Opinión

Nuestro medio es un caos opaco a la racionalidad

La tradicional y lúcida izquierda está perpleja, desordenada, sin iniciativas y teorías para salir del descalabro creado por los socios de Pedro Castillo. El Congreso lo conforman grupos que carecen de postulados ideológicos y teorías para conducir y construir una sociedad congruente con una visión compartida.

El bicentenario peruano es una referencia útil para mirarnos como sociedad, como país, como Estado y como proyecto. Un país visto en perspectiva de realización, en movimiento, nos ofrece un panorama desolador donde reina el desorden, el deterioro. Evidenciando caos, ausencia de orden en todos sus escenarios. Datos objetivos de comparación lo encontramos con nuestros vecinos Chile, Ecuador, Colombia, por ejemplo, hace 30 años. Cuánto hemos disminuido y cuánto retraso llevamos. Hemos perdido oportunidades históricas en desarrollo integral visto desde los campos económico, político, social, psicobiológico y cultural. La visión de futuro no está en agenda.

El escenario político es un escenario de desencuentros. Los tradicionales partidos políticos han sido sustituidos por grupos de intereses particulares, de dueños de agrupaciones movidos por negocios cuyos ejes motivadores son la rentabilidad y el lucro. El Congreso lo conforman grupos que carecen de postulados ideológicos y teorías para conducir y construir una sociedad congruente con una visión compartida. Una primera constatación dramática de esta desarticulación y deterioro se encuentra en los modos de pensar y organizar la sociedad e instituciones que acabaron colapsando, los debates fallidos acerca del proyecto país, de sociedad y educación, sustituidos por repartos de parcelas de ganancia.

Con las limitaciones educativas y de liderazgo de estas instituciones, apenas en el pasado cercano había conductores formados para comunicar, proponer y difundir ideas y prédicas con cierto orden. Sin embargo, las visiones se extinguieron destruidos por la improvisación, la voracidad y el analfabetismo político, donde a nadie la interesa confrontar postulados sino negociar sobre “cuánto es o cuánto hay”. Los políticos improvisados son negociadores de puestos, cupos, cercos de interés congruentes con la desaparición de reflexiones de interés general, aupados al poder de los dueños de turno. Cada cual “justifica” su inconducta, balbuceando desde la ignorancia. El congreso se ha transformado en un campo de delitos injustificables que se consienten y se toleran. 

Las campañas electorales para alcaldes de Lima y hasta en los últimos rincones del país, han sido tomados por los candidatos en el marco del modelo “Acuña” buscando situaciones que les favorezcan y que sirvan para sus intereses. ¿Hay cómo salir de este designio inexorable? No se lee. No se tienen horizontes, ni referencias. Se carecen de teorías y esquemas conceptuales que les den sentido a las ideas y la búsqueda de bienestar general y de promesas. Es el escenario de extirpadores de valores políticos de justica y de verdad, organizaciones de vecinos, cooperación y auxilio mutuo. Es el triunfo de la mezquindad, quién puede más, utiliza todas las ventajas a su favor. Los que se oponen y los que buscan el bien común, son obsoletos y caducos. 

¿Chile es un ejemplo para aprender? Sí, y rápido. Leer modelos requiere escolaridad y formación política que no tenemos. Esa es nuestra tragedia. Han desaparecido los cuadros del pasado y no existen recambios a la vista. Ha ganado el oficio de insultar y decir frases de chacota como cuando un periodista de un diario local “inventa” una frase y dice que Pedro Castillo da vueltas como “pollo sin cabeza”, que en cuestión de horas debe estar fuera de Palacio, ¿qué ha ocurrido? Han pasado días y pasan meses, mientras Castillo con parsimonia asustadiza sigue aprendiendo trapacerías con rapidez, y ahora, ensaya defenderse con artes mal aprendidas cuyos ejemplares nos sobran.

