En distritos del cono norte no se cumple la cuarentena de Sagasti

Los distritos del norte de la ciudad afrontan duramente la pandemia, ya que carecen de alimentos y de ayuda social en esta temporada.

La llamada Lima norte está integrada por los distritos de Carabayllo, Ancón, Puente Piedra, San Martín de Porres, Santa Rosa, Comas, Independencia y Los Olivos. En estos distritos, por lo menos, más de la mitad de la población viven en condición de pobreza y pobreza extrema. La Contraloría General de la República determinó que, hasta junio de año pasado, 214,758 hogares a nivel nacional, que viven en la misma condición de pobreza y pobreza extrema, no fueron incluidos en el Padrón de los Hogares Beneficiarios del subsidio monetario de S/ 380.00 otorgado durante la emergencia sanitaria por la COVID-19; sin embargo, se incluyó a 68,932 hogares a los que no les correspondía recibir dicho beneficio.

Esto es una muestra de que la mayoría de las familias del cono norte no accedieron al bono que otorgó el Estado. Sin embargo, hogares que tienen una buena estabilidad económica, una casa amueblada y unos buenos artefactos sí fueron beneficiados. Los vecinos de la zona de Carabayllo, Comas, Ancón y otros distritos del cono norte aseguraron no haber recibido ni una ayuda económica, pese a que viven en condiciones de riesgo, algunos sobre unas pircas en los cerros.

Desde que el presidente de la república, Francisco Sagasti, dictó aislamiento social obligatorio, la policía, serenazgos y el ejército ayudan a que esa orden se cumpla en el norte de la ciudad y otros lugares. Pero en algunos distritos como San Borja, Miraflores, La Molina, sí hay más control.  En el cono norte, estas autoridades brillan por su ausencia.

El toque de queda en zonas de nivel alto empieza a las 9 de la noche y termina a las 4 de la mañana, y solo una persona por familia puede salir para realizar actividades esenciales, como abastecerse de alimentos, abarrotes, acudir a citas médicas o conseguir cosas imprescindibles.

Carabayllo es un claro ejemplo de la falta de organización entre el alcalde Marcos Espinoza y los regidores, para que los habitantes del distrito cumplan con las órdenes del mandatario. Cuando el entonces presidente Martín Vizcarra decretó por primera vez cuarentena total en el país, la Policía, el Ejército y los serenos realizaban rondas diarias por todos los rincones del distrito. Hasta las partes más altas eran intervenidas si se detectaba que realizaban alguna actividad que genere aglomeración.

Aunque era difícil que controlen a toda la población, se pudo mantener cierto orden. Pero, actualmente no se respeta las medidas otorgadas. No son todos, pero la mayoría está haciendo sus actividades normales como si la pandemia no hubiese existido ni cobrado la vida de tantos peruanos.

La policía no pone orden en las calles de Carabayllo. Muchas veces, en presencia de la autoridad, hay personas fuera de su vivienda, padres jugando con sus hijos en algún parque, adultos tomando una gaseosita o grupitos de jóvenes conversando sin respetar el distanciamiento social o el buen uso de la mascarilla. Tal vez se dieron por vencidos al sancionar tantas veces, y ver que los vecinos del distrito aún no entienden.

Muchos adultos, adultos mayores y niños tratan de cumplir con la cuarentena, cerrando sus negocios y cumpliendo con todo lo establecido, pero, aunque tengan las ganas de quedarse en casa, no pueden porque es urgente conseguir el sustento diario. Viven de lo que ganan día a día. Arriesgando su vida, tratan de salir adelante y no hacen faltar un pan en su mesa. Pero aún existen personas irresponsables que salen por cualquier motivo.

Las fiestas o reuniones aún no paran. Muchos jóvenes y adultos aún se siguen reuniendo para pasar un momento agradable, como, por ejemplo, cumpleaños de un amigo o familiar. Toman del mismo vaso, no usan mascarillas y menos respetan el distanciamiento social. Algunos vecinos aún siguen llamando a la línea 105 para reportar este tipo de actividades, pero no son atendidos. Muchos se hacen de la vista gorda.

Otro problema que aqueja son las actividades deportivas, tal vez el estrés de estar tanto tiempo encerrados está pasando factura. Aún se siguen reuniendo para jugar vóley, apostando a un sol o dos soles, como si esa cantidad valiese su vida o una pichanga de fulbito, sin miedo al contagio. Muchos le perdieron el miedo, pero este virus sigue matando. Según el SINADEF en el país el virus ha cobrado la muerte de 97,432 personas.

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