Elon Musk enfrenta un litigio judicial contra OpenAI en California, denunciando que la compañía se desvió de su propósito original sin fines de lucro. Greg Brockman, presidente de OpenAI, ofreció declaraciones ante el tribunal detallando los desencuentros internos sucedidos en 2017, periodo clave para el futuro de la organización.
La disputa interna en OpenAI y la salida de Elon Musk
Brockman relató que en agosto de 2017 OpenAI, entonces un pequeño laboratorio de investigación, reunió a sus principales líderes para debatir la creación de una estructura comercial. El objetivo consistía en buscar financiamiento suficiente para el desarrollo de inteligencia artificial general.
Según el testimonio de Brockman, Elon Musk solicitó control absoluto de la compañía. Brockman afirmó que parte de la estrategia del empresario incluyó regalar un Tesla Model 3 a cada cofundador, interpretando el gesto como un intento de ganar respaldo interno durante debates con Sam Altman, CEO actual de OpenAI.
El punto de inflexión ocurrió luego de que un sistema de OpenAI derrotara al campeón humano de DOTA II. Brockman señaló que este logro convenció al equipo de que la capacidad computacional sería esencial, lo que llevó a la conclusión de que la estructura sin fines de lucro era insuficiente para sostener la inversión requerida.
El presidente de OpenAI detalló que, a partir de entonces, surgió el debate sobre la creación de una división comercial. Musk insistía en controlar la nueva filial, mientras los demás fundadores buscaban un modelo más equilibrado, con participaciones similares y diferencias asociadas al aporte de capital.
Brockman señaló que incluso se discutió acerca de fusionar los proyectos de inteligencia artificial de Tesla con los de OpenAI. Shivon Zilis, asesora cercana, expresó que analizaron más de 20 variantes de planes posibles.
La reunión de agosto de 2017, según Brockman, alcanzó tensión máxima cuando Musk notó que los demás miembros no aceptarían cederle el control total. El entonces financiador de OpenAI, permaneció varios minutos en silencio y finalmente exclamó: “Me niego”.
Brockman aseguró: “Se levantó y dio la vuelta a la mesa furioso… Pensé que iba a pegarme. Agarró un cuadro y salió corriendo de la habitación. Luego se dio la vuelta y me dijo: ‘¿Cuándo te irás de OpenAI?’”.
El desenlace, las anotaciones reveladas y el cambio de rumbo
La ruptura se consolidó luego de esa reunión. Ni Brockman ni el científico jefe Ilya Sutskever se alinearon con la visión de Musk. Poco después, el empresario sudafricano dejó de financiar regularmente a OpenAI y abandonó el directorio menos de seis meses después, aunque continuó pagando el alquiler de oficinas compartidas con Neuralink hasta 2020.
El testimonio de Brockman incluyó extractos de su diario personal, que se transformó en una pieza central del proceso judicial. Brockman destacó que dichos textos eran personales, aunque, según sus palabras, “no hay nada ahí de lo que me avergüence”.
Entre las anotaciones, Brockman escribió: “No veo cómo podríamos convertir esto en una empresa con fines de lucro sin una pelea muy fea”. En otro pasaje, mencionó: “Sería un error robarle la organización sin fines de lucro, convertirla en una corporación B sin él. Eso sería moralmente reprobable. Y él no es ningún idiota”.
La defensa de Musk utiliza esas frases para alegar que existió una maniobra deliberada en su contra. Brockman, en tanto, sostuvo que nunca se avanzó con una propuesta para expulsar a Musk del directorio y que la salida del empresario se produjo de manera voluntaria en febrero de 2018.
En el tribunal, el abogado defensor de Musk cuestionó a Brockman sobre sus motivaciones financieras, citando otra anotación en la que el presidente de OpenAI se preguntaba sobre la posibilidad de alcanzar los mil millones de dólares. Brockman reconoció que actualmente su participación vale cerca de u$s30.000 millones.
Brockman también rechazó la idea de que Elon Musk tuviera mejor entendimiento sobre gobernanza y potencial de la inteligencia artificial. Indicó que Musk no comprendió el potencial de los primeros avances de OpenAI, incluyendo demostraciones que luego serían la base de ChatGPT.
Finalmente, en 2019, OpenAI formalizó la estructura comercial y oficializó la primera inversión de u$s1.000 millones de Microsoft. En los años siguientes, Microsoft aportó otros u$s13.000 millones, consolidando a OpenAI como referente en inteligencia artificial avanzada.
Se aguarda próximamente la declaración de Sam Altman, actual CEO de OpenAI, ante el jurado encargado de resolver el proceso.









