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Entrevista

Jesús Mosterín: “Ideologías religiosas y políticas causan catástrofes por falta de crítica filosófica adecuada”

Entrevistamos al gran filósofo español al culminar el VI Congreso nacional de la Filosofía en Iquitos el 5 de octubre de 1996. Los temas que abordó entonces recobran palpitante actualidad.

El siglo XX fue un siglo pletórico de realizaciones, de aventuras intelectuales y de conjeturas en los campos de la ciencia, de la filosofía y las humanidades. 

El filósofo español más prolíficos y polémico, Jesús Mosterín, falleció el 4 de octubre del 2017 cuando ingresaba con fuerza al diálogo más productivo. Hizo aportes influyentes en Filosofía de la Cultura, La cultura de la libertad, Teoría de la Escritura, Naturaleza humana, Cultura humana, Teoría de la Cultura, Los Lógicos, Teoría de la escritura, Conceptos y teorías en la ciencia, Ciencia viva, El triunfo de la compasión, Ciencia, filosofía y racionalidad. También, en sus espléndidos volúmenes sobre historia del pensamiento. 

Sus seminarios en Lima cuyos debates con científicos y filosos peruanos se recogen en dos excelentes volúmenes Crisis de Paradigmas en el siglo XXI y Epistemología y racionalidad, cumpliendo lo planeado en torno al pensamiento contemporáneo.

La ambiciosa propuesta de Mosterín abarca una basta revisión interdisciplinar de la filosofía científica. Sus conferencias en la Universidad de Cerro de Pasco y de la UPAO del Norte peruano fueron memorables. De manera especial en la UIGV cuya proyección y amplitud le permitió dialogar en campos de la epistemología con participación de investigadores y docentes peruanos. Su dinamismo, su entusiasmo y su aptitud para la polémica ingresó a su esplendor, a fin con las controversias que tanto le entusiasmaban al investigador y docente peruano formado en la tradición de los debates filosóficos cuyas bases fueron rescatadas y cultivadas con esmero por Augusto Salazar Bondy, José Antonio Russo Delgado, Víctor Li Carrillo y muchos otros.

Fue la figura central e invitado especialmente a las sesiones plenarias del VI Congreso Nacional de Filosofía realizado en Iquitos, los días 1, 2, 3 y 4 de octubre de 1996.

Mosterín fue profesor de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Barcelona, profesor de Investigación en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España: también, investigador y docente en la Universidad de Pittsburgh, universidad norteamericana que es la número uno en el campo de la Filosofía de la Ciencia, que cuenta con departamentos académicos de Filosofía e Historia y de Filosofía de la Ciencia, así como con un Centro de Filosofía de la Ciencia cuya particularidad es que congrega docentes e investigadores del más alto prestigio. Tenía el compromiso de permanecer en esta universidad hasta mayo de 1997 vivía por coincidencia, en la misma vivienda que ocupó el notable filosofo de la ciencia alemán Carl Hempel.

En la breve disertación final a nombre de los participantes extranjeros enfatizó el hecho de que el principal pulmón del mundo es objeto de un alto grado de “destrucción económica” al parecer irreversible.  Sostuvo que “la selva virgen es como una inmensa catedral gótica cuyas columnas son enormes arboles”. Recalcó la necesidad de revertir las políticas miopes y cortoplacistas e invocó a la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana que se convierta en el futuro en un centro de investigación que contribuya a poner freno a su deterioro. “No basta interpretar la realidad sino transformarla, poniendo freno a la degradación ecológica de esta zona”, manifestó.

Mosterín ha sido profesor investigador en el Departamento de Lingüística y Filosofía del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Ha hecho contribuciones en lógica, filosofía del lenguaje, teoría de la racionalidad, teoría de la información, filosofía de la ciencia, historia de la ciencia e historia del pensamiento.

Sus debates coadyuvaron a las grandes avenidas trazadas por Mario Bunge, Ernesto Garzón Valdés, Miguel Ángel Quintanilla, Manuel Atienza, Pablo Iannone, quienes contribuyeron con la filosofía científica y realista. Su estilo y vigor e inspiración están vivos y sirven de ejemplo para continuar impulsando el pensamiento actual.

Profesor Mosterín, de cuando en cuando surge la pregunta desde el interior de la Filosofía y seguramente con mayor fuerza desde fuera, sobre su importancia y utilidad en el mundo que nos toca vivir.

―Hoy en día todos estamos bombardeados por una constante avalancha de información a través de la radio, la televisión, los libros, las revistas e Internet, etc. En todos esos medios se cuela cualquier cosa. Es decir, uno puede embutir cualquier cosa. Por ello, hoy más que nunca se requiere de un filtro que separe las informaciones claras y fiables de las confusas o engañosas. Es importante que nuestras ideas sean lo más fiables posible, para lo cual tiene que haber una instancia crítica, un filtro esa instancia, ese filtro es la Filosofía.

De otro lado, todos los grandes científicos han reflexionado filosóficamente. Por ejemplo, la obra con que se inicia la física moderna se llama Principios Matemáticos de la Filosofía Natural de Newton; Dalton escribió Filosofía Química; la primera obra de la evolución biológica de Lamarck se llama Filosofía zoológica.

