Opinión

La izquierda debe salir del hoyo como lo hizo la selección 

Solo valemos como datos para ser comercializados. Mientras tanto nuestros políticos, líderes y élite intelectual hacen la siesta.

La izquierda peruana no tiene rumbo. Hace mucho tiempo lo perdió. Está tan perdida en el espacio político que se le achaca la ineptitud y oportunismo de Pedro Castillo, Cerrón y sus huestes, cuando en realidad llegaron al gobierno como “mal menor” y no como representantes de la izquierda. ¿Los izquierdistas se sienten representados por Castillo y compañía? No. Ni siquiera esto. 

Sistemáticamente satanizada, la izquierda peruana no tiene un perfil que la identifique, que la defina. En los años 80, sus líderes carecieron de recursos conceptuales para el deslinde con el terrorismo de Sendero Luminoso, y paradójicamente hoy la estigmatizan con el epíteto de “terrorista” para restarle credibilidad y consistencia ética. En 1985, Izquierda Unida llegó a la segunda vuelta electoral con Alfonso Barrantes Lingán “Frejolito”, que alcanzó el 21% de los votos, frente a Alan García Pérez, del Apra, con 46%. Barrantes desistió y García fue proclamado presidente. Los historiadores de la política dirán cómo afectó a la izquierda peruana este accidente histórico. 

Alfonso Frejolito Barrantes
Alfonso “Frejolito” Barrantes

Fue ambivalente ante al golpe de Estado encabezado por el general Juan Velasco Alvarado, y un sector importante dio apoyo político e ideológico al Gobierno Militar, que en su primera etapa velasquista emprendió importantes reformas, abortadas después por el gobierno del felón Morales Bermúdez. Y en los años 90, frente a la bête noire de la dictadura de Alberto Fujimori, encarcelado por asesinato, corrupción y violador de Derechos Humanos, nuevamente fue rebasada por una realidad que le exigía solidez teorética para sus acciones en el campo de la organización y conducción política. 

Hoy la izquierda peruana está fragmentada, sin capacidad organizativa, y sin un marco teórico coherente que la habilite para la acción.

El mundo cambia y ¡de qué manera!

El mundo está cambiando a grandes trancos, a ritmo de vértigo. Las políticas neoliberales, el poder sin fronteras del capital financiero y la globalización impactan no solo en las decisiones de los gobiernos sino en la vida cotidiana de las personas, en su sentir, en su posición frente al mundo y la vida. ¿Quién podría haber pensado que el capital financiero tendría más poder que los Estados soberanos? Hoy manda el mercado; entonces, la educación es cara, la salud tiene precios impagables para los que menos tienen, el acceso a la justicia y el triunfo en los litigios son para los adinerados, y la desigualdad social se incrementa y acicatea la violencia, que se torna irrefrenable.

Así hemos ingresado al mundo digitalizado, a la sociedad de las redes donde mandan los algoritmos y donde controlan y venden nuestros datos. Somos simplemente datos que los cedemos sin pensarlo: DNI, número de cuenta bancaria, código de PC, número de seguro, registro de búsquedas, hábitos de películas y música, etcétera. Nos vigilan electrónicamente. Solo valemos como datos para ser comercializados. Mientras tanto nuestros políticos, líderes y élite intelectual hacen la siesta. 

Estamos cada vez más lejos de los cambios científicos, tecnológicos y de las innovaciones. No hay financiamiento para las universidades estatales en infraestructura, laboratorios en investigación física, química, biotecnología, neurociencias, ciencia política. Requerimos con urgencia alfabetización científica y tecnológica, cultura científica que nos permita decidir sobre salud, educación y nuestro futuro. Hay ejemplos dramáticos de confusiones entre medicamentos, placebos y homeopatía, que pasan como asuntos científicos ¿Ignoran algunos analistas y periodistas que productos seudomedicinales pertenecen a consorcios e industrias poderosas? ¿Ignoran las inmensas fortunas que mueven en publicidad y marketing? ¿Ignoran el inmenso poder que tienen? El “agua arracimada” es apenas un minúsculo caso de falsas medicinas que generan ganancias astronómicas. Basta enterarse de la lucha del médico e investigador danés Peter Gøtzsche (2016), quien critica a la industria farmacéutica por manipular sistemáticamente a su favor los resultados e influir en los médicos. 

Estos cambios en el sistema mundo (el concepto es de Wallerstein) están generando rupturas profundas, descontentos y protestas por las carencias cada vez mayores. Son por demás evidentes el deterioro del medio ambiente y el cambio climático, que se hacen visibles en los deshielos de los glaciares, los cambios preocupantes en el Mediterráneo y conflictos en varios lugares del planeta por el agua. En sociedades menos desarrolladas como las nuestras, que viven de sus recursos naturales, la contaminación del agua y la agricultura por causa de la extracción minera es letal, y es muy lamentable el irreversible daño del desarrollo cognitivo de los niños por la contaminación de plomo en la sangre, algo que los sabios oriundos pasan de puntillas.

Cambio de enfoque y acción

La izquierda peruana, teóricamente desactualizada, políticamente desorganizada, y sin una perspectiva de mediano y largo plazo, debe asumir los desafíos surgidos de esta realidad. Tiene que echarse a investigar y urdir un tramado teórico que permita sustentar alternativas y puntos de vista frente a los problemas de nuestro tiempo, y absolver preguntas agresivas en los debates. No bastan las fáciles justificaciones de las carencias como causas últimas de todos los problemas; es necesario elaborar explicaciones creíbles, convincentes y realistas sobre la base de sólidos recursos teóricos y conceptuales. 

A la izquierda peruana le hace falta organización y disciplina para la movilización de acciones concertadas para la defensa de los derechos ciudadanos, la educación, el empleo, la vivienda y el acceso a Internet. Tiene que convocar a los mejores cuadros de análisis y de comunicación para vivir en la sociedad red y encarar las fobias y las filias que León Moya le endilga injustificadamente a una de sus mejores talentos (Hildebrandt en sus trece, marzo 578). Sin duda, la primera deuda pendiente es la autocrítica y volver la mirada a quienes pensaron e hicieron política seriamente, honestamente y coherentemente. 

No se trata solo de mirarnos en el espejo peruano del momento; hace falta, como nunca, un marco conceptual, un cuerpo teórico que nos habilite para la acción sobre la variopinta y vertiginosa realidad. Por poner solo un ejemplo, el senador por Cajamarca, Carlos Malpica (que le bajaba el copete al senador Manuel Ulloa) escribió y reeditó su libro Los dueños del Perú (1967), que fue como una radiografía económica y social, cuyo título sugestivo acicatea inteligencias mejor organizadas. Lo prueban trabajos relevantes recientes como Los doce apóstoles de la economía peruana, del profesor Francisco Durand (2017). De modo que el cultivo responsable de la investigación en ciencias sociales no debe ser ajeno a la izquierda que el Perú requiere hoy. 

¿Hay cómo salir del entrampamiento? Sí. La izquierda, antes de reparar en matices, tiene una pléyade de lideresas de primer orden y de sólidos conocimientos. Ellas podrían constituirse en los lóbulos frontales de la nueva izquierda con capacidad de convocatoria y acción. La izquierda debe salir del hoyo como lo hizo la selección.

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

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