Regreso del oso

No te vayas, Marcos Calderón

¿Somos víctimas de la nostalgia o el triunfalismo? Si algo parece haber olvidado la afición con la ‘era Gareca’ (no ha alcanzado los ocho años) es a saber perder.

Esta noticia podría ser de ayer, si Marcos Calderón hubiera alcanzado los 94 años el 11 de julio pasado y mantuviera puesto el buzo de técnico. Cuando fue técnico de la selección peruana, ganó la Copa América de 1975 y clasificó al Mundial de 1978 en Argentina; dos logros que le valen para alcanzar un sitio privilegiado en la historia del fútbol peruano.

Afortunadamente, en 2015 Perú encontró otro técnico que alcanzó resultados similares (una clasificación al Mundial de 2018 en Rusia y una final de Copa América en 2019) y pudo olvidarse del entrenador que fue llamado para dirigir a Perú en seis ocasiones entre 1960 y 1980 (la muerte lo encontró en 1987, cuando Perú estaba al mando del mucho menos trascedente Fernando Cuéllar). 

Quién sabe hasta cuándo hubieran pedido el regreso del Oso Calderón, al que los medios peruanos han revivido este 2022 para resaltar sus títulos, logros y figura, antes de que se cumpliera una semana de la eliminación del equipo blanquirrojo ante Australia. ¿Somos víctimas de la nostalgia o el triunfalismo? Si algo parece haber olvidado la afición con la ‘era Gareca’ (no ha alcanzado los ocho años) es a saber perder.

El periodista José Carlos Irigoyen decía que la única forma de que Australia le ganara a Perú en el repechaje es que el equipo cometiera una gran cantidad de errores “tanto de parte de jugadores como del técnico. Lamentablemente, ese escenario se cumplió: Trauco, Cueva, Canchita, Peña y Carrillo estuvieron irreconocibles. Pésimos. Gareca también se equivocó demasiado, como nunca. Este ha sido, no quepa duda, el peor partido de la era Gareca”. 

Más allá de una derrota, cualquier derrota debería ser admisible, preocupa la falta de explicaciones para este traspié, el más duro del equipo de Gareca quien, para el periodista Michel Dancourt, “no ha dado una explicación” del mal partido ni de las distracciones exógenos (léase: familiares, barberos, cebicheros, etc.) que llevó a Perú a “perder un partido en la puerta del horno”. Hay otras explicaciones que el periodista deportivo quisiera: 

  1. El universo de jugadores que eligió,
  2. La ausencia de intensidad y velocidad,
  3. La falta de respuesta del equipo, que compitió gracias a sus individualidades

“Gareca nos ha hecho competitivos”, señala, pero ante rivales que han estado muy por debajo de su nivel: Paraguay, Chile y Colombia”. La otra sensación que le queda a Dancourt es que con un rival de otra envergadura (un país europeo o centroamericano), no hubiera habido tal nivel de distracción en Perú. “Se pensó que Australia era un clon de nueva Zelanda y no fue así”. 

 

Perú podía perder, “fallamos en casi todo. Nuestro destino no podía ser diferente”, añade Irigoyen, “pero ya está. Es válido señalar los errores y las culpas, pero quedarse en esa instancia es refrendar que no hemos aprendido nada de estos siete años”. Y en julio se ha pasado de la calculadora para sumar puntos y arañar un quinto lugar, a sacar cuentas para renovar el contrato del técnico que nos hizo olvidar a Marcos Calderón. “Los números lo avalan”, afirma Dancourt, quien no vio un equipo consolidado después del Mundial. “La ingratitud y la mezquindad no pueden ser tan cuantiosas”, dice Irigoyen, quien cree que lo más probable es que Gareca se vaya. 

La disyuntiva, renueve o no Gareca, parece ser una muy diferente: ¿aprenderemos a perder o encontraremos otra forma de ganar? Es posible que Lapadula, Cueva y Gallese vayan a jugar su última eliminatoria y que cueste encontrar un recambio, como ocurrió ya nos con Quiroga, Chumpitaz y Cubillas. Pero el técnico argentino parece estarse jugando otra cosa: el puesto del entrenador que nunca se va o al que siempre se vuelve pensando en épocas mejores, allá por los setenta o hace tres años, da lo mismo. (Texto escrito antes de que Gareca diga su última palabra).

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