En Estados Unidos a los que hacen tesis doctorales en cualquier ciencia se les otorga el grado académico de Doctor en Filosofía. Einstein mismo se vio motivado por la filosofía de Hume y Mach para construir la Teoría Especial de la Relatividad. La mecánica cuántica fue influenciada por la filosofía neopositivista y la lógica. 

En nuestro siglo las ideologías religiosas y políticas han producido todo tipo de catástrofes por falta de una crítica filosófica adecuada. Incluso dentro de la física y cosmología no es oro todo lo que reluce, hay mucha especulación no contrastable mezclada con palabrería. No todo lo que dice la ciencia puede ser tomado de manera acrítica. Es tarea de la Filosofía delimitar los grados de fiabilidad. Esto muestra la importancia de la filosofía en el campo teórico.

No menos relevante es su importancia y utilidad en el campo práctico. Tradicionalmente, la gente ha tomado sus decisiones prácticas en función de una orientación vital y social proporcionada por la religión y la ideología política, pero hoy, todas las religiones e ideologías han entrado en crisis y no tienen nada que decir respecto a los nuevos problemas como por ejemplo los ecológicos.

Los individuos, los estados, las empresas se ven confrontados a nuevos retos, y buscan respuestas que las caducas ideologías ya no pueden proporcionar esas nuevas respuestas solo pueden ser buscadas de un modo riguroso y coherente con la ayuda de una filosofía que este a la altura de nuestro tiempo, aunque eta filosofía esta, en gran parte, por hacer.

Desde el derrumbe de las ideologías y religiones, necesitamos la filosofía más que nunca. Si la filosofía no existiera habría que inventarla.

      ―Existen docentes que pretenden hacer filosofía dejando de lado a la ciencia, así como científicos que prescinden de la filosofía por considerarla ajena. Sin embargo, es innegable que existe una evidente diferencia, pero interacción entre ellas. ¿Cuál es su punto de vista acerca de esta relación?

―La filosofía no se reduce a la ciencia, pero debe tener en cuenta de un modo crítico los resultados de la ciencia y ser compatible con ella, al menos si es una filosofía intelectualmente honesta. Los filósofos clásicos (tanto Aristóteles como Descartes, por ejemplo) partieron del mejor conocimiento de la realidad de su tiempo. Para hacer filosofía hoy, hay que partir del mejor conocimiento de la realidad disponible en nuestro tiempo, es decir, de la ciencia. La filosofía empieza donde la ciencia termina.

La filosofía se diferencia de la ciencia en dos aspectos: 1) La investigación tiende a obtener resultados fragmentarios acerca de aspectos parciales de la realidad, mientras que la filosofía es necesariamente global y culmina en una visión coherente del universo entero, de la vida y de sociedad; 2) La filosofía no acepta sin más todo lo que dicen los científicos, trata de separar los resultados rigurosos y fiables de la ciencia, de las meras conjeturas y especulaciones. Esta es la tarea de la epistemología, por tanto, una filosofía separada de la ciencia e ignorante de ella está condenada a convertirse en palabrería y superficialidad.

Ahora entiendo, al exponer el tema “Estructura y desarrollo de la ciencia”, usted ha sostenido de manera enfática que las propuestas de la hermenéutica no constituyen alternativa fiable en el debate epistemológico actual. ¿Qué limitaciones tiene?

―La hermenéutica es la interpretación de los textos. Nació de la interpretación teológica de los textos bíblicos, aunque luego se desgajó de la teología. Ahora se aplica a los estudios textuales, por ejemplo, a la historia de la filosofía o a la historia de la literatura. Aunque la hermenéutica es útil en su restringido campo, obviamente no es un método general, pues tiene un alcance muy reducido, limitado a los textos y a los estudios textuales. La inmensa mayoría de los temas interesantes (desde las enfermedades hasta las galaxias) no son textos. Por eso ni siquiera se plantea la posibilidad de que la hermenéutica pudiera aplicarse a la astronomía, a la física, a la geología, a la biología, etc. Ni siquiera se puede aplicar a la mayoría de las ramas de la lingüística, como, por ejemplo, la fonética, la fonología, la morfología o la sintaxis. La hermenéutica tiene un limitado campo de acción: el de los textos. No es una alternativa metodológica global a los métodos científicos globales.

Pero se ha insistido mucho durante el debate filosófico suscitado por el enfoque realista doctor Bunge en Lima que la hermenéutica es un enfoque de algún valor especialmente en el campo de la ciencia sociales, de modo que en algunas universidades inclusive constituye una orientación predominante.

―Es cierto que la hermenéutica tiene un papel que jugar en los estudios literarios, en la historia del pensamiento e incluso en algunos aspectos de los estudios etnológicos y de la historia del arte. Los historiadores de la filosofía (y yo mismo en mis escritos sobre esa materia) no podemos historiar los textos del pasado sin interpretarlos. Sin embargo, la mayoría de las investigaciones de sociología o de economía, por ejemplo, no tienen nada que ver con la hermenéutica. El averiguar cuántos vendedores ambientes hay en las calles de Lima, o de qué regiones proceden, o qué ingresos económicos promedios obtienen, o cual es la distribución de edades o sexos entre ellos, etc., no tiene nada que ver con la interpretación de los textos.

