eres traductor, crítico literario y editor, escribir poesía?

Escribir poesía es algo inexplicable. El desierto es algo inexplicable. Aun así, escribir poesía es matar el miedo, limpiarse de la tristeza con una toalla o un pañuelo humedecido. Escribir poesía no es resistir sino luchar contra la corriente, es ir a callar las lágrimas mientras cortamos las espinas. Siempre habrá una espina en los ojos, algo que te conmueva (como yo que soy muy sentimental) y te hará llorar como cuando contemplas una pintura fascinante o escuchas el Réquiem de Mozart o el Adagio de Samuel Barber a todo volumen, y tu solito en tu casa. 

—¿Qué proyectos tienes ahora? ¿Vas a publicar algo más este año?

En un par de meses sale “Escribo caminando. Antología poética 2024-1983” (Pre-Textos, 2025). 

—No quisiera concluir esta entrevista sin que nos hables de la revista Códice que diriges y que se centra en la labor de difundir poesía. ¿Cómo nació la idea de crearla? ¿A qué alude su nombre? ¿Cuáles son los proyectos venideros para Códice?

Vamos contra la corriente. Códice-Revista de Poesía nació en 1987. Los primeros números salieron en Lima, California y México. En esa época la dirigía con el poeta uruguayo Eduardo Espina. El título de la revista me lo sugirió el admirable poeta Javier Sologuren. Luego paró de salir por más de dos décadas. El 2023 retomamos su publicación con Ale Pastore, ya en su “Nueva Época”. Estamos ahora preparando el numero 6 para marzo, 2026. En este número, como siempre, publicaremos poemas inéditos, entrevistas, notas breves sobre poesía, traducciones, y poemas manuscritos. Para el próximo número preparamos también un dossier especial sobre la poesía de Eduardo Chirinos, al cumplirse diez años de su partida. Y seguimos.

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PARA EL PERFIL
Doctora y Máster en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos. Ha obtenido las becas a la investigación: Provost Humanities Fellowship, Andrew Mellon Fellowship, Arts and Science Fellowship y dos becas de trabajo de campo para desarrollar sus proyectos en la Amazonía peruana otorgadas por el Centro de Estudios Latinoamericanos (CLAS) de la Universidad de Pittsburgh. Ha dado conferencias sobre literatura peruana en diversas universidades, congresos y ferias internacionales del libro.