Opinión

El drama de la izquierda

Una pregunta ronda plazas y ciudades del Perú: ¿Es posible la unidad de las izquierdas? Hasta hoy no hay indicios. Y no se trata de buscar culpables sino explicaciones. ¿Por qué no ha sido posible la unidad de las izquierdas?

Los problemas estructurales del Perú son cada vez más graves. El costo de vida y la corrupción se acrecientan, se discuten problemas de intereses económicos con la fachada de política, en tanto que la ausencia de partidos políticos no da signos de reversión. Los organismos del Estado están paralizados y sin norte debido a la inexistencia de políticas públicas de cara a las necesidades del país, mientras tanto en las redes sociales las discusiones que se suscitan dan clara muestra de la clamorosa deficiencia de educación y formación académica, que alcanza niveles de escándalo y vergüenza. En medio de este caos el presidente Pedro Castillo esgrime la propuesta de la elección de una asamblea constituyente.

Emociones recargadas

Las discusiones no se sustentan en planteamientos teóricos, salvo algunas opiniones de orden jurídico limitadas a problemas legales menudos y otras un tanto más relevantes sobre la convocatoria de la Asamblea Constituyente, y ejercicios doctrinales sobre la destitución del presidente de la República, que ha devenido en intercambio de cuotas de poder, que en una época se llamaban “granjerías”.

Frente a este desorden y entrampamiento ¿es posible identificar el pensamiento y la acción de una izquierda o de los sectores progresistas más lúcidos que tanto necesita el Perú? Respuesta: no. Y esto es lamentablemente puesto que los problemas que les conciernen ―o les debería concernir― comprometen nuestra viabilidad como país, que poco o nada interesa a los pudientes, ricos y adinerados, que están más pendientes de sus negocios avalados por arbitrajes lucrativos.

Las opiniones y análisis se pierden en adjetivos (insultos) cargados de emociones negativas, tóxicas y dañinas como en el odio, la vanidad, la rabia y la envidia, que sobrepasan la normalidad con ribetes de patología y nos recuerdan que es signo de este tiempo que se haya activado con más prominencia la amígdala cerebral (de las emociones) en vez de los lóbulos frontales (del pensamiento y razón). Quienes decían que defienden la verdad han olvidado su significado y, por tanto, los datos, las explicaciones y el predominio de la racionalidad y realismo; quienes alentaban la vigencia, ejercicio y defensa de los derechos humanos, la tolerancia y la lucha por la igualdad, están descubriendo que el “Perú profundo” efectivamente existe y se desborda cuando hinca los suelos y remece el sistema social.

La ausencia de competencias y de formación académica son notorias cuando se observa que los ‘atildados’ pierden la paciencia para reconocer al ‘otro’ tal como es, diferente a la imagen que nos dan las novelas. Cuando los intelectuales y comunicadores de un país carecen de explicaciones y recurren a metáforas y ridiculizaciones ‘desde las alturas’ algo malo nos está pasando. ¿Cómo encontrar una salida democrática a los problemas que nosotros mismos provocamos? Y cuando decimos ‘nosotros’ nos referimos a la mayoría del Perú que huyó del clan fujimorista y ahora reniega porque a los que puso en el gobierno se les perdió el libreto.

¿Es aún posible una izquierda?

No son tiempos de discursos ‘revolucionarios’ de cambio radical de las estructuras sociales. Estamos en el inicio de un nuevo orden mundial que impone la revisión profunda de los conceptos y el examen detenido de la realidad física, social, biológica y tecnológica y, por su puesto, centrarse en la política como ciencia para arribar a planteamientos, criterios y normas de acción. 

Los dirigentes, líderes y cuadros políticos ―si los hay― tendrán que comenzar a dialogar y pensar sobre la base, no de posiciones emocionales, sino de conceptos que tengan cierto rigor, a fin posibilitar acciones concertadas. No es época de grandes discursos ni posturas histriónicas. Los ciudadanos, electores y la gente común no quieren que quienes dicen representarlos se plieguen irresponsablemente a favor de intereses personales cuando hay que enfrentar a los enemigos comunes de la discriminación, pobreza, desigualdad y ejercicio del poder para beneficio propio. ¿No ofende al común de los ciudadanos que quienes gobernaron y algunos que robaron aparezcan hoy como dechados de virtudes en entrevistas pactadas en los medios? ¿Es difícil entender que, si los que robaron no están presos, los que gobernarán querrán el mismo destino?

Tampoco es hora de las grandes consignas. Afortunadamente hay indicios de que las izquierdas en el mundo están comenzando a pensar teorías y acciones de política sobre la base de las ciencias y tecnología nuevas. Los problemas urgentes comienzan a hacer mucho ruido y están a la vista para quienes quieren verlos. Allí están; algunos tienen alcance planetario y otros amenazan nuestro entorno inmediato, y ambas dimensiones son interdependientes en nuestro globalizado mundo. Veamos, a continuación, algunos de estos problemas que pueden conformar una agenda mínima de análisis y acción.

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Tampoco es hora de las grandes consignas. Afortunadamente hay indicios de que las izquierdas en el mundo están comenzando a pensar teorías y acciones de política sobre la base de las ciencias y tecnología nuevas.

-Las grandes desigualdades sociales, que se ahondan y acrecientan cada día. Todas las mediciones realizadas por organismos internacionales las confirman. Se están produciendo grandes rupturas del modelo económico neoliberal y es cada vez más evidente que el gran mito de que el mercado se autorregula está lejos de la realidad. La ideología de que el Estado es mal empresario no resiste frente a abrumadores ejemplos de gestión opaca sino fraudes. La necesidad de combatir la desigualdad es innegable para que el mundo siga siendo viable.

-El acceso a los derechos fundamentales de salud, alimentación y educación se alejan cada vez más de los necesitados y sin empleo. Los servicios de salud, mayormente en manos privadas, están fuera del alcance de las mayorías. La alimentación, sobre todo escolar, está cada vez peor e impacta negativamente en el desarrollo cognitivo y emocional de los estudiantes. La educación pública pierde calidad y se deteriora a ritmo alarmante y no recibe la financiación apropiada para infraestructura y equipos y, mucho menos, para calidad de los aprendizajes. Y uno de los lastres poderosos es el bachillerato automático. La lucha por los derechos fundamentales es impostergable.

-El calentamiento global, el deterioro del medioambiente y la contaminación creciente de ríos y lagos por la minería formal e informal constituyen la más grande amenaza para la agricultura (léase alimentación). Aun cuando hay aislados casos de mitigación de efectos con el auxilio de tecnología digital, a la gran mayoría de transnacionales no les interesa la contaminación del medioambiente, ni la carencia de agua que presagia guerras devastadoras. La contaminación de ríos y valles peruanos donde están los más poderosos asentamientos mineros y la competencia para comunicarlos están fuera del alcance de la gestión del Estado. Los grupos en actividad por la defensa del medioambiente están iniciando una acción más vasta.

Una pregunta ronda plazas y ciudades del Perú: ¿Es posible la unidad de las Izquierdas? Hasta hoy no hay indicios. Y no se trata de buscar culpables sino explicaciones. ¿Por qué no ha sido posible la unidad de las izquierdas? Aquí ensayamos algunas hipótesis: a) Los diálogos, generalmente cargados de emociones, han tenido mayor peso que la racionalidad y el realismo; b) Las aclaraciones conceptuales y teóricas de lo que significan izquierda y socialismo han sido sistemáticamente pospuestas; c) Las deficiencias de comunicación con el público debido a la carencia de medios y de capacitación de cuadros competentes de diferentes niveles.

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

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