Esto nos lleva a pensar sobre la forma cómo las personas eligen y asumen un enfoque filosófico, y dígame: ¿cómo se inició usted en los estudios filosóficos?

―Yo no sabía qué estudiar. Me gustaba muchas cosas distintas, matemática, física, economía, etc. No acababa de decidirme por una ciencia u otra.  Encontré que la filosofía me permitía mayor libertad intelectual y responder las preguntas de cualquier campo. Me gustaba el rigor intelectual, pero no me gustaba limitarse o constreñirme a un solo campo de estudio y pronto llegué a la conclusión que la única manera de ligar con la universalidad de los temas era mediante la filosofía. No me arrepiento.

Esto explica la amplitud de sus intereses como lógica, teoría de la información, teoría de la escritura, filosofía de la ciencia, entre otros. ¿Puede decirnos en que área está investigando actualmente en Pittsburgh?

―Además de perseguir mis intereses generales, en estos meses estoy investigando sobre la fiabilidad de los modelos cosmológicos. En esta tarea estoy colaborando con alumnos de los principales cosmólogos y filósofos del mundo, como John Earman, que está aquí, en Pittsburgh, y con el que voy a escribir un trabajo conjunto.

Cada época de la historia ofrece un arsenal de problemas y temas que han concitado la preocupación de los filósofos y, entonces, surge la pregunta: ¿cuáles son los temas o problemas que en la actualidad concitan la atención de los filósofos a nivel mundial?

―Las dos ramas o aspectos que están más vivas es la filosofía de la ciencia, por un lado, y la ética, por el otro. Yo me he interesado y he escrito sobre muchas cosas desde la teoría axiomática de conjuntos hasta la teoría de la escritura, pasando por la racionalidad y la filosofía de la cultura. Pero la filosofía de la ciencia y la ética son los dos temas de mayor actualidad.

¿Puede referirnos algunos de los debates en que ha participado usted activamente?

―Desde un punto de vista práctico, he participado y he escrito en España en contra de las corridas de toros, y en Japón en contra de la caza de ballenas, y en todas partes a favor de la libertad, por ejemplo. También he participado en polémicas teóricas universales, como en la discusión acerca del carácter de las especies biológicas o de la cosmología inflacionaria, o sobre las fuerzas que explican la dinámica del cambio cultural. Las polémicas son útiles para despertar el interés, pero en algún momento hay que cortarlas y hay que dedicarse al pensamiento profundo y directo ajeno a las polémicas.

Como el doctor Mario Bunge, es usted un visitante frecuente de este país y, como él, tiene una audiencia creciente. ¿Cómo describiría su relación con el Perú?

―Me gusta Perú y aquí tengo muchos amigos. Además, los hispanohablantes tenemos la responsabilidad de defender la filosofía seria y rigurosa en los países de lengua española. Una tercera razón es que a mí me encanta la naturaleza, la selva, los Andes, y también la arqueología. Me ha dado mucho gusto venir a Iquitos, que es la capital de la Amazonia Peruana. Desgraciadamente, la selva ha desaparecido de los alrededores de Iquitos como he podido comprobar personalmente. La situación es distinta en la Reserva del Manu, en la que si pude observar la naturaleza en todo su esplendor en una visita anterior. En cualquier caso, estos son los tres motivos por lo que estoy aquí, amistad hacia el Perú, solidaridad con todos los filósofos de lengua española y amor por la naturaleza salvaje.

En la mayoría de las universidades peruanas existe una vocación profesionalizante desde el primer ciclo, y es frecuente cierto desdén por las asignaturas filosóficas, por tanto, su eliminación de los currículos está conduciendo a una fragmentación de los conocimientos nociva ¿Qué juicio le merece este hecho?

―La filosofía es contraria a la especialización. Es necesariamente interdisciplinaria. Por ejemplo, los nuevos problemas éticos se refieren a la manipulación genética de embriones, a la ingeniería genética, a la destrucción de los ecosistemas, a las barreras políticas que traban el libre comercio y la migración, etc. Es obvio que estos problemas no pueden abordarse sin conocimientos de biología, economía, politología, etc. Lo mismo, hoy día no es posible hacer metafísica y filosofía en serio sin relación con la física y la cosmología. En la ciencia, el especialista sabe cada vez más sobre cada vez menos, el filósofo tiene que seguir planteándose cuestiones globales, ese es su rol.

Para finalizar, la interdisciplinariedad está cobrando importancia en las ciencias sociales ¿Qué importancia tiene en la filosofía?

―Es la base de la filosofía. La ciencia nos suministra un caleidoscopio de resultados parciales obtenidos por métodos diversos y con diferentes grados de fiabilidad. Integrar estos datos parciales en una visión global y coherente y evaluar la fiabilidad de la cosmovisión así obtenida es la misión de la filosofía.

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