Una cuarentena en evaluación y una Constitución que no sirve para protegernos contra abusivo y especulador

Aunque muchos expertos nos dicen que ya estamos en la “meseta”, esto no parece ser cierto. El rico podrá pagar una clínica privada y comprar salud, el pobre no.

La amenaza, que esperábamos que no llegue y por eso urgía aplanar la curva del contagio, de decidir entre la vida o muerte de una persona, ya llegó. Ahora los médicos están en la penosa posición de determinar a qué persona le ponen un respirador mecánico para que siga con vida y a quién no, condenándola a la muerte. Es una decisión que deben tomar obligatoriamente. Se ayudan con el perfil del paciente. Evalúan edad, enfermedades pre-existentes, si pertenecen a grupos de riesgo, si tienen sobrepeso, etc., pero lo hacen sin tener otro recurso.

Con respecto al tratamiento de los infectados, somos conscientes que se está haciendo mucho esfuerzo para adecuar los hospitales a las necesidades. Se han comprado nuevos ventiladores mecánicos, se está solucionando el problema de falta de oxígeno en algunas regiones y nos estamos dotando de medicamentos para combatir la pandemia. Además, la ciencia médica y la veterinaria, que ha sido muy instrumental en las investigaciones y búsqueda de soluciones, siguen progresando y cada día se sabe más sobre el virus.

Sin embargo, hay un problema colateral que ha surgido al dar atención prioritaria y casi única a los infectados en nuestras redes de salud. Personas con condiciones de salud diferentes a COVID-19, como peritonitis, infartos, neumonías, infecciones, etc., están muriendo por falta de atención médica y eso ira in crescendo. Se tiene que evaluar este factor que se ha descuidado. ¿Qué pasaría si sufrimos de una quemadura o un accidente que en las condiciones anteriores al COVID-19 eran casos que no causaban la muerte? ¿Es justo que estemos condenados a morir?

Por otro lado, la ministra de economía advirtió hace poco en una entrevista que creía “que la economía ya no resistiría otro cierre tan agresivo”. Asimismo, todos los esfuerzos del gobierno para que la cuarentena se cumpla han sido en vano. La desobediencia colectiva, algunas justificadas porque tenían que buscar el pan del día, pero otras, la mayoría, que no tienen ninguna justificación, han hecho que esta cuarentena no tenga los resultados esperados y el contagio se propague aceleradamente. Aunque muchos expertos nos dicen que ya estamos en la “meseta”, esto no parece ser cierto.

Dicho esto, estamos a escasos días para que el presidente tome la posible decisión de prolongar la cuarentena, cuya programación de término está ad portas. El presidente tendrá que sopesar la experiencia ya vivida y evaluar muy meticulosamente su decisión, basándose, creo yo, en un análisis práctico y realista. Una ampliación no dará mejores resultados que los ya dados. Sólo queda abrir la cancha para no continuar en una carrera suicida como país. Los que no respetaron las medidas recomendadas durante la cuarentena, seguirán con lo mismo, y los que las respetamos, continuaremos tomando las medidas de precaución y protección. 

Los contagios aumentarán considerablemente hasta llegar a la curva deseada, esperemos que no sea muy lejana, y luego irán bajando poco a poco. Morirán muchos más de lo previsto antes de la cuarentena y lamentablemente, serán en su mayoría personas de los estratos socio-económicos más bajos y aquellos que piensan que la vida no vale nada y se zurraron en la cuarentena. El rico podrá pagar una clínica privada y comprar salud, el pobre no.  

Si hay algo que hasta el momento tenemos muy claro es el cuadro de miserias y falta de valores que nos ha mostrado esta pandemia. El egoísmo y la corrupción mostraron su mejor careta. Comprobamos que tenemos una Constitución que no nos sirve de mucho para protegernos contra el abusivo y especulador. El gobierno actual nos deja una desilusión muy grande; crea un plan de reactivación de la economía con 60,000 millones de soles, que es un préstamo a bajo interés, con ventana de facilidades muy amplia, pero se los da a los bancos para que en primer lugar ellos tomen tu tajada como comisión. Luego estos bancos desembolsan la gran parte de esos fondos a las grandes empresas, Éstas empresas refinancian sus préstamos anteriores con este nuevo préstamo a un interés mucho más bajo, con un período de gracia de un año y la economía no se reactiva para nada, sino que aumenta las riquezas de estas empresas. La pequeña y media empresa, que son el pilar de nuestro mercado laboral, queda diezmada y una vez más caemos en lo mismo de siempre.

Una vez fui a un partido de futbol en México. Los hinchas, cuando su equipo iba perdiendo gritaban a coro: “¡SÍ SE PUEDE! ¡SÍ SE PUEDE! ¡SÍ SE PUEDE!”. Al término del partido, su grito cambió, era: “¡NO SE PUDO! ¡NO SE PUDO! ¡NO SE PUDO!”. Así me siento ahora.

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Camet y Abusada

José Graña Miróquesada, el dueño de Graña y Montero, es también el mayor accionista de “El Comercio”. Es en esas páginas donde Roberto Abusada publica artículos semanales, en las que no faltan referencias acerca de cómo mejorar la economía nacional. Qué tal cuajo.
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