Es alarmante, la extinción del diálogo, del debate y de la polémica acerca de los problemas prácticos y teóricos de la política cotidiana y de largo plazo. Son moneda corriente los chismes, los datos irrelevantes, los desórdenes administrativos, las licitaciones amañadas, las adjudicaciones de obras anómalas, los plazos incumplidos y las ausencias de control. Lo de siempre. ¿Los inventaron don Pedro y su caterva? No. Sus malos aprendizajes son parte de su sintomatología académica. 

La madre de esta vieja conducta lleva a otra pregunta ¿Cómo se han hecho las grandes fortunas en el Perú? La historia nos enseña y persistimos en no aprender. Los desmemoriados de hoy acusan a un personaje nimio de ser el inventor de las cutras (presidente Castillo), como si los cholos de hoy hubiesen inventado la idea de cómo hacer fortuna fácil. La cultivada corrupción tiene una vieja escuela que exhibe nuestra azarosa historia. Consecuencia: los pobres han sido las víctimas de siempre y motivo de abandono de las falsas izquierdas y de los progresistas lúcidos ayer desconcertados hoy, anonadados y paralizados por la apraxia.

Los políticos de la escena oficial “han perdido el rumbo” dice el politólogo Sinesio López. Pues no, distinguido amigo. Lo pierden quienes lo tuvieron, no los que divagan en el vacío conceptual. Es verdad, desde el inicio, que el único norte de los políticos despistados fue vacarlo (a Pedro Castillo), se parapetaron en el frente judicial y los abogados dicharacheros que les encantan frecuentar los medios intentando buscar resquicios legales, agotaron sus mejores ataques con escaso potencial de fuego. Todo ha quedado tal como lo entronizó el expresidente nipón a quien le gustaba repetir que “daría mi vida por el Japón”, su país de origen. Estamos en el fango de las confusiones conceptuales, legales y políticas sin encontrar el esquivo rumbo del futuro.

Futuro a la vista

Hacer viable un país en estas condiciones resulta enorme desafío debido a la falta de análisis de las notables innovaciones en ciencias, tecnologías y humanidades en curso. Las ciencias sociales y humanidades se orientan cada vez más a la gran confluencia con las ciencias naturales como la física, la química y la biología que muestras realidades antes opacas a la inteligencia humana. Urge ponerlas al servicio de soluciones de los problemas en curso con universidades actualizadas para enfrentar: el cambio climático, la contaminación, la desertificación, las semillas, los suelos cultivables, las nuevas tecnologías, abono, etc. 

Los hallazgos interdisciplinares en planeamiento exigen nuevos enfoques. Hoy ausentes de las propuestas de los candidatos a alcaldes con discursos reñidos con la realidad en cuanto al diagnóstico cuantitativo cualitativo de la población que hoy crece desordenado, violento, sin agua y desagüe. Carentes de una visión de Lima a 50 años, inimaginable e impensable por cerebros ausentes. Los cruces disciplinares de la economía, el derecho, las ciencias políticas, las sociologías y las neurociencias, ponen al descubierto realidades en espera de estudio y explicación impostergable desde la universidad. 

Las interdisciplinas se ensanchan y se incorporan en toda la cultura, como la bioinformática, la bioestadística, la psicobiología, la bioquímica, etc. rompiendo cercos del conocimiento disciplinar. La política es un ejemplo de desorden inesperado y la búsqueda de regularidades. Nuestro medio es un caos opaco a la racionalidad. La tradicional y lúcida izquierda está perpleja, desordenada, sin iniciativas y teorías para salir del descalabro creado por los socios de Pedro Castillo. A despecho de quienes les creyeron. Es una caja de pandora en un terreno minado donde los avispados juristas apuntalaban la hipótesis locuaz de la vacancia fácil. Porque las aspiraciones, las hipótesis y las conjeturas son resistentes al aprendizaje. ¿Podemos sacar lecciones allí donde tenemos más apremio? 

Esta es una columna. El análisis y las expresiones vertidas son propias de su autor/a y no necesariamente reflejan el punto de vista de EL PERFIL.

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