Opinión

Sin PPT no existen clases

Este título de libro es sumamente explicativo: PowerPoint: Ensayo sobre un programa que nos vuelve estúpidos.

La educación debido a la pandemia ha retrocedido una década en América Latina, excepto en Uruguay, advirtió el Banco Mundial en junio último. Tal vez esto no llame la atención en nuestro medio, donde se ha ‘normalizado’ la incompetencia en la conducción del Estado y del sistema educativo, y donde el gobierno, promotores y políticos tienen serias limitaciones cognitivas y carecen de políticas para tomar decisiones frente a los peligros del desorden social, inviabilidad política, corrupción e inseguridad. Sin embargo, es urgente atender la advertencia para afrontar y superar nuestras precariedades. 

Vuelta al “dictado de clases”

Probablemente no haya quien no celebre la vuelta a las clases presenciales, pero tras la idea de la ‘presencialidad’ está la imagen del “dictado de clases”, que persiste en todos sus niveles, pese al medio siglo de cuestionamiento y rigurosas investigaciones que sostienen al aprendizaje como eje fundamental de la educación, cuyo centro de gravedad está en estudiante (o aprendiz). Este nuevo enfoque tiene como condición previa al conocimiento del proceso cerebral del aprendizaje, y requiere el planeamiento y diseño de estrategias para posibilitar el aprendizaje en el mundo de hoy, y de instrumentos para verificar si el estudiante logró aprender, es decir si sabe hacer lo que ha aprendido. 

Es necesario identificar y diseñar contenidos para que el estudiante aprenda a pensar de manera sistemática y crítica, y pueda asumir rol protagónico en su aprendizaje. No se trata de un “diseño instruccional”, como circula en Internet, sino de generar herramientas y estrategias para que el estudiante se conduzca con eficiencia. El profesor Ken Bain, luego de haber investigado muchos años sobre el rol del docente, dice que el mejor maestro es quien domina de manera excepcional, no el método, sino su materia, y logra mantener la atención del estudiante. La clave está en integrar aprendizaje-enseñanza y enseñanza-aprendizaje. 

El Power Point ha castrado la creatividad

Los más de dos años de pandemia han sido un carnaval de webinares que comenzaron con timidez. Hasta especialistas calificados y profesores de notorio perfil académico los han usado sin cortapisas porque facilitan pasar las horas (y los días) mostrando a los alumnos o “espectadores” (así los llaman con evidente satisfacción) gráficos, dibujos cuadros, estadísticas, figuras, imágenes, textos extensos con letras menudas casi ilegibles. 

El nuevo ídolo es el programa informático Power Point, el famoso pepeté (PPT), que desde su lanzamiento en 1987 se ha convertido en el motor de las exposiciones y clases, convirtiendo al expositor en datero veloz frente a un auditorio que intenta leer lo que el expositor también está leyendo de la diapositiva. Sin PPT no existen clases. Los negocios educativos giran en torno al corta-y-pega para sustituir en gran parte al profesor. ¿Qué hacer? La saludable crítica la inició el periodista Franck Frommer, quien hace más de una década publicó un libro cuyo título dice mucho: PowerPoint: Ensayo sobre un programa que nos vuelve estúpidos. En nuestro medio, no se sabe ni se opina al respecto.

Por el simple hecho de utilizar el canal de las redes de Internet se cree que allí está la verdad o el valor de la comunicación, aunque estén violando las reglas básicas de coherencia, organización temática y relevancia, por lo menos. ¿Un espectador o un estudiante puede asimilar decenas de datos en unos segundos? No. Las bondades del mundo digital e Internet son reconocibles, pero esta constatación no debe impedirnos desvelar las limitaciones y vicios del ídolo de multitudes. Veamos:

  1. Generalmente es utilizado como reemplazo de la antigua pizarra, donde se escribía con tizas de colores. Algunos solo la replican.
  2. Se supone que constituye una ayuda para exponer o “dictar” la clase; sin embargo, después se reparten impresos para sustituir la clase.
  3. Se toman, por ejemplo, gráficos, cifras, porcentajes, figuras, fotos, textos, etc., mezclados y extraídos de fuentes y contextos donde cumplían otro rol.
  4. Por su forma y contenido, no promueven la reflexión, el diálogo, el debate y la crítica sino el monólogo y conglomerado de datos.
  5. Es muy común la presentación de diapositivas, una tras otra, de textos o frases escritas con letras menudas que nadie lee. Se llega incluso a mostrar 30 o 40 láminas en una hora de clase.
  6. En la educación remota o a distancia ha sido el recurso predominante, y la respuesta de gran parte de los estudiantes ha sido el rechazo, sea por falta de conectividad, equipo adecuado o disconformidad con las características del programa.
  7. En suma, el PPT distrae el aparato perceptual con el amasijo de imágenes, y distorsiona el marco conceptual con el conglomerado de datos sin orden.

Estamos frente a un problema serio. Nada de lo que hacemos para estudiar, vivir y trabajar está fuera de Internet, de la tecnología digital, los datos masivos, los algoritmos y la tecnología de la información. La realidad educativa ha cambiado y mucho, admitámoslo. La tecnología Internet ha devorado a la tecnología Gutenberg, las aulas virtuales ofrecen espacios y métricas nuevas, el Big data ha transformado no solo la gestión de los negocios sino los métodos estadísticos y de investigación, las técnicas de información y comunicación.  

Mientras tanto en nuestro medio nos ahogamos en rencillas de politiqueros oligofrénicos. Estamos al borde del despeñadero, con un sistema educativo que propicia los plagios masivos, y con una política donde lo que alguna vez se pudo identificar como derecha sencillamente no existe, y la izquierda carece de creatividad, talento y capacidad de acción para luchar por los más necesitados, contra el deterioro del medioambiente, por los derechos fundamentales y la educación de calidad.

Investigación y docencia post pandemia

Hace más de una década el periodista y profesor Jeff Jarvis planteó, a manera de desafío, el dilema siguiente: ¿Para qué necesitas una universidad si todo está en Internet? y si estás allí tienes Turnitin para evaluar las tesis (y te olvidas de la investigación) y PPT para hacer y recibir tus clases. ¿El profesor qué hace? Nada; será un desempleado más. 

¿Puede enseñar quien no investiga? No. Nuestras universidades están llenas de docentes que no investigan, reforzadas por la vuelta de los jubilados y la falta de apoyo a los jóvenes. La esperanza de mejorar y potenciar la calidad de la educación con el auxilio de las tecnologías de la información y comunicación (las famosas TIC’s) se esfuman. Cunde la falta de liderazgo de los jóvenes. Hipótesis escalofriante: estamos frente al deterioro sistémico de la salud, de la cultura, de la política y de la economía.

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

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