Cambios

Experiencia y memoria histórica en el gabinete

Los cambios evidencian que el silencioso gobierno de Pedro Castillo no ha perdido reflejos y capacidad de hacer los cambios necesarios en el momento más oportuno, pero que esto no significa la ansiada “humalización” a que en estos días ha pretendido empujarlo la derecha mediática y los dueños del poder económico y corrupto en el Perú.

El cambio de Gabinete ministerial no solo es oportuno, sino también saludable y tranquilizador para la vida política, económica y social del país. Creemos que lo más destacable en este cambio es la designación de Mirtha Vásquez en el cargo de Premier y de Gisela Ortiz en la cartera de Cultura. Ambos tienen el efecto de dar un doble, legítimo y contundente mensaje a las fuerzas de oposición de la derecha y algunos sectores de la izquierda que han quedado descolocados con el cambio realizado:

Primero: evidencia que el silencioso gobierno de Pedro Castillo no ha perdido reflejos y capacidad de hacer los cambios necesarios en el momento más oportuno, pero que esto no significa la ansiada “humalización” a que en estos días ha pretendido empujarlo la derecha mediática y los dueños del poder económico y corrupto en el Perú; ya que, la trayectoria democrática y pulcra de la Premier designada, garantiza que el gobierno se mantiene dentro de los postulados de izquierda por los que fue elegido, solo que ahora con el debido perfil de prudencia y responsabilidad a que está obligado constitucionalmente.

nuevo gabinete mirtha vasquez

Mirtha Vásquez tiene la experiencia de haber presidido el Congreso hegemonizado por la derecha política, en los momentos finales más duros del periodo anterior, en los que hubo de afrontar más de un intento de censura por parte de quienes siempre han estado interesados en desestabilizar el país. Ella cuenta con un posgrado en gerencia social y como abogada y se hizo conocida defendiendo a la humilde y combativa campesina Máxima Acuña, ante los abusos de la Minera Buenaventura, así como por su defensa del ambiente y lagunas de Cajamarca.

Segundo: la designación de Gisele Ortiz, administradora de profesión, reconocida activista de los Derechos Humanos, y hermana de Luis Enrique Ortiz Perea, cruelmente asesinado e incinerado en el marco del caso de La Cantuta por el gobierno de Alberto Fujimori, constituye un necesario gesto de preservación de la “memoria histórica” (como ella lo dijo al juramentar), de las innumerables víctimas de los crímenes y desapariciones de ese infausto periodo de nuestra vida republicana; a la vez que, una afirmación de que los delitos pendientes no quedarán impunes, y la memoria tampoco.

Su sola presencia en el nuevo gabinete ministerial constituye una legítima cachetada al fujimorismo terruqueador y golpista; por lo que en estos precisos momentos deben estar buscando hasta debajo de las piedras la manera de infamarla, y no se extrañen que empiecen a hacerlo en los próximos días, la seguirán implacablemente y al milímetro.

Por lo pronto, el presidente de la Comisión de Inteligencia del Congreso y exoficial de la Marina de Guerra, José Cueto Aservio, ha declarado en una entrevista con el periodista Jaime Chincha, que ella no solo es hermana de una víctima de La Cantuta, sino que él tiene “otras informaciones de inteligencia”. De lo que se avizora que ya están preparando el sembrado mediático para ensuciarla.

Lo notorio y real es que con ellas el nuevo Gabinete ha ganado fuerza e identidad social y política, pero también experiencia de gestión, comunicación y mesura; condiciones imprescindibles para el logro de cualquier objetivo de políticas públicas y cambios fundamentales.

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