El cofundador y director ejecutivo del certamen egipcio analiza sus dificultades económicas, el respaldo de la familia Sawiris y su ambición de convertir El Gouna en la principal plataforma internacional para los cineastas árabes.
El Festival de Cine de El Gouna quiere convertirse en una puerta de entrada al mercado audiovisual de Oriente Próximo y el norte de África. Su novena edición, celebrada del 15 al 23 de octubre de 2026 en esta ciudad turística egipcia situada junto al mar Rojo, reúne a cineastas, productores e inversores internacionales. En una entrevista realizada el 21 de octubre, su cofundador y director ejecutivo, Amr Mansi, reconoce que el crecimiento del certamen todavía no ha resuelto uno de sus principales problemas: la financiación.
«De todos los patrocinadores que tenemos, solamente consigo asegurar el 40 % del coste».
El presupuesto medio del festival ronda los seis millones de dólares, según explica Mansi. El resto de la financiación procede del respaldo de Orascom y El Gouna, vinculados a la familia Sawiris, impulsora del proyecto. El directivo admite que todavía necesita atraer más patrocinadores para sostener un acontecimiento que combina proyecciones, actividades profesionales y programas de apoyo a nuevos talentos. Considera, además, que seis millones representan una cantidad relativamente modesta frente a los recursos de otros festivales internacionales.
La financiación también constituye una prioridad para los creadores de la región. A través de CineGouna Funding, el certamen busca recursos destinados a impulsar proyectos cinematográficos y facilitar oportunidades profesionales a sus responsables. Mansi defiende especialmente esta dimensión industrial, que considera fundamental para el futuro del encuentro.
«Creo que nos hemos convertido en una plataforma muy importante para los cineastas árabes».
El origen del festival resulta particularmente inesperado. Mansi organizaba un torneo internacional de squash y, en 2016, impulsó una canción dedicada a Egipto para su ceremonia de clausura. Seis meses después, una cantante y actriz que había participado en aquella iniciativa le propuso crear un festival cinematográfico en El Gouna. La idea recibió posteriormente el respaldo del empresario Naguib Sawiris, hermano de Samih Sawiris, fundador de la ciudad.
«Cuando me hablaron por primera vez de aquello, no creía ni en un 0,5 % que fuera a suceder. Lo juro».
La primera edición se celebró en 2017, rodeada de cierto escepticismo. Algunos críticos consideraban que el acontecimiento únicamente pretendía promocionar un destino turístico de lujo y organizar fiestas para celebridades. Mansi recuerda aquellas acusaciones y contrapone la presencia actual de estudiantes, productores y realizadores que acuden específicamente para descubrir películas o desarrollar proyectos.
«Decían que nunca conseguiríamos construir un público cinematográfico. Ahora veo un público real por todas partes».
El impacto económico sobre la ciudad constituye otra dimensión del festival. Mansi establece una comparación con Cannes y destaca que la llegada de visitantes beneficia a hoteles, apartamentos turísticos, restaurantes y comercios. Sin embargo, su actividad cotidiana está lejos del glamour: debe resolver problemas con invitados, patrocinadores, periodistas, aforos y alfombras rojas, mientras intenta asistir cada noche al menos a una proyección.
Su objetivo para la próxima década va más allá de consolidar la programación cinematográfica. Aspira a que El Gouna sea reconocido internacionalmente como un punto de encuentro imprescindible para los profesionales interesados en la región.
«Dentro de diez años veo este festival como el destino número uno para cualquier cineasta del mundo que quiera promocionar su talento o su película en la región MENA».
Entre los grandes directores que sueña con recibir menciona a Martin Scorsese, símbolo de las aspiraciones internacionales de un festival que nació de una conversación inesperada.







