Opinión

Apuntes sobre la tecnología social

Es urgente alfabetización tecnológica general, investigaciones universitarias en tecnología educativa digital para evitar en lo posible la consigna de “Google te hace las tareas”.

Los inicios de Cien años de soledad deslumbran: “Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mudo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”. Sugerentes y cautivadores, son clara muestra de que los creadores, novelistas y escritores, antes de iniciar su tarea fundamental investigan y piensan por años. Además de ser una construcción idiomática de exquisita y sobria arquitectura, es una hermosa metáfora para llevarnos a pensar acerca de cómo nace y se desarrolla el pensamiento filosófico y científico que ha hecho posible el progreso y desarrollo del mundo moderno que este breve artículo se propone.  

Seis siglos antes de nuestra era, los griegos pensaron el mundo como si fuera reciente (y lo era en cierto sentido) e inventaron la teoría, esto es la filosofía y ciencia. No la sacaron de las mangas, cual acto de mágica ilusión, sino que transformaron los conocimientos prácticos (de egipcios y babilonios) en axiomas. A los orientales, meticulosamente prácticos, no se les ocurrieron los axiomas, esos principios del pensamiento sin los que sería imposible razonar y argumentar y que ha llevado a construir el pensamiento científico. 

El pensamiento ordenado, sistemático, crítico, cuestionador nos hace libres y hace avanzar el conocimiento. Hans Kelsen creó la teoría del derecho más influyente y potente de la que se consideran deudores juristas como Luigi Ferrajoli; sin embargo, esa deuda no obsta para que Ferrajoli muestre las contradicciones más relevantes en la obra del maestro (La lógica del derecho: Diez aporías en la obra de Hans Kelsen, Trotta, 2017). 

La matemática y las ciencias

El dominio de la matemática hizo posible que portentos de la ciencia se embarcaran en tareas más audaces como es el conocimiento del cosmos, empresa de gigantes cuyas cumbres son Bruno, que fue quemado en una plaza pública; Galileo, que fue encarcelado por la Inquisición; y, Newton, quien en un mundo un tanto más libre formuló las leyes de la gravitación universal, excepcional genialidad del orden cósmico que hizo posible el nacimiento de la física moderna y sentó las bases de la Ilustración. Estos avances impresionantes crearon las condiciones esenciales para sustentar el racionalismo y el realismo, que son dos columnas del mundo moderno.

Sobre esas bases las ciencias se desarrollan y sus áreas de estudio se traslapan; así, por ejemplo, el avance de la química va de la mano con el evolucionismo de Darwin, de la década de 1850, y con el descubrimiento del código genético, a mediados del siglo pasado. El impresionante crecimiento de todas las ciencias y el nacimiento de la tecnología como traducción de la ciencia ha hecho posible el progreso y desarrollo del mundo moderno. La computación cuántica y la biología informática y la escuela en la nube son indetenibles. Las sociedades que están alejadas de ellas no tienen sitio en la sociedad globalizada.

Walter Penaloza
Walter Peñaloza

Las tecnologías sociales

Las ciencias y las tecnologías son un sistema. Lo que está fuera de ellas no son ciencia ni tecnología; podría ser pseudociencia y pseudotecnología, que debe merecer otro artículo porque es un enorme lastre causante de perjuicios a la economía y a la salud de las personas. Ahora bien, las ciencias naturales básicas y aplicadas y la matemática han posibilitado las tecnologías físicas como los motores, los reactores, etcétera, y las tecnologías digitales como la robótica. En consecuencia, surge la necesidad hacer nuevas preguntas ¿las ciencias sociales básicas y aplicadas pueden ser traducidas en tecnologías como sucede con todas las ciencias naturales?, ¿se puede hablar con propiedad de tecnologías sociales o siotecnologías?

Desde la epistemología, sobre la base de investigaciones como las de Mumford, Mitcham, Elster, Bunge, Quintanilla, Broncano y otros se puede definir a las ciencias sociales como un conjunto de conocimientos que sirven para diseñar, construir y evaluar artefactos sociotécnicos para modificar la realidad social. 

Las ciencias sociales explican los hechos sociales para comprenderlos; las tecnologías sociales buscan diseñar artefactos y estrategias para actuar y transformar la realidad social. En este sentido, un politólogo busca los mecanismos que explican el poder político; en cambio, el político, si es competente, sobre la base de aquel conocimiento, se encarga de organizar y conducir un movimiento político para conseguir los propósitos señalados en su ideario. 

Hay, claro está, científicos sociales mediocres y políticos incompetentes porque carecen de conocimientos y pueden llevar al despeñadero una organización de cualquier tamaño que ha costado años construirla. Hablamos de organizaciones, no de instituciones, que se confunden con frecuencia.

Un politólogo, un sociólogo, un historiador, un economista y un biólogo pueden lograr un conocimiento adecuado de su campo trabajando solos, pero si unen esfuerzos para describir y explicar la manera cómo interactúan el Estado, las empresas financieras, las organizaciones políticas y los movimientos sociales, podría tener un valor incalculable para diseñar políticas del Estado. Pero esta tarea no la hacen los científicos básicos sino los sociotécnicos, que encaran problemas prácticos que tienen consecuencias en la acción y están relacionados con valores de verdad y de justicia. La igualdad de oportunidades y calidad de vida no es un discurso sociológico ni ideológico; es una meta que requiere un curso de acción y una organización. 

Los científicos sociales formulan hipótesis y conjeturas cuyas verdades deben probar. En cambio, los sociotécnicos diseñan artefactos sociales como colegios, partidos políticos, hospitales, y luego evalúan si son viables y eficientes. Estamos en un medio tecnológico cuya velocidad de innovación es apabullante.  Si nos detenemos solo en la educación de los últimos treinta años, veremos que los gobiernos han hecho compras millonarias de laptops para estudiantes, que nunca llegaron, o llegaron deficientes, sin conectividad y contenidos en medio de la confusión de artefacto con tecnología. Nos hemos pasado la vida escuchando exposiciones doctas de parrafadas enormes escritas con letras menuditas e ilegibles, en Power Point, proyectadas a velocidad de rayo. A eso le llaman “ayudas visuales” cuando en verdad son distractores y solo ayudan para el “floro” del expositor. 

Es urgente alfabetización tecnológica general, investigaciones universitarias en tecnología educativa digital para evitar en lo posible la consigna de “Google te hace las tareas”. El filósofo peruano Walter Peñaloza escribió un pequeño y motivador libro sobre tecnología educativa; sin embargo, nadie lo lee ni difunde, ¡ni sus discípulos! Corregir esta omisión no es tarea fácil, es un desafío cognitivo, emocional y práctico.

